El Norte de Castilla

Antonio Gómez Cantero.
Antonio Gómez Cantero. / A. Quintero

«El papa Francisco me ha dicho que me divierta mucho como obispo»

  • Antonio Gómez Cantero, obispo electo de Teruel y Albarracín, se despide estos días de la Diócesis de Palencia

El día de Navidad se despidió de San Lázaro, su parroquia desde 2004. Al día siguiente, de las Claras de Palencia. Y este miércoles lo hará del pueblo en el que vivió sus primeros años, Carrión de los Condes, aunque nació en Quijas (Cantabria) el 31 de mayo de 1956. A las 19:00 horas se celebrará una misa en la iglesia de Santa María y a las 20:00 un homenaje en el Teatro Sarabia. El 20 de enero, Antonio Gómez Cantero será consagrado obispo y tomará posesión de la Diócesis de Teruel y Albarracín.

Con él se llevará a Chispa, su gato, «mi maestro zen», como lo define. Chispa se pasea por la casa parroquial de San Lázaro, su todavía residencia, mientras se realiza la entrevista, en la mañana del día de Nochebuena. Una casa que ya está en plena fase de desmantelamiento, con cajas y cajas ocupando los pasillos, casi todas llenas de libros. Hasta su marcha a Teruel, viajará dos días a Galicia, a la casa de su hermano, y pasará unos días de ejercicios en la Trapa de Dueñas. El 7 de enero se despedirá en la catedral de la Diócesis para, cuanto antes, terminar de limpiar la casa.

–¿Preparado para el viaje?

–Sí. Ya estoy haciendo las maletas, metiendo los libros en cajas y seleccionando lo que voy a llevar a Carrión y lo que voy a llevar a Teruel. Me llevaré muchos libros. No es que los vaya a leer, pero me gusta verlos, son parte de mi vida. Es un poco el paisaje de mi casa, lo que me circunda y lo que creo que debo llevar conmigo o tener en la mano. Sentimentalmente, no estoy del todo preparado, pero lo estoy aceptando. Me cuesta mucho dejar la parroquia y la Diócesis, a la que tanto amo. Estoy enamorado de la Diócesis de Palencia y ahora me queda enamorarme de la de Teruel, que ya lo voy haciendo, porque hay mucha gente que me escribe, que me manda mensajes, vía whatsapp. Tiene mi teléfono ya bastante gente. Cuando entro en la página web de la Diócesis de Teruel, me doy cuenta de lo bien organizada que está. Es una diócesis pequeñita, sencilla, pero muy bien organizada.

–¿Desde que se conoció su nombramiento cómo ha vivido estos días?

–Son días llenos de besos, abrazos y lágrimas. La gente de la parroquia y la gente que me conoce me abrazan y se emocionan, y yo también me emociono. Es parte de mi vida la emoción. El corazón sangra por lo que ama y por donde ama. Los ancianos, los jóvenes, los matrimonios jóvenes… Recibo whatsapp de felicitación que son entrañables, no son de esos hechos, y algunos recuerdan cosas que yo he dicho y me las aplican ahora.

–¿Qué balance hace de su etapa como vicario general de la Diócesis?

–Ha sido maravillosa, ha habido momentos difíciles, como en todos los sitios. He conocido más la realidad de la Diócesis. Muchas veces, cuando uno vive inmerso en la vida parroquial, no se da cuenta de otras realidades. No es que no las conozca, pero no las conoce a fondo. He intentado estar con la gente. He estado detrás, en silencio muchas veces, pero no he dejado de actuar ni de consultar ni de hablar con la gente, y sin hacer polvo, como digo siempre. Al principio empecé con bastantes temores, pero después los propios sacerdotes me han echado una mano y me han ayudado, me he sentido muy acompañado.

–¿En qué medida se siente responsable de los éxitos y de los fracasos de los obispos con los que ha trabajado como vicario?

–Cuando uno es vicario general, es el vicario del obispo. Más que vicario, es el cireneo del obispo, porque es el que le ayuda a llevar la cruz. Los éxitos son todos para el señor obispo. Los fracasos los compartimos entre el consejo de gobierno y el obispo. Es más, un vicario general intenta que el obispo no sufra mucho ni ponga su cara. La tiene que poner el vicario para resguardarle de todas las cosas negativas. Me he sentido muy bien y muy querido por los obispos.

–¿Puede definir en una pincelada a esos tres obispos a los que ha servido como vicario general?

–Don José Ignacio Munilla es un sulfista de los medios. Es un hombre muy apasionado, con ganas de cambiar todo, de mover todo. Don Esteban Escudero es un hombre bueno y metódico, que quería llevar todo a la norma para que todos fuésemos iguales. Él decía que el Derecho es lo que nos iguala a todos. Don Manuel Herrero es un hombre ejecutivo y cercano, muy hermano, muy compañero, que está donde hay que estar siempre, con una sonrisa y una palabra de ánimo.

