El Alvia Santander-Madrid arrolla a dos terneros en Cantabria y los pasajeros son transbordados en Palencia

El rabo de uno de los terneros, asomando entre la chapa del tren/Antonio Lago
El rabo de uno de los terneros, asomando entre la chapa del tren / Antonio Lago

Los pasajeros tuvieron que cambiar de tren en Villamuriel de Cerrato, donde vieron el rabo de una de las vacas asomando de los bajos de la cabina del maquinista

Mariña Álvarez
MARIÑA ÁLVAREZSantander

El tren Alvia que partió a las siete y cinco de la mañana de la estación de Santander rumbo a Madrid ha sufrido un aparatoso percance a las 07.45 cuando ya pasaba por la cuenca alta del Besaya, en Cantabria. Justo a la altura de Molledo un grupo de cuatro vacas estaba cruzando las vías y el convoy arrolló a dos terneros. Los pasajeros sintieron un golpe «tremendo» y a continuación unos botes, «como que estábamos pasando por encima de piedras», ignorando en ese momento que se había producido un atropello de animales, cuenta uno de los viajeros, el presentador y aventurero cántabro Quico Taronjí, que en ese instante estaba en el vagón de la cafetería -situado casi al final-. Dice que no se puede quitar de encima «la grima» que sintieron todos al saber que no eran piedras, informa El Diario Montañés.

A pesar del atropello, y visto que parecía que los daños del tren se reducían a «una avería de chapa», los maquinistas decidieron seguir avanzando lentamente hasta llegar a Reinosa, «donde pudieron comprobar que el tren estaba en condiciones para seguir el viaje», según confirman desde Renfe. Y siguió. Pero al llegar a Villamuriel de Cerrato (Palencia), donde se pasa del ancho nacional al ancho europeo de alta velocidad, el viaje de este tren terminó. «Al parar en el intercambiador se vio que el tren no estaba en condiciones de seguir», confirman desde la compañía.

Los pasajeros, en el intercambiador de Villamuriel de Cerrato

Los pasajeros se bajaron en Villamuriel a esperar al otro tren que les llevaría hasta Madrid. Desde el andén vieron el rabo de una de las vacas arrolladas asomando de los bajos de la cabina del maquinista. Era lo único que quedaba de ellas. Algunas personas incluso se agacharon para ver si debajo de la máquina podrían estar los cuerpos. Pero lo que vieron no les tranquilizó: «todo el fuselaje roto, cables colgando, unos destrozos de aúpa y en medio el rabo. Del resto de los cuerpos nada, los debió triturar». Piensan que los daños sí que eran importantes y que seguir el viaje a pesar de ellos tal vez no fue la mejor idea. «Podía haber sido peor», comenta otro viajero santanderino a este periódico, de nombre Jesús Manuel. Este pasajero señala que después de sentir esas presuntas «piedras» bajo sus asientos, «un traca-traca-traca-traca», «el tren se puso lentísimo, como perdiendo energía. Dejó de funcionar el aire acondicionado, los grifos... Como si lo pusieran al mínimo para seguir avanzando», explica.

Tan lento iba que llegó a Villamuriel de Cerrato a las 11.00, cuando la hora prevista de llegada a Madrid era las 11.20. Al rato, llegó el segundo tren que les llevaría a su destino. La llegada a Madrid fue a las 13.20.

En este segundo tren Quico Taronjí se sentó al lado de una mujer que en el momento del atropello iba en un vagón de cabeza y fue testigo de excepción del violento golpe contra las vacas. «El golpe fue tremendo y te juro que pensaba que íbamos a descarrilar, en mi vagón nos quedamos blancos», le contó al presentador, que en la cafetería sintió el golpe de otra manera, «como cuando pisas piedras con el coche, y eso que estábamos en la cola». También estaba en este vagón Antonio Lago, que cuenta que ese traqueteo «lo sentimos durante quince largos segundos». Al rato, el revisor entró en la cafetería y les informó de la causa: «nos hemos llevado por delante unas vacas. Los botes que estábamos dando eran las vacas».

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