«En Dueñas me preguntaban que si mi carrera consistía en cuidar a peces o pulpos»

Isabel Caballero, en la sede central de la NOAA, en Silver Spring (Maryland)./El Norte
Isabel Caballero, en la sede central de la NOAA, en Silver Spring (Maryland). / El Norte

Licenciada en Ciencias del Mar, Isabel Caballero trabajó en el CSIC y ahora dirige un proyecto de aplicación de los satélites en regiones costeras en la NOAA

J. Olano Olazabal
J. OLANO OLAZABALPalencia

Licenciada en Ciencias del Mar por la Universidad de Vigo, Isabel Caballero de Frutos (Dueñas, 1981) es también Máster en Ciencias y Tecnologías Integradas para la Gestión de la Costa por la Universidad de Santander y Máster de Postgrado en Oceanografía, Medio Marino, Ciencia y Desarrollo Sostenible por la Universidad de Cádiz. Su trayectoria científica comenzó vinculada al Departamento de Física Aplicada de la Universidad de Cádiz, donde estuvo varios años como investigadora. En 2010 se incorporó al CSIC de Cádiz con un contrato predoctoral y llevó a cabo su línea de investigación en el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN), centrada en la aplicación de las potentes técnicas de teledetección para examinar las regiones costeras y en específico, el golfo de Cádiz y el estuario del Guadalquivir. Isabel Caballero ha recibido numerosas becas y premios de formación en cursos de la Agencia Espacial Europea (ESA) y Americana (NASA), y actualmente se encuentra en Estados Unidos con un premio de investigación de la National Academies of Sciences, Engineering and Medicine para dirigir un proyecto vinculado a la aplicación de los satélites en las regiones costeras, en específico, a la caracterización de los fondos marinos americanos, desarrollado en la sede central de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA).

–¿Cómo alguien tan de interior como el Cerrato se interesa por la carrera de Ciencias del Mar?

–Fueron los veranos que pasé de pequeña en Noja (Cantabria) los que afloraron en mí un profundo sentimiento de curiosidad sobre el mar. Recuerdo perfectamente como me pasaba horas mirando las olas romper, buscando entre las rocas sumergidas todos los animales, o simplemente observando como la marea inundaba sin cesar la orilla. Cuando tenía 15 años y estaba haciendo el Camino de Santiago con unas amigas del instituto, conocí a un estudiante de Ciencias del Mar. Yo no había pensado hasta entonces en esa carrera, ni lo pensé a continuación, pero cuando tuve que decidir qué quería estudiar, ese recuerdo regresó de repente y no dudé en ningún momento.

–Evidentemente, nunca pensó en un futuro profesional al lado de Dueñas...

–No, aunque los castellanos ya intentamos acercarnos al mar hace siglos con el Canal de Castilla, y creo que algunos tenemos esa señal marcada en los genes. Creo que desde el primer día que me fui a estudiar a Vigo tuve la impresión de que volvería a mi tierra solo de visita.

–Ya se presentaba como una opción académica que le obligaba a emigrar…

–Lo más importante a la hora de dar un paso como este, de dejar todo y marcharte sin mirar hacia atrás, es tener el apoyo de tu familia. Mis padres me ayudaron desde el primer momento. Confiaron en mí y en la decisión que había tomado. Mucho de lo que soy se lo debo, en gran medida, a ellos, y a su apoyo incondicional, que en la distancia es aún más fortalecedor. Recuerdo como en Dueñas la gente me preguntaba acerca de lo que estudiaba, decían que era una carrera muy singular, que si consistía en cuidar a peces o pulpos, y que cómo me había ido tan lejos del pueblo.

–¿Cómo comenzó a trabajar en el CSIC? Es el sueño de muchos investigadores...

–Mi trayectoria en el CSIC comenzó en una época crítica para la investigación. En 2010, sumergidos en la crisis, me hallaba en la Universidad de Cádiz. Las consecuencias empezaban a ponerse de manifiesto, la capacidad de contratación disminuía y la inestabilidad era cada vez más grande en el departamento donde estaba. En ese momento de incertidumbre, decidí que quería seguir investigando, y para ello, la mejor opción era el doctorado. Vi una convocatoria de concurso público asociada a un proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía en el CSIC, y no lo pensé dos veces. Obtuve la beca. Fue una de las mejores elecciones que he tomado nunca.

–¿Desarrollarse como investigadora no hubiera sido posible de tal manera en España?

–El CSIC es una institución maravillosa. Trabajar en un entorno donde la investigación es el centro del todo, en mi caso, fomentó mis aptitudes para la ciencia. Acudes a congresos en el extranjero, a cursos donde aprendes nuevas técnicas, participas en proyectos nacionales y europeos y en campañas de campo, conoces a gente de todo el mundo que tiene las mismas inquietudes que tú, y de repente, sientes que algo crece en tu interior, la pasión por la ciencia.

–Tras esta etapa laboral en España, ¿qué diferencias fundamentales ha notado en cuanto al desarrollo de esas tareas de investigación a las que se dedica?

–Creo que el método científico es universal. En Estados Unidos me he dado cuenta de que la ciencia en España está a la altura de la que se hace en este país. Mi cometido es el mismo aquí que allí. Intento desarrollar herramientas y obtener resultados para contribuir y promover el avance y el desarrollo sostenible de nuestro planeta azul. En mi caso, es principalmente a través de los satélites como llego a este fin. La NOAA es una agencia científica privilegiada. Tienen muchos recursos, gente brillante y muy competente, y una red de colaboradores por todo el mundo que la hace única. Personalmente, el cambio más acusado que he notado ha sido la independencia que se exige aquí a una persona que se encuentra en el estadio intermedio de la carrera. Tienes que dirigir tu propio proyecto y eso requiere de mucha energía y presión, sobre todo al principio.

–¿El estudio del mar nos permite augurar un cambio climático?

–Sin duda. Yo siempre digo que los océanos son el corazón y los pulmones de nuestro planeta. Su estudio está permitiendo comprender como son capaces de regular el clima. El aumento del nivel del mar es una realidad, al igual que su acidificación. Mediante los datos de teledetección, que nos ofrecen una visión sinóptica y global de los océanos y las costas, los investigadores están obteniendo estimaciones más precisas que avanzarán el conocimiento de la interacción atmósfera-océano.

–¿Se ha planteado volver a corto plazo?

–Mi ilusión es volver a España y poder continuar investigando allí. Este periodo en Estados Unidos me está brindando muchas posibilidades, he crecido tanto profesional como personalmente. Mi supervisor confía en mí y me da total independencia para trabajar como quiera. Pero me gustaría, al menos voy a intentarlo, hacer ciencia en España. Sé que nos encontramos en una situación crítica para retornar donde la inestabilidad es parte del día a día, pero no pierdo la esperanza.

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