–¿Cuál ha sido su peor vivencia en estos años?

–Hay cosas que marcan, pero se hacen equipos y se reflexiona en equipo. La peor vivencia la compartimos entre todos. Lo de hacer las cosas siempre consultándose y aconsejándose es lo mejor que tiene la Iglesia.

–¿Deja algún proyecto pendiente?

–El vicario general no tiene que hacer proyectos. Es el obispo el que los hace. El vicario apoya, anima y pone la cara en muchas circunstancias.

–¿Y una espina clavada?

–He sido bien tratado por los curas. Los sacerdotes me han tratado con delicadeza, cariño y respeto. Y yo también a ellos.

–Ya ha tenido un pequeño encuentro con el papa Francisco. ¿Qué le ha transmitido?

–Me dijo que me divierta mucho siendo obispo. Y yo le pregunté: ¿Y cuándo lleguen los problemas, Santidad? Él me contestó: ‘Entonces, poco a poco, con soda’, que es una expresión que quiere decir gaseosa. Me preguntó cuándo me iba a ordenar, si estaba contento… Fue un minuto, pero te da la sensación de que le conoces de toda la vida y que eres su amigo de toda la vida. Es un hombre tan cercano, tan positivo…

–¿Hay alguna costumbre en la Diócesis de Teruel cuando entran los obispos?

–Que yo sepa, no. Estoy aprendiendo. Estuve con el colegio de consultores tres días. Me acogieron de maravilla. Es gente muy buena, se les ve, muy noble..., muy noble. Yo iré sobre el día 12 o 14, pero ya lo están preparando todo. Están muy preocupados para que la gente de Palencia se sienta bien. Son muy acogedores. Como la catedral de Teruel es pequeña, instalarán una carpa en el exterior para acoger a más fieles.

–Los obispos que vienen a Palencia pasan unos días antes en San Isidro de Dueñas. Creo que usted también va a ir.

–Voy a estar del día 2 al 7 de enero por la mañana, antes de acudir a la catedral a despedirme de la Diócesis. Voy a hacer los ejercicios ‘preepiscopales’. Quiero estar en silencio y en soledad esos días. Voy a hacer vida con los monjes. En la Trapa yo siempre me he sentido muy bien. En esos días me dedicaré a escribir las distintas homilías que voy a leer: la de la ordenación, la de la toma de posesión de Albarracín y la fiesta de Santa Emerenciana.

–¿Cómo han sido los contactos con su nueva diócesis?

–He estado con el colegio de consultores y han ido a verme los que llevan el grupo de jóvenes. Hay un grupo de jóvenes potente. El anterior obispo les regaló un monasterio de clausura en un pueblo que se quedó vacío de clarisas. Van todos los sábados allí. Se reúnen de cuarenta a setenta jóvenes. Por la mañana restauran el edificio y por la tarde tienen formación y oración. Lo llaman Casa de Emaús, y esto me ha tocado la fibra. Cuando les dije que mi lema será ‘Bajo el signo de Emaús’, se emocionaron.

–¿Se habrá empapado de datos de la Diócesis de Teruel y Albarracín?

–Entro todos los días en su página web y veo la cantidad de cosas que hacen y publicitan. Son muy de medios..., y muy solidarios.

–¿Cuáles serán sus prioridades cómo obispo?

–Servir… Entregar la vida… No puedo hacer ahora planes de episcopado. Voy a una Diócesis que no conozco, que lleva siglos funcionando. Yo estaré con ellos y se me ocurrirán cosas porque soy muy creativo, pero yo entregará la vida, eso lo llevo claro. Mi frase es entregar la vida. Me acercaré a ellos.

–¿Cree que la falta de vocaciones se puede invertir?

–Creo que Dios siempre llama, pero no se le escucha o no se quiere acceder a ser sacerdote o religioso. No sé si se invertirá, no en el número de antiguamente, porque ya no hay tantos hijos, y proporcionalmente las vocaciones responden al número de hijos en una familia. En Teruel hay cuatro seminaristas y los cuatro son colombianos, uno ya es diácono y el resto está en el último curso. La Diócesis tiene un acuerdo con otra de Camerún; vienen temporalmente jóvenes de allí y estudian en Valencia. Parece ser que uno de ellos se quiere quedar.

–¿Hacia dónde camina la Iglesia?

–A mí me parece que está en una buena etapa. La Iglesia no ha estado tan bien como ahora en su historia. Ahora la Iglesia tiende a ser humilde y pobre, y como eso es lo que apoya el mundo, creo que vamos por buen camino.