En el camino de ser los mejores chocolateros del mundo

Una de las trabajadoras selecciona los clásicos bombones cortados. /Antonio Quintero
Una de las trabajadoras selecciona los clásicos bombones cortados. / Antonio Quintero

Chocolates Trapa lucha por recuperar su presencia en el mercado con una apuesta por la elaboración tradicional, sin renunciar a la creación de productos innovadores

José María Díaz Díaz
JOSÉ MARÍA DÍAZ DÍAZPalencia

Con más de 120 años a sus espaldas, los Chocolates Trapa, que los monjes cistercienses comenzaron a elaborar en el monasterio eldanense de San Isidro en 1891, han endulzado la vida de diferentes generaciones de españoles, y su nombre se ha asociado durante décadas a bombones y dulces de la máxima calidad.

Sin embargo, los problemas económicos del Grupo Rumasa, anterior propietario de las instalaciones, prácticamente llevaron a la fábrica palentina a desaparecer del mercado y a agotar el crédito de una marca que se había logrado posicionarse durante años. La entrada del grupo Europraliné, propiedad de la familia Fernández Calvo, que tiene raíces palentinas, consiguió reflotar económicamente la compañía mediante una importante inyección de dinero, necesaria para renovar la unidad de fabricación por completo, pero no ha logrado aún recuperar del todo el deterioro comercial sufrido por el nombre de Chocolates Trapa.

Pero los primeros pasos para invertir esta situación ya se están dando, y tras unos primeros años extremadamente difíciles (la compra se produjo a finales de 2013), en los que ha sido necesario reconstruir prácticamente todo desde cero, las tornas parecen haber cambiado y los productos Trapa comienzan a localizarse ya en los lineales de muchos supermercados españoles, pero también en los de muchas otras zonas del mundo, como Rusia, Japón, Tailandia u Oriente Medio, con una especial incidencia en Israel, en donde la receta de los monjes cistercienses para los bombones parece haber encontrado uno de sus más asentados mercados.

Pero la nueva Chocolates Trapa, tras unos duros arranques de pérdidas, marcados esencialmente por una gran inversión tecnológica, ha tomado ya la senda del crecimiento, y así, de los 62 empleados iniciales de los años 2013 y 2014, se ha llegado ya a los 120, a los que puede sumarse otro medio centenar de empleados temporales para reforzar el periodo de campaña previo a la gran producción navideña, que es la que salva o hunde el año en una empresa de estas características, en la que el dulce sabor del chocolate es la esencia.

Porque como Carlos Monzón, director general de la factoría palentina, explica «nuestro objetivo es convertirnos en los mejores chocolateros del mundo». Y para ello, a pesar de la tecnificación y del salto a la vanguardia en procesos de envasado, distribución o conservación y tratamiento de los productos, «conservamos el corazón, mantenemos el mismo proceso de elaboración de siempre», explica Carlos Monzón, quien destaca la importancia de controlar todo el proceso de fabricación a la hora de ganar prestigio como marca.

El directivo explica que esta cualidad permite a Chocolates Trapa posicionarse en el mercado con su propio nombre, pero al tiempo ofrecer productos a terceros garantizando la calidad. Así, Chocolates Trapa puede encontrarse de nuevo en las superficies comerciales de Carrefour, DIA, Lupa o Froiz, además de El Corte Inglés u otros establecimientos, bajo otras denominaciones. Trapa que tiene previsto alcanzar este año una producción de ocho millones de tabletas de chocolate, no tiene, sin embargo, su principal línea de trabajo en este producto, sino en los bombones, con dos ejes fundamentales, los clásicos cortados y los ‘bombonísimos’, aunque en sus líneas de elaboración pueden encontrarse un surtido mucho más amplio de este tradicional bocado de chocolate. Y es precisamente el mercado de los bombones el que más satisfacciones está dando a la cuenta de resultados de Chocolates Trapa, debido a las posibilidades de negocio que se abren, no solo en España, sino también en el extranjero, con países en los que la venta a granel de este producto es mucho más habitual que en España.

Los bombones se convierten además en estas fechas en el producto esencial de Chocolates Trapa, debido a que la Navidad es la época del año por excelencia en la que se compran y regalan este tipo de productos, cuya fabricación intensiva se desarrolla durante los meses de verano y la primera parte del otoño, con el fin de mantener bien abastecidos los lineales de los supermercados.

Pero si hay un dulce navideño por excelencia, ese es el turrón, en cuya aventura también se ha embarcado la firma Trapa en los últimos años, recuperando también las fórmulas clásicas de elaboración que tenían los monjes de San Isidro. Por ello, en muchas superficies comerciales pueden encontrarse ya tabletas de turrón de chocolate de la marca Trapa, elaborado al estilo tradicional, con un praliné refinado y una pasta de avellana, al que también, en algunos modelos se le añade arroz crujiente. Este producto, que se encuentra entre las novedades de la marca ha logrado en un año duplicar sus ventas y se espera una campaña aún mayor para esta Navidad.

Todo ese notable incremento en la actividad permite augurar al cierre del año una facturación superior a los 12 millones de euros, lejos de aquellos 800.000 euros de los inicios, en el año 2013.

Sin embargo, la tarea se presenta casi titánica, después de haber desaparecido durante varios años del mercado y la imagen de la marca haberse visto deteriorada por la gestión de Nueva Rumasa. Durante estos primeros años, el trabajo de recuperación de la fabricación prácticamente desde cero ha tenido también que compaginarse con el establecimiento de una nueva red comercial y de distribución, no solo en España, sino a nivel mundial. Y el que llega el último, como explica el director de la factoría palentina, tiene que ofrecer algo nuevo, algo diferente. «Las empresas a los últimos que llegamos no exigen mucho, nos preguntan qué me ofreces que no tenga ya. Y eso te complica las cosas, porque te obliga a estar innovando continuamente, buscando nuevos productos, investigando, pero al tiempo, también es bueno para nosotros, porque nos obliga a estar en pleno movimiento, en la vanguardia absoluta», explica Carlos Monzón, quien señala que Chocolates Trapa se encuentra ahora en el momento de encontrar su propio posicionamiento en el mercado.

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