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Desarrollo de una de las clases de Primaria. / A. Quintero

La interculturalidad es la gran baza con la que educa el colegio Modesto Lafuente

  • El centro escolar, situado en el parque del Salón, defiende el bilingüismo como una apuesta de futuro para sus 170 alumnos matriculados

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Cuenta con 170 escolares desde primero de Infantil hasta sexto de Primaria y, a pesar de que solo el 16% proceden de otro países, el colegio Modesto Lafuente se muestra orgulloso de albergar quince nacionalidades entre su alumnado. «Es muy enriquecedor. La interculturalidad es nuestra baza, porque además de educar en lo académico, que es fundamental, formamos a los niños en el respeto a la diferencia, que al fin y al cabo es lo que vemos diariamente en el mundo». La jefa de estudios del colegio, Irene Palomino, se entusiasma al relatar los múltiples proyectos con los que trabajan «en nuestro reto de conseguir niños muy preparados, pero también mejores ciudadanos».

El Modesto Lafuente fue el primer colegio que introdujo el bilingüismo en sus aulas y ahora lo trabajan en multitud de asignaturas que permite que los niños no lo vean como un idioma ajeno, sino que lo incorporan con facilidad en su día a día. «Pienso que a nadie se le puede escapar que el inglés en una materia fundamental en la educación. Por eso nos gusta potenciarla en el colegio. No solo se dan en inglés algunas materias, además de la propia asignatura del idioma, como pueden ser ciencias sociales naturales, sino que también se realizan actividades de todo tipo con el idioma. También trabamos con un programa de lectoescritura que consolida mejor los conocimientos, tenemos una auxiliar de conversación americana, realizamos actividades dinámicas en inglés.... la programación es constate y creemos que además es muy fructífera», agrega Irene Palomino.

Se trata, en definitiva, de poner en marcha distintas iniciativas que se engloban en un gran proyecto que, además, ha sido premiado por la Junta de Castilla y León: ‘Educación y desarrollo’. Y además de la convivencia entre culturas y, por supuesto, los contenidos académicos, el plan educativo también dedica especial importancia al cuidado del entorno. Las actividades medioambientales que se llevan a cabo son numerosas y, la última, es la creación de un pequeño huerto en el patio. «Con la ayuda de un profesor de Ingenierías Agrónomas, se han creado semilleros en las clases y se han plantado en el patio ya algunas especies. Ellos mismos se encargan de regarlo, de cuidarlo... se les van dando pequeñas responsabilidades», agrega. También en este apartado funciona la denominada ‘ecopatrulla’, que se encarga de controlar la limpieza en el patio durante el recreo y que fomentar el reciclaje de los residuos. «Están en contacto con el día a día de lo que ocurre en la calle. También hacemos alguna visita a Carrechiquilla, porque los alumnos deben saber que también hay niños con discapacidades, cómo estudian, cómo viven...», agrega.

Para el mes de junio, el colegio celebra su semana cultural, en la que no solo los escolares y los profesores participan, sino que también hay una importante implicación de las familias. «Estamos recogiendo fondos para la construcción de una nueva escuela en Honduras a través de la organización Solidaridad Globalizada. Se celebra una paellada solidaria, un mercadillo, una carrera donde a los niños se les patrocina... de esta forma aportamos también nuestro pequeño granito de arena para que se pueda poner en marcha», sostiene la jefa de estudios.

Todos estos proyectos son la carta de presentación de un colegio donde los 170 alumnos permiten una atención muy personalizada. El medio ambiente, el bilingüismo, la diversidad cultural y racial... en definitiva las características del mundo en el día a día son las cartas con las que juega un centro que busca, sobre todo, inculcar valores.