Procesan al marroquí que vivió en Palencia y viajó a Turquía para unirse al Daesh

La Policía Nacional detiene en Valladolid al presunto yihadista marroquí.
La Policía Nacional detiene en Valladolid al presunto yihadista marroquí. / NACHO GALLEGO-EFE
  • La Audiencia Nacional aprecia indicios de que Ali Afarkhane se trasladó desde Amayuelas de Abajo, localidad donde trabajaba en una explotación agropecuaria, para integrarse en el grupo yihadista

La Audiencia Nacional ha procesado por delitos de intento de integración en grupo terrorista y autoadoctrinamiento a Ali Afarkhane, un marroquí residente en un pueblo de Burgos que fue detenido en Valladolid meses después de viajar a Turquía e intentar pasar a Siria e unirse allí al Daesh. El juez Eloy Velasco ha decretado el procesamiento contra este joven de 27 años detenido el pasado septiembre que residía desde hacía tres años en Padilla de Arriba (Burgos), tras apreciar indicios de que se trasladó el 12 de abril del año pasado a Turquía para cruzar desde allí a Siria e integrarse en el grupo yihadista.

Ese día, y sin decir nada a sus jefes de la explotación agropecuaria de Amayuelas de Abajo en la que trabajaba, el joven «desapareció repentinamente» y cogió un autobús rumbo a Santander, desde donde emprendió un viaje de 4.500 kilómetros por Rumanía y Bulgaria hasta Gaziantep, una localidad turca en la frontera con Siria utilizada habitualmente por el Daesh como puerta de entrada de combatientes en este último país.

Entró en Turquía el 20 de abril y de ahí viajó a Gaziantep, pero su plan se vio truncado cuando, unos días después de llegar, se produjo un atentado en una comisaría de la localidad y las fuerzas se seguridad realizaron una redada, en la que fue detenido e internado en un centro de extranjeros antes de ser expulsado el 4 de mayo. «Solo el azar -afirma el juez- provocó que Ali Afarkhane, a escasos kilómetros de la frontera y como consecuencia del atentado contra la comisaría de policía turca, resultara detenido y finalmente devuelto a España».

En la frontera, alegó que había estado de turismo en Estambul y ocultó a las autoridades su estancia en Gaziantep, hasta que le enseñaron una bolsa de plástico que llevaba encima con un Corán dentro y que tenía serigrafiado el nombre de un establecimiento comercial de esa localidad turca. En su bolsillo se encontró además un trozo de papel pequeño con anotaciones de un número de teléfono turco, uno de los indicios que demostrarían su intención de unirse al Dáesh, afirma el juez. Este papel obedece, destaca Velasco, al Manual de la Yihad, que establece la necesidad de llevar anotado el número de la persona de contacto para facilitar el cruce de la frontera a Siria en un trozo de papel pequeño.

Según el juez, su intención de unirse al Daesh se plasma en otros indicios, como el que el día antes de su detención en Gaziantep sacó dinero del banco y dejó sus cuentas a cero, así como que sus íntimos amigos en España comentaron en conversaciones telefónicas pinchadas su intención de irse a combatir. Uno de esos amigos, Kamal T., fue detenido en Murcia el 26 de septiembre, el mismo día en que las autoridades españolas arrestaron al procesado en Valladolid, en donde estaba desde hacía días a la espera de obtener una nueva documentación para residir y trabajar temporalmente en España.

Esta última documentación la necesitaba para poder plantearse un nuevo viaje a Siria, tal y como comentó su amigo hablando por teléfono con un tercero: «El problema es que todavía tiene la idea en la cabeza y aunque hables con él es como si hablaras con la pared», dijo. Este amigo, investigado por un delito de encubrimiento, fue expulsado a Marruecos el 1 de diciembre del año pasado.

Así, el juez afirma que el plan de pasar a Siria del procesado se interrumpió «de manera accidental» y que luego, una vez en España, siguió persistiendo en la idea. «Culminar este desplazamiento -dice- hasta llegar a la localidad de Gaziantep, a escasos kilómetros de Alepo (Siria), en una zona de altísimo riesgo controlada por el ejército turco y donde despliegan su actividad los reclutadores del Dáesh, abandonando su trabajo, sin aviso a familiares ni allegados de su marcha, gastando todo su dinero justo cuando llegaba a esa localidad, resulta indicativo de su voluntad».

Ello supone, asegura el juez, que el papel de Ali Afarkhane supera «el de mero simpatizante en un claro propósito exteriorizado de ser un miembro más de la organización terrorista islamista Daesh», y por ello le imputa un delito de intento de integración en el grupo.