Águeda de la Pisa y su nueva geometría sutil

Águeda de la Pisa, delante de uno de sus cuadros expuestos en Palencia. /Marta Moras
Águeda de la Pisa, delante de uno de sus cuadros expuestos en Palencia. / Marta Moras

La artista palentina expone en Palencia una pintura abstracta pero abierta al constructivismo

FERNANDO CABALLEROPalencia

Águeda de la Pisa (Palencia, 1942) ha desarrollada una larga, intensa y exitosa carrera como pintora abstracta, reconocida en el panorama artístico nacional e internacional, con numerosas exposiciones individuales en la que ha evidenciado una clara conexión con los movimientos vanguardista, y con obra representada en importantes colecciones públicas y privadas. De la Pisa, aunque desde que tenía dos años no vive en Palencia, mantiene una estrecha vinculación con su tierra, sus gentes y sobre todo con sus paisajes. Unos paisajes que, al igual que Díaz-Caneja –con el que mantuvo una estrecha amistad–, los lleva en la memoria y los revive y recrea en sus cuadros.

La abstracción ha sido el hábitat artístico de Águeda de la Pisa, una abstracción en la línea de la vanguardia española de las últimas décadas del siglo XX que la conecta con la abstracción lírica –fue, además, la única mujer y la más joven del grupo Ruedo Ibérico, creado en 1987 por impulso del pintor José Caballero, junto con los también pintores Salvador Victoria, José María Iglesias, José Luis Fajardo, Luis Caruncho y Álvaro Delgado, así como el teórico José Luis Morales y el poeta José Manuel Caballero Bonald–.

Los palentinos han podido conocer la obra de esta mujer en las exposiciones individuales que protagonizó en 1987, 1995 y 2002, las dos últimas en la Fundación Caneja y la primera en la sala de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca. En Paredes de Nava, de donde procede su familia, expuso en 2004.

Pero la Águeda de la Pisa que se presenta ahora en el centro Cultural Provincial de la mano de la Diputación no es la de entonces. La pintora ha abandonado la abstracción pura y se ha abierto al constructivismo, a la pintura geométrica. La artista no ha perdido la esencia de su pintura. Al contrario, ha reforzado su no figuración con otros referentes plásticos: unas tiras finas que surgen en el centro del cuadro para aportar más intensidad y más fuerza a esos paisajes revividos y recreados. La linealidad de las formas caracteriza esta zona de los lienzos, casi siempre horizontal, con algún guiño vertical.

El cuadro se configura así con tres espacios horizontales: en el superior y en el inferior se mantiene el estilo abstracto que caracteriza a la pintora, ora con una superficie completamente monocroma, ora con enriquecidas matizaciones cromáticas, mientras que en el centro aparece una ventana abierta a una geometría sutil, un constructivismo creado a base de collages y de pequeñas superficies que en algún caso llegan a simular teselas de un mosaico –es el caso del cuadro 'Palpitando'–, y en otros, como en 'Sobre púrpuras', las pequeñas tiras caen dentro de un gran mancha negra, como que si la tierra tenebrosa se hundiera al paisaje.

La vertiente poética de la pintora a la hora de nombrar sus cuadros se mantiene e incluso se ha acrecentado. Nombres apegados a los elementos naturales –hay uno que simboliza esta relación, 'La tierra con el aire sobre el agua', construido a base de matices verdes y negro. Águeda de la Pisa logra una simbiosis externa –el título– e interna –el propio cuadro–, una mística que une la palabra y la imagen, con todo lo que esta implica: color, formas, espacios, matices, paisajes...

La simetría sutil y amable que caracteriza las obras de esta nueva Águeda de la Pisa se rompe para dar lugar a cuadros de espíritu desasosegado, quebrado, inquietante. Es el caso de 'Traspaso el aite todo', en el que la línea ordenada y la construcción de nuevos espacios se fractura, también con sutilidad, sin excesiva brusquedad.

Águeda de la Pisa cruza la frontera del cuadro convencional para trabajar con el gran formato –el díptico 'Entre el agua y la luz– y el pequeño –la serie 'Paseos 1 al 11', en el que con el mismo material, el acrílico, aunque en papel, consigue los mismos efectos plásticos de la combinación de abstracción y constructuvismo–.

Águeda de la Pisa, en definitiva, transforma el paisaje en sueño, la realidad en ficción, la abstracción en la línea, la superficie en matices de color, aunque la monocromía es a veces total y en otros casos el impacto de colores vivos y brillantes conduce a la línea del horizonte. No faltan cuadros más expresivos como 'Minas', en el que el color identifica el verde con la superficie y el oscuro con la profundidad y misterio de la tierra.

La artista palentina muestra una obra diferente, que ha evolucionado sin rupturas abismales, manteniendo el lenguaje asbtracto y abriéndose a nuevas formas vaporosas y transparentes.

La exposición de Águeda de la Pisa titulada 'Todo lo exterior se volvió sueño' permanecerá abierta hasta el 26 de abril en la sala del Centro Cultural Provincial (plaza de los Juzgados, s/n), en horario De lunes a sábado, de 11:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 21:00 horas; y domingos, de 11:00 a 14:00 horas.

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