El Norte de Castilla

Fachada de la Pastelería Portillo.Marta Moras
Fachada de la Pastelería Portillo.Marta Moras

Palencia dice adiós a Pastelería Portillo

  • El establecimiento cierra este miércoles por jubilación después de más de 27 años endulzando la vida de la ciudad

La Pastelería Portillo ha colgado el cartel de cierre. El reconocido negocio familiar de la Calle Mayor venderá por última vez el próximo miércoles sus apreciadas hojuelas, hojaldres, amarguillos de almendra, pastas de té y otros deliciosos productos, incluido los helados de elaboración propia.

La familia Sanz, heredera de una tradición que iniciara el padre, deja el negocio por jubilación, lo que supone también el cierre del obrador de la calle Canónigo San Martín. Fue en esta calle –antes Regimiento Villarrobledo– donde Antonio Sanz instaló en 1954 el primer obrador de pastelería, según recuerda su hijo Luis Sanz, uno de los actuales propietarios de la pastelería.

El emprendedor Antonio Sanz se había abierto camino con los dulces dos décadas atrás, en 1934, cuando llegó a Palencia con las típicas zapatillas, los mantecados de Valladolid, que vendía por las casas, igual que se hacía entonces con los ajos, patatas u otros productos, y llegó a hacerse una buena clientela.

Este vallisoletano, que conoció aquí a Catalina Pérez, con la que luego se casaría, procedía de la localidad de Portillo. De ahí el nombre de los mantecados y de la pastelería que sus hijos abrieron en la Calle Mayor en abril de 1989.

Antes, la familia había fabricado en el obrador dulces y pastas que vendía a almacenes y en un puesto que tuvieron en la Plaza de Abastos. «Antes de los 14 años, ya iba por el obrador», afirma Luis Sanz, que ha dedicado toda su vida «a hacer dulces», y recuerda que ha vivido tres crisis económicas, «pero ninguna tan fuerte como esta».

De estas casi tres décadas, los mejores momentos para el negocio fueron los años 70, «una época floreciente en la que se vendían hasta las migas», indica Sanz, que también fue presidente de Asociación de Pasteleros de Palencia durante doce años. «También tuvo épocas de mucho movimiento, cuando celebrábamos la fiesta de los pasteleros y asistían hasta 80 y 90 personas».

La pastelería, que llegó a tener 12 trabajadores en los dos establecimientos, tiene ahora cuatro empleados, además de los copropietarios que también trabajan en el negocio.

En este tiempo, ha visto cómo la actividad en este sector ha mejorado, tanto en calidad como en los medios y la maquinaria, «que facilita mucho el trabajo». Este profesional señala que los hornos de leña han dejado paso a los eléctricos, que ahora se pueden controlar las fermentaciones y que, «salvo algunos secretos que hay quien no quiere revelar», se tienen muchos más conocimientos de pastelería y se han difundido mucho.

A falta de relevo generacional en la familia, se ha intentado traspasar la Pastelería Portillo, que en la Calle Mayor tiene la planta baja de la tienda y tres pisos, e incluye el obrador de helados y almacén. Aunque ha habido visitas de interesados, no se ha llegado a un acuerdo. En cuanto a calle Canónigo San Martín, dispone del obrador con toda la maquinaria.