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Carlos Aganzo y Araceli Sagüillo. / Antonio Quintero

Araceli Sagüillo recita en Palencia su poesía triste pero también alegre

  • La autora palentina abre los VII Encuentros con la Poesía que organiza El Norte de Castilla y patrocina el Ayuntamiento

«Sus poemas tienen un sabor, una textura y una forma de hacer muy especial, particular, poco encasillable». Así se refirió anoche el poeta y director de El Norte de Castilla, Carlos Aganzo, sobre la obra de Araceli Sagüillo, poetisa palentina que reside en Valladolid, en la primera de las sesiones de los VII Encuentros con la Poesía que organiza El Norte de Castilla y patrocina el Ayuntamiento de Palencia. Araceli Sagüi llo, a la que Aganzo definió también como «activista cultural» por su labor al frente de los Viernes del Sarmiento –revista poética hablada que fundó su marido, el también poeta palentino Andrés Quintanilla Buey, que falleció en 2008 a los 76 años–, repasó su trayectoria poética a través de tres libros, una trayectoria que ella definió como «triste, pero a la vez alegre, porque descubre que ese otro paisaje que se ve es más agradable que el que hay ahora».

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El recital, que se celebró en el salón de actos de la Fundación Juan Manuel Diaz-Caneja, arrancó con unos versos de su primer poemario, ‘La charca de los lirios’, publicado en 1994 en la colección Rocamador, que dirigía José María Fernández Nieto, y escrito cuando ella tenía 15 años. «Es el principio de mi escritura», aseguró sobre este libro, que escribió «emparedada por mi padre y mi madre».

El acto continuó con tres poemas de uno de sus libros más recientes, ‘Vibrando la memoria’, publicado en 2016, una etapa de absoluta madurez en la poesía de Araceli Sagüillo, según Carlos Aganzo, que fue el encargado de leer estos textos, en el que se incluye el titulado ‘La muerte’, tema sobre el que giró el debate posterior al recital entre la autora y el público.

La velada literaria se cerró con versos de ‘Las moiras’, el último poemario de Sagüillo, también editado el año pasado, libro en el que «palabras e imágenes se crean en la hora sosegada, cuando las emociones se calman, y quieto se queda el aire».

La muerte, efectivamente, centró el diálogo entre Sagüillo y el público, una muerte sentida en el poema con naturalidad. Ella justificó este tema, y en realidad la tristeza que invade sus poemas, porque en «mi vida se han sucedido muchas muertes de personas muy queridas y muy presentes en mí, y mis poemas sirven para todos ellos». «La muerte me acosa constantemente», sentenció.

De la muerte, dijo que es la «gran desconocida, porque nadie sabe nada de ella». «Mi poesía está alrededor de esa muerte y también de dónde vamos a parar. Me preocupa dónde vamos a llegar, a dónde voy», continuó. En este contexto, Carlos Aganzo destacó que, pese a estas reflexiones, en la poesía de Araceli Sagüillo hay mucha vida y mucha rebeldía, y esa vida es la que sentimos aquí, aunque el sujeto de la poesía en ella sea la muerte».