El primer colegio público de Palencia, en plena forma 131 años después de su apertura

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La clase de Infantil de 4 años A atiende a las indicaciones de la profesora. / Antonio Quintero

  • El Jorge Manrique acoge cada día a 441 alumnos de Infantil y Primaria, que son educados con el respeto a la diversidad como axioma

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La educación pública está tan arraigada que parece formar parte de nuestro ADN como sociedad, pero esa sensación no siempre ha estado tan latente. De hecho, Palencia no tuvo un colegio público hasta el 4 de septiembre de 1886, día en el que el Colegio Jorge Manrique abrió sus puertas por primera vez. Han pasado 131 años y el centro está más vivo que nunca, con 441 alumnos en sus aulas y con la enseñanza desde la diversidad como prioridad.

Fotos

  • Así es el colegio Jorge Manrique

La construcción del colegio hace ya 131 años supuso una inversión de 109.441 pesetas y ha necesitado una serie de mejoras para adaptarse a los tiempos. Los alumnos ya no estornudan por el polvo de la tiza que antaño poblaba las pizarras, y la enseñanza de los idiomas y de las nuevas tecnologías ha ganado terreno a otras materias. No obstante, la esencia con la que nació este centro se encuentra intacta, ya que el objetivo del Jorge Manrique sigue siendo educar a sus alumnos, sean de la clase social que sean, con las premisas del respeto y la humildad.

Son muchos los aspectos que han cambiado desde aquel 4 de septiembre de 1886 y ahora, en un mundo global, la necesidad de la formación en idiomas ha ganado fuerza. Por esta razón, el Jorge Manrique ha iniciado este curso un proyecto de autonomía destinado a ampliar la dedicación horaria en el área de inglés, concretamente en uno de sus bloques de contenidos, que es ‘Producción de textos orales: expresión e interacción’.

El programa se ampara en la autonomía pedagógica del centro para adecuar las prescripciones educativas al contexto y a las necesidades del alumnado, buscando un mayor rendimiento y eficacia para mejorar los resultados académicos del alumnado.

Como finalidad principal, tanto para la etapa de Primaria como para la de Infantil, este proyecto amplía el tiempo destinado al aprendizaje del inglés. El incremento se desarrolla a través de grupos más reducidos y únicamente para conversación.

En concreto, la ampliación en la expresión oral en inglés se traduce en 30 minutos semanales en cada curso de Educación Infantil, con todo el grupo a la vez; y otros 30 minutos semanales en cada curso de Primaria, con la mitad de cada grupo. Globalmente, el tiempo destinado a este idioma en el colegio se ha incrementado en 4,5 horas semanales, por lo que este año se ha pasado de 19 a 23,5 horas semanales.

Ser el primero tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes. Y es que la ubicación céntrica del colegio ha impedido ampliaciones que son muy necesarias para el centro. Las pequeñas dimensiones del patio convierten las clases de educación física en todo un reto para el profesorado, que tiene que innovar y utilizar espacios colindantes para sus clases, algo que puede ser una desventaja, pero que tiene muy buena acogida entre los alumnos, que esperan ansiosos a que llegue el día en el que la clase se traslada al Parque Isla dos Aguas.

El centro permite el acceso a la educación a personas de todas las condiciones y tiene especial atención para aquellos escolares con más problemas, con los que se trabaja en el aula específica de atención a la diversidad. Raquel Martínez es la jefa de estudios y forma parte del equipo que se encarga de trabajar de forma pormenorizada con los 46 niños que acuden a este aula. «Tratamos de atender a los niños que presentan algún tipo de dificultad. Cada alumno es un mundo y nos adaptamos a las necesidades de cada uno, dentro de nuestras posibilidades, que son limitadas», explica Martínez que cree que los medios son escasos, aunque las carencias se suplen con el trabajo de los profesores que día a día interactúan con los escolares en este aula de atención a la diversidad. «Por suerte, cada vez se detectan antes los casos, pero eso significa que hay un gran número de niños con dificultades. Atendemos a todos, pero no tenemos horas suficientes para hacerlo como nos gustaría», agrega Raquel, que trabaja cada día en un lugar que es parte de la historia de Palencia.