El Norte de Castilla

Guardo vuelve a confiar en 'el Niño'

Celebración en Guardo.
Celebración en Guardo. / Merche de la Fuente
  • El número agraciado el pasado año la jornada de Reyes con un tercer premio se vendió íntegramente en hora y media

El municipio palentino de Guardo espera que la suerte del Niño vuelva a bendecir a este municipio montañés un año después de que los dueños del Mesón El Portalón cambiaran la vida de muchos de sus clientes, familiares, amigos y vecinos con una lluvia de 11,2 millones de euros.

La fidelidad al numero 95.395, que el año pasado fue agraciado con un tercer premio de Sorteo de El Niño, y al que el Mesón El Portalón de Guardo lleva abonado más de treinta años, parece incombustible. Este año, a su propietario, Luis Ruiz, el 95.395 no le duró en las manos ni dos horas.

Lo puso a la venta el día después de la Lotería de Navidad y en una hora y media ya estaba vendido entero, 450 décimos del mismo número capicúa que el 6 de enero de 2016 dejó 25.000 euros en cada décimo. «Yo creo que es imposible que vuelva a tocar, pero está claro que media comarca no opina así», manifestó ayer a Efe, sorprendido por «la buena racha» de este número, que a lo largo de 2016 ha dejado otros premios menores.

Y también lamentando a la vez los problemas que le ha creado no disponer de más décimos, ya que en el sorteo de Reyes cada numero tiene 45 series, y haber tenido que dejar a muchos clientes con la miel en los labios.

Son los mismos que se han ido a la Administración de Loterías número 2 de Guardo, que regenta Carlos Fernández, encargado de llevar todos los décimos al bar El Portalón, y que se han tenido que conformar con el número anterior o el posterior, o con otros que tienen la misma terminación.

Porque «la ilusión y la esperanza de que vuelva a tocar es tan grande que se ha vendido mucho más que el año pasado» indica Carlos Fernández a Efe, «tanto en el pasado sorteo de Navidad como en este de Reyes».

Seguramente, lo hacen empujados por la suerte de aquel premio de enero de 2016 y por muchos otros como el Euromillones que hace solo un mes dejó 185.000 en Guardo.

Afortunados

O por el reclamo de que hace tres o cuarto meses se vendiera el posterior al Gordo en esta misma administración número 2, que en 1998 dejó 340 millones de pesetas con un primer premio de la Lotería Nacional, o vendió un cuarto de Navidad hace dos años.

O aquel otro Euromillones que en diciembre de 2010 hizo récord en la historia de Palencia, con 43,6 millones de euros.

Es una cifra muy superior a los 11,2 millones que regaló el Niño el año pasado, pero entonces les tocó a muchos y aunque no les cambió demasiado la vida, porque 25.000 euros al décimo no dan para grandes proyectos, sí ha servido para sacar a muchos de más de un apuro en este pueblo de 6.700 habitantes que históricamente estuvo vinculado a la actividad minera y no pasaba por sus mejores momentos.

De hecho, los que más color han visto en 2016 gracias a aquel premio han sido los albañiles del pueblo que, si no grandes construcciones, si han estado liados con pequeñas reformas en muchos hogares modestos, que además han aprovechado para renovar el mobiliario y mejorar las cifras de venta de las tiendas de muebles.

Sea porque los bolsillos estaban un poco más saneados o, simplemente porque la ilusión se resiste al desgaste, el caso es que «este año se ha jugado lo que no está escrito y muchos bares y tiendas de Guardo que se han quedado sin boletos», asegura el dueño del Mesón El Portalón.

Porque son muchos los vecinos de Guardo y del resto de la comarca que siguen persiguiendo la suerte convencidos de que esta localidad, situada a cien kilómetros de Palencia, está más tocada por la fortuna en el juego que por la riqueza en lo que a creación de empleo se refiere, a la vista del goteo continuo de cierres y el constante crecimiento del desempleo.

Y lo que está claro también es que el 95.395 es «un numero bonito» y que «trae suerte», explica el dueño de El Portalón, al que todavía le queda «algún ahorrillo» de aquel tercero que sonrió también a sus dos hijos y que él y Celia, su mujer, repartieron entre todo el pueblo.

Ese número hoy solo puede leerse en un cartel que reza: «Lotería de Reyes agotada. Vamos a por el primero».

Es un cartel que Luis Ruiz ha colocado en la barra del bar junto a la campana que no dejó de sonar el año pasado y que este año está deseosa de volver a repiquetear entre botellas de champán y copos de nieve.

«Sería gorda que volviera a tocar. Pero no hay nada imposible», sostiene.