Las autoras del diseño del parque del Salón critican la falta de mantenimiento

Carmen y Ana Espegel charlan con los participantes. /MARTA MORAS
Carmen y Ana Espegel charlan con los participantes. / MARTA MORAS

Las arquitectas Carmen y Ana Espegel estiman que se han modificado elementos esenciales por una mala conservación

Paloma Aguado Carro
PALOMA AGUADO CARROPalencia

El parque del salón es uno de los lugares más queridos de la capital palentina. Todos los niños han disfrutado –y continúan– de sus encantos y los más mayores, pasan tardes y mañanas bajo la sombra de sus árboles o disfrutando del sol del invierno. Ayer, Ana y Carmen Espegel, las diseñadoras del actual parque del Salón, caminaron de nuevo por sus largos paseos mientras recordaban la ‘polémica’ reforma. La actividad, enmarcada en el ciclo ‘Arquitectos que cuentan su obra’ y organizada por la delegación palentina del Colegio Oficial de Arquitectos de León (COAL), pretende poner en valor las obras más singulares de los arquitectos palentinos.

La iniciativa comenzó con la exposición de ambas arquitectas, Carmen y Ana Espegel, y el recorrido por las modificaciones que ha sufrido el parque del Salón y han dejado huella en la historia palentina. Los participantes en la iniciativa recordaban algunos de los elementos más emblemáticos del Salón, como la rosaleda, la fuente ‘de la bellota’ o los bancos que aún se conservan en el paseo principal.

Su origen se remonta a las huertas de un convento de las Carmelitas, que en el año 1836, fue demolido y reconvertido en un jardín al estilo francés. Desde entonces, son varias las reformas que ha sufrido el parque y muchos los recuerdos que guarda la ciudad. «El Salón se ha ido creando con distintas actuaciones, como las grandes y buenas ciudades», explicaba Ana Espegel al comienzo de su intervención en el Café del parque del Salón. De hecho, estas reforman aún continúan. Y en parte, «desvirtuando» la reforma de las hermanas Espegel. Uno de los ejemplos más recientes lo protagonizan las traviesas de ferrocarril que atravesaban los jardines y unían los diferentes paseos del parque, sustituidos por adoquines en marzo de este año. Unas remodelaciones necesarias, según el Ayuntamiento, para garantizar la seguridad de los ciudadanos, puesto que estaban en un «estado crítico».

La vegetación como atractivo turístico

En el paseo por el parque del Salón, enmarcado en el primer ciclo de ‘Arquitectos que cuentan su obra’, el profesor de Ingenieras Agrarias Juan Andrés Oria, explicó la importancia de la variedad vegetal en un lugar tan emblemático. Las arquitectas de la última remodelación, Carmen y Ana Espegel, coincidieron en subrayar la relevancia turística del parque gracias a los árboles y plantas que se encuentran en él –como por ejemplo, el árbol del amor, el castaño de indias, el pino laricio o la vegetación acuática del estanque–. Esta diversidad aporta un valor especial al parque, a pesar de su reducción en los últimos años, con la desaparición de las plantas medicinales, las aromáticas o el bambú. Estas especies, además, pueden conocerse a través de las placas colocadas en el suelo a lo largo del Salón, que narran sus principales características y refuerzan la importancia de las zonas verdes en la ciudad.

Juan Andrés Oria junto a los participantes en el Parque del Salón.
Juan Andrés Oria junto a los participantes en el Parque del Salón. / MARTA MORAS

Sin embargo, estas modificaciones han supuesto un lavado de cara para el proyecto de Carmen y Ana Espegel, que fue el ganador y seleccionado en el año 2002 para acometer la reforma. Las arquitectas aseguran que parte de las remodelaciones que se han llevado a cabo son fruto de un «mantenimiento descuidado» por parte del Ayuntamiento, que ha decidido invertir en sustituir, en vez de cuidar y conservar las estructuras ya existentes.

«Solo hace falta darse un paseo por el parque y comprobar el estado de algunas de las estructuras y la desaparición de elementos». La variedad de la vegetación, una de las señas de identidad del parque y uno de los principales objetivos de la remodelación, ha sido una de las afectadas, con la eliminación de las plantas medicinales o las aromáticas. Ahora, en su lugar, lucen unos rosales. El estanque situado en el centro, en el que pueden verse algunos patos, «es otro de los ejemplos de la falta de limpieza y cuidado de la vegetación y de la estructura».

Sin embargo, a pesar de las críticas y la polémica suscitada en los años de su modificación, la reforma ha recibido varios galardones por sus estructuras de acero y sus significativas pérgolas. El templete, uno de los principales elementos del salón, es uno de los grandes lugares de encuentro en las fiestas de San Antolín y sus paseos continúan acompañando el día a día de los palentinos. «El ser humano tiende a no modificar, el cambio siempre es duro», aseguraba Carmen Espegel en relación con la polémica reforma de hace ya, dieciséis años.

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