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La Virgen de la Calle, a la salida de la Compañía para procesionar hasta la catedral. / A. Quintero

Cientos de palentinos veneran a la Virgen de la Calle

  • El tiempo desapacible no impide celebrar los principales actos religiosos en la Compañía y en la Catedral

La ciudad de Palencia ha vivido este jueves su fiesta de la patrona, la Virgen de la Calle, con gran devoción en los principales actos religiosos celebrados entre la iglesia de la Compañía, donde se encuentra el santuario mariano, y la catedral, incluidas las dos procesiones litúrgicas, la previa y la posterior a la misa.

Centenares de palentinos se han sumado a los actos, sin que la ligera lluvia restara afluencia. La misa matinal de la Compañía dio paso a la bendición de las candelas, acto al que ya se sumó el obispo de Palencia, Manuel Herrero, y las principales autoridades locales y provinciales: el alcalde de Palencia, Alfonso Polanco; el delegado de la Junta, Luis Domingo González; el subdelegado del Gobierno, Luis Miguel Cárcel, y la diputada de Cultura, Carmen Fernández Caballero, que representaba a la institución provincial (la presidenta, Ángeles Armisén, se encontraba en la feria de las Candelas de Saldaña).

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  • Festividad de la Virgen de la Calle

Tras la bendición de las candelas se inició la procesión litúrgica que culminó en el altar de la catedral, donde se celebró la santa misa. Hermanos de la Cofradía de la Vera Cruz, llevaron en andas a la patrona, arropada por los miembros de la cofradía de la Virgen de la Calle, que ha ampliado el número de sus hermanos, así como por los grupos de danzas y peñas.

El alcalde palentino renovó la ofrenda municipal a la Virgen, que se inició 1987 con Francisco Jambrina como regidor, pidió la protección de la patrona para todos los palentinos y especialmente «para los que más lo necesitan». «Con tu ayuda, seguimos adelante, dando lo mejor que tenemos», señaló el mandatario, que concluyó con una frase del san Manuel González, «Que no nos cansemos».

Previamente, en la homilía, el obispo invitó a los palentinos a salir de las casas y los templos a las calles, en una acción que «no se trata de hacer proselitismo, sino de que el hombre se abra a Dios en quien está la felicidad ya sus hermanos». Y añadió que en la actualidad, las calles están «revueltas». «Se ve cómo se cierne sobre nosotros nubarrones oscuros, hay miedos y recelos, tensiones, hay heridas del pasado no cicatrizadas, guerras como las de siempre y nuevas, como la guerra económica ya en el telar, hay dolor, muerte, refugiados, desplazados, pobreza», señaló el prelado.

De España ser refirió al «riesgo de separatismo, ambiciones de poder, corrupción, desilusión, muchas lágrimas ocultas por violencias domésticas, por desamor, falta de empleo, despoblación de nuestros pueblos y ciudades, etc.». «¡Qué poca alegría verdadera y auténtica se palpa hoy en nuestra sociedad! Llenamos nuestras calles de luces para ver en la noche, para iluminar monumentos, pero cuánta oscuridad hay por los corazones. Cuántas luces ilusorias que después defraudan, y no crean vida, porque donde hay luz hay vida», agregó Manuel Herrero.

No obstante, ante esta situación lanzó un mensaje de esperanza.«No podemos resignarnos a vivir en la oscuridad. Nuestros ojos están hechos para ver, no sólo para llorar», y planteó «asumir los conflictos, no perder la calma, no dejarse llevar por los nervios». «Nuestros tiempos no son peores que los pasados. Los tiempos no son malos ni buenos; los hacemos buenos o malos los hombres. Y segundo: salir al encuentro como nos dice el papa Francisco. Salir como discípulos misioneros llevando a Cristo, el único salvador, la luz del mundo, y crear una cultura del encuentro, de la fraternidad, de la alegría y la esperanza», agregó.

Al término de la eucaristía, la procesión litúrgica retornó entre una ligera lluvia a la Compañía, por lo que la patrona tuvo que ser protegida por un plástico para que no se mojar. En el santuario, fue recibida con la Salve y una ofrenda floral.