El año agrícola de Palencia se sitúa como uno de los cinco más secos desde 1960

Restos de un antiguo camino que debería estar sepultado por las aguas del embalse de Aguilar.
Restos de un antiguo camino que debería estar sepultado por las aguas del embalse de Aguilar. / Nuria Estalayo

Las reservas de los pantanos no llegan al 20% y el pasado año se acercaban al 70%

JOSÉR MARÍA DÍAZPalencia

La situación de sequía generalizada en toda España es más que evidente. La ‘pertinaz’ se repetía incesantemente hace algunas décadas cuando se referían también a esta situación climatológica. Porque el hecho de que los campos estén prácticamente calcinados por el sol, agrietados, imposibles de remover por el arado, no es una circunstancia nueva en estas tierras y los agricultores recuerdan claramente otros años en los que sus cultivos suplicaban por un agua que no llegaba y las cosechas se iban perdiendo sin remedio. De hecho, no ha sido este último año agrícola (comienza en septiembre y concluye a finales de agosto), el más seco de los que se tienen datos en la provincia de Palencia.

La privilegiada ubicación de Astudillo, en los límites entre las comarcas naturales de Tierra de Campos y el Cerrato permite, con las precipitaciones que registra, ofrecer una fotografía generalizada de la situación de la provincia de Palencia, y, por ello, los apuntes que recoge diariamente el agricultor ya retirado y meteorólogo aficionado Mariano Bustillo desde el observatorio que dirige en su domicilio (Carralobo está reconocido como coloborador del Observatorio Meteorológico de Castilla y León) sirven para para conocer cómo se ha ido desarrollado el clima, en sus más variadas posibilidades, en la provincia a lo largo del año.

Y en una provincia marcada profundamente por la actividad agrícola y ganadera, el informe que todos los años, a principios de agosto elabora Mariano Bustillo sobre el desarrollo climatológico del año agrario cobra especial importancia. El estudio, que se dio ayer a conocer, deja claro que aunque Palencia atraviesa por una situación de sequía, que ha provocado una de las peores cosechas de los últimos años, ya que la falta de lluvias se ha agudizado en el mes de abril uno de los que es más necesaria, y en mayo se han hecho esperar más de lo desado, la evolución del clima de este año agrícola no puede consierarse extraordinaria, puesto que hay registros similares en años cercanos e incluso más bajos en la década de los años sesenta.

En este año agrícola, según las precipitaciones recogidas en el observatorio de Carralobo, en Astudillo, han caído en total 273,5 litros por metro cuadrado, por lo que el período 2016-2017, a falta aún de los datos que se registren en agosto, aunque por el momento no ha llovido ni una gota, se sitúa entre los cinco años agrícolas con menos precipitaciones desde el inicio de la década de los sesenta (1959-1960).

El año de menor incidencia de las lluvias fue el de 1964-1965, cuando tan solo cayeron 227,7 litros por metro cuadrado. Mientras, en el periódo comprendido entre 2001 y 2002, las lluvias sumaron 263 litros, y también la pluviometría fue menor en otras dos ocasiones, en 2004-2005 y también el año agrícola de 2011-2012, momentos en los que los registros se cerraron en 273,1 litros por metro cuadradado.

Un nivel demasiado bajo

Sin embargo, la situación parece en esta ocasión más drámatica que en años anteriores debido a que las reservas de los pantanos, de los que, en buena medida dependen muchos de los cultivos de la provincia, es desesperada, ya que su nivel es extremadamente bajo, lo que ha provocado que tengan que suprimirse o acortarse notablemente las campañas anuales de riego.

La escasa presencia de nieve en la Montaña Palentina durante el pasado invierno ha agudizado la situación de escasez de recursos en los pantanos, que no se han visto favorecidos en la primavera por el habitual deshielo.

Así, la Comisión de Desembalse de la cuenca del Duero se han tenido que adoptar decisiones que han afectado negativamente al estado de las cosechas palentinas, como el recorte de las asignaciones de agua para el regadío, puesto que se ha alcanzado la « imposibilidad de disminuir los volúmenes de reserva y disponer de más agua en determinados sistemas de cara a culminar la campaña, para asegurar la circulación de caudales ecológicos y el propio abastecimiento humano», según comunicó la Confederación Hidrográfica del Duero.

En la última reunión de ese organismo se puso también de manifiesto que el volumen embalsado en los 18 embalses del Estado en la cuenca del Duero, que tiene capacidad para almacenar 2.877,5 hectómetros cúbicos, se sitúa en estos momentos en 1.044 hectómetros cúbicos, cifra que supone el 36,3% por ciento de su capacidad y que está 26,3 puntos por debajo de la media de la última década. Hace un año, en concreto, el volumen de agua embalsada rondaba el 69,7% y la media de los últimos diez años es del 62,6%.De hecho, los volúmenes de reserva establecidos para algunos de ellos al final del año hidrológico se encuentran por debajo del 10%, «registro desconocido en muchos casos y que demuestra el interés del organismo de cuenca por proporcionar la mayor disponibilidad de agua a los regantes», según se indicó desde la CHD.

Dentro de esta mala situación general, hay sistemas que destacan de manera especial y en la provincia de Palencia el Carrión y el Pisuerga no suman más de 93,5 hectómetros cúbicos almacenados frente a los 334,7 de la campaña anterior. De manera porcentual, esto se traduce en un 19,2% de agua almacenada cuando el año pasado era del 68,7% y la media de los últimos 10 años se sitúa en el 59,8%. Rompe los registros generales el pantano de Cervera-Ruesga debido a su escasa capacidad, solo 10 hectómetros cúbicos, con lo que afecta mínimamente al nivel de la cuenca.

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