Los cultivos alternativos ganan adeptos en Palencia

El salón de actos de La Yutera, abarrotado durante las jornadas./Antonio Quintero
El salón de actos de La Yutera, abarrotado durante las jornadas. / Antonio Quintero

La camelina, el pistacho e incluso la adormidera se presentan como especies rentables en unas jornadas organizadas por el Centro Tecnológico Agrario

Marco Alonso
MARCO ALONSOPalencia

Los tonos ocres que han acompañado al campo palentino desde hace siglos pueden comenzar a verse pronto teñidos de una variedad cromática más heterogénea de lo que describía Antonio Machado en sus archiconocidos poemas. Los campos amarillos de los que hablaba el poeta sevillano pueden tener los días contados, y es que hay muchos factores que están haciendo que los agricultores comiencen a pensar en los cultivos alternativos como una posibilidad real para sus tierras.

El cambio climático o las fluctuaciones de precio de algunos cultivos tradicionales están llevando a muchos agricultores a interesarse por alternativas en secanos áridos como la camelina o en frutales que dan buenos resultados en zonas de media altitud, como el pistacho. Incluso, hay varios que piensan comenzar la siembra de una especie que genera mucha controversia, como la adormidera.

Los cultivos alternativos están generando mucho interés en los agricultores, y prueba de ello es que el salón de actos del campus universitario La Yutera se llenó ayer para albergar unas jornadas en las que varios expertos explicaron los beneficios y problemas a los que se pueden enfrentar los que decidan apostar por estos sembrados y plantaciones en Palencia. Las jornadas, organizadas por el Centro Tecnológico Agrario (Itagra) y la Diputación, fueron todo un éxito y los asistentes pudieron conocer qué ofrece el suelo y el clima palentino a estas nuevas explotaciones.

Las jornadas arrancaron con la intervención de Aníbal Capuano, de la empresa Camelina Company, que explicó a los numerosos agricultores presentes las posibilidades que ofrece este cultivo –que se siembra entre otoño y noviembre y que se recoge entre los meses de junio y julio–. Esta planta de la familia de las Brassicaceae –como la colza– se utiliza para hacer aceite, debido a los niveles excepcionalmente altos de ácidos grasos omega-3, lo cual es poco común en fuentes vegetales. El aceite de camelina cada vez se usa más y, según comentó Capuano, esta planta encaja muy bien en la rotación de cultivos «porque hay zonas como los páramos en los que la rusticidad y tolerancia al frío de la camelina convierten esta planta en una buena alternativa», explicó.

La camelina lleva años produciéndose en Palencia y uno de los pioneros en su siembra es Alejandro de la Pisa, que decidió abandonar este cultivo en Villamuera de la Cueza después de que unos ensayos no salieran tan bien como esperaba. «Lo queríamos como alternativa al girasol, pero, por las características de nuestra tierra, necesita más abonado y las producciones no fueron muy buenas», señala De la Pisa, que pese a su experiencia, cree que estos cultivos pueden ser rentables en otros lugares. «La camelina puede ser rentable en zonas bastantes malas, en las que el trigo dé unos mil kilos», apuntó el agricultor.

Los frutales, como el pistacho, fueron otros de los cultivos de los que se habló durante las jornadas de ayer. Este fruto seco parece haber llegado a tierras palentinas para quedarse, y uno de los agricultores que ha querido trabajar con él es Jesús María Moratinos, que tiene cuatro hectáreas de estos pequeños árboles en Población de Cerrato. «Tengo ilusión y ganas de trabajar con esto porque veo futuro. Tienen cuatro años, se están desarrollando muy bien y, aunque es un poco desconocido y complicado, veo que es una buena inversión a largo plazo», apunta Moratinos, que explica que este tipo de explotaciones no dan beneficios hasta que tienen unos ocho años y que sus cuidados deben ser medidos y pormenorizados. «El pistacho hay que plantarlo en tierras buenas y preocuparse por él. No creo que se pueda plantar en cualquier sitio porque hay que regar y hacer las cosas muy bien para que haya rendimiento», agregó.

El campo evoluciona y lo hace al ritmo del mercado, pero también al de otros factores, como el cambio climático, tal y como señaló Raúl Doncel, subdirector del Itagra. «El que no quiera ver el cambio climático es porque tiene algún interés, pero tenemos que buscar soluciones a este problema y tal vez apostar por cultivos alternativos sea la respuesta», explicó Doncel, que cree que esta tierra seguirá coloreada por los ocres del cereal, aunque pronto tendrá una mayor policromía.

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