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Capilla de los nazarenos, durante la jornada de puertas abiertas. / El Norte

Los nazarenos de Palencia exhiben su riqueza artística

  • Numerosas personas conocen la sede de la cofradía penitencial en una jornada de puertas abiertas

Celebrar el tercer centenario de un paso singular de la Semana Santa bien merece abrir las puertas de la cofradía. Así lo han pensado los hermanos de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Madre la Virgen de la Amargura, que este sábado fueron anfitriones de numerosos palentinos que quisieron conocer su sede, o ‘palacio’ como le denominan ellos históricamente.

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  • Jornada de puertas abiertas en la cofradía de Jesús Nazareno de Palencia

El próximo martes, los nazarenos conmemorarán el tercer centenario del paso que fue su titular hasta 1955: una obra de Tomás de la Sierra que representa a Jesús camino del Calvario, y por este motivo, la penitencial está propuesta para recibir la Medalla de Oro de la ciudad.

Los hermanos de la cofradía atendieron a unas visitas interesadas en conocer el patrimonio oculto, aunque la ruta se inició en la capilla, un templo abierto al culto que está presidido por las tres grandes tallas de la penitencial: las dos que representan a Jesús Nazareno y la Virgen de la Amargura. Uno de los nazarenos es el que cumplirá el martes 300 años –una misa a las 20:00 horas recordará ese día la efemérides–, obra del escultor de Medina de Rioseco Tomás de la Sierra. Este paso es conocido cariñosamente por el apelativo de ‘El abuelo’. El segundo nazareno es el actual titular, obra de Víctor de los Ríos –escultor cántabro de Santoña– estrenado en 1955, el mismo año que la Virgen de la Amargura, del mismo autor.

En la capilla se exhibía ayer una talla de Simón de Cinere, que desfiló originariamente con el paso de Tomás de la Sierra, y que la cofradía pretende recuperar este año en la procesión de Silencio y Penitencia con las mismas andas de entonces.

Tras la capilla, los visitantes conocieron otras dependencias como el llamado Palacio de Hermanas, convertido ahora en el salón noble de los nazarenos, donde se conserva la ropa litúrgica, con casullas de gloria, de difuntos y procesionales; los libros antiguos –el acta fundacional del primer cabildo celebrado el 26 de diciembre de 1604; el ‘Libro de Regla’, de 1605, con los primeros estatutos; un documento de 1612 del sargento Cisneros que ordenaba misas en honor a sus difuntos, y, cómo no, las cuentas y las actas–. En esta sala hay un cuadro singular que representa a la ciudad de Jerusalén cuando Cristo murió en ella.

El itinerario nazareno continúa en la sacristía, con una artística cajonera, una colección de varas de mando y faroles, y en el Palacio de Hermanos, donde se han celebrado los cabildos durante muchos años hasta que la sala se quedó pequeña –esta penitencial tiene 1.500 hermanos–.

Ya en el patio, espacio de convivencia de los cofrades después de las procesiones, según explica el hermano mayor, Domiciano Curiel, el visitante se adentra en un espacio salpicado por cinco palmeras protegidas y que luce un mosaico del nazareno con el cireneo y una réplica de la Virgen de la Amargura, realizados ambos por el hermano de la cofradía Fernando Alejandro –la réplica se estrenó el día de la Inmaculada de 2016–.

Y desde el patio se atisba la bodega y el almacén donde perfectamente colocados se encuentran los pasos de ‘La Verónica’, ‘Longinos’ y ‘La erección de la Cruz’.