Manuel Arroyo, presidente de la Asociación de Estanqueros de Palencia.
Manuel Arroyo, presidente de la Asociación de Estanqueros de Palencia. / A. Quintero

Los palentinos fuman un poco más

  • El consumo de tabaco ha crecido en el último año tras más de una década de caídas por la ley y la crisis

La venta de tabaco comienza a remontar, aunque de forma muy discreta, en la provincia de Palencia. A pesar de que la crisis, los impuestos y las campañas sanitarias sobre los peligros que conlleva fumar hacen mella y se van dejando notar en las ventas durante las últimas décadas, lo cierto es que el hábito se mantiene y así lo demuestran los números.

La estadística revela que a lo largo del año 2016 se vendieron 9.311.444 cajetillas, que, a pesar de que prácticamente representan la mitad de los 16,5 millones que se expedían en el año 2008, antes de la Ley Antitabaco, sí que suponen un ligero repunte si se comparan con 2015. Un leve incremento que también se traduce en los ingresos: 41.474.282 euros a lo largo del año pasado, ligeramente superior a los 40.220.375 del anterior.

Esa tendencia al alza en el consumo de tabaco en Palencia no se coresponde a la estadística nacional, que ha cerrado el año con un pequeño descenso respecto al año anterior, pero ese cambio en la evolución se ha producido sobre todo a lo largo del tercer trimestre, según señala el presidente de la Asociación de Estanqueros de Palencia, Manuel Arroyo. «Los datos nos demuestran que hasta el 20 de octubre habíamos vendido el 0,79% menos que el año anterior. Sin embargo, en diciembre ya había dado un vuelco el dato y se había incrementado un 1,58% en la provincia», explica.

En la facturación global de 41,4 millones de euros, ha tenido un peso muy importante el tabaco de liar. Este tipo de tabaco, que permite al consumidor elaborarse su propio cigarrillo, ya comenzó a tener auge en 2015, pero el año pasado experimentó una subida del 11,59%, según los datos que maneja Manuel Arroyo. Es evidente que el tabaco de liar ha crecido en consumo, lo que se podría explicar debido al menor tratamiento fiscal que tiene respecto a los cigarrillos convencionales.

Además, el fumador interpreta que el tabaco de picadura tiene menos riesgo para la salud, existe la creencia generalizada de que contiene menos aditivos y, por tanto, es menos perjudicial. En contra de esa creencia popular están los estudios científicos, que evidencian que es absolutamente falso que se trate de un producto más sano que una cajetilla. De hecho, el Centro de Investigación y Control de la Calidad del Instituto Nacional de Consumo revela en un estudio que los contenidos de nicotina, alquitrán y monóxido de carbono alcanzan niveles muy elevados, más de los permitido en muchos casos en los cigarrillos convencionales.

Sin embargo, pese a todo, y fundamentalmente porque se trata de un producto mucho más barato que las cajetillas, lo cierto es que la venta del tabaco de picadura cobra cada vez más auge. «Se vende mucho, se trata de un producto que es frecuente también entre los jóvenes, quizás porque resulta más barato, pero también se vende entre gente mayor. La verdad es que el tabaco de liar va cogiendo relevo poco a poco», agrega el presidente de los estanqueros. El hecho de que el fumador pueda fabricarse su propio cigarrillo, hacerlo más pequeño o más delgado que el convencional que se vende en cajetillas, aporta a los fumadores la sensación de que están consumiendo menos tabaco, y todo eso incide en el progresivo incremento de este tabaco.