El Norte de Castilla

«Mis situaciones más difíciles fueron dos intentos de suicidio con gas, nos la jugamos»

El sargento Pedro Cosgaya,que se jubila en dociembre.
El sargento Pedro Cosgaya,que se jubila en dociembre. / ANTONIO QUINTERO
  • Pedro Cosgaya, sargento del Parque de Bomberos de Palencia, se jubila tras 35 años de servicio

«Es un referente aquí, para mí es terrorífica su jubilación. La prevención en Palencia es Pedro», apunta Miguel Ángel Extremo, jefe del Parque de Bomberos de Palencia, al hablar de Pedro Cosgaya, sargento que se jubila el 5 de diciembre tras 35 años de servicio y que este martes recibirá en Miranda de Ebro la mención honorífica al Mérito de la Protección Ciudadana de Castilla y León por su modélica trayectoria. Pedro Cosgaya, de 59 años, natural de Báscones de Ojeda, se muestra muy satisfecho con el reconocimiento, pero lo hace extensivo a todo el Parque.

–Recibe en su adiós una distinción que premia sus 35 años de servicio...

–Lo agradezco mucho, aunque la recojo como algo colectivo, es el premio a una vida profesional que se reconoce en mí, pero que hago extensivo. Gracias a mis compañeros he podido hacer lo que he hecho.

–35 años habrán dado mucho de sí...

–Empecé como bombero en 1981, a los cinco años salió una plaza de sargento que era convocatoria libre, no de carácter interno, y la saqué. Seguí con intervención hasta que salió otra segunda plaza de sargento y ya pasé a prevención. Con el ‘boom’ de la construcción, venían por aquí un montón de expedientes de obras de viviendas que te comían la jornada entera.

–¿Lo suyo fue vocacional?

–No, entré con 23 años, estaba buscando trabajo y aprobé en bomberos y de guardia jurado en Renfe a la vez, pero no me atraía tanto y me quedé aquí. Me crié en un ambiente en el que el tema de los bomberos era algo muy ajeno, salí del pueblo con 11 años y di muchas vueltas. Trabajé en la construcción, luego estuve con un hermano mío y luego ya me presenté a las oposiciones.

–¿Ha cambiado mucho el servicio en estos 35 años?

–He visto la evolución del servicio como la de la propia sociedad. Era un servicio que estaba anclado en los 70, con gente mayor, y que a raíz de entrar los gobiernos democráticos avanzó un poco y empezamos a entrar gente más joven, mejoró la tecnología, la formación, se empezó a invertir y se compró mucho material y cambió la imagen del servicio. De un grupo de señores sin medios y con mucha voluntad y coraje se ha pasado a contar con otros medios, otra formación y una imagen distinta.

–También habrán cambiado los riesgos...

–Los campos de trabajo se han ampliado mucho, antes había riesgos que casi no existían y ahora hay riesgos muy diversos, el concepto que tiene la gente del servicio que se da es completamente distinto. Ahora una salida típica es ir a una casa a abrir una puerta porque hay una señora mayor impedida, o accidentes de tráfico que antes no se hacían. Ahora hay capacidad de intervención mucho más amplia, equipamiento muy mejorado que permite más eficacia y garantizar más la prevención, que antes no existía. Si yo doy formación a gente que sabe hacerlo bien, estoy quitando un montón de situaciones de emergencia, es una inversión inteligentísima. La gente nunca habla en las noticias de lo que es realmente un incendio, 180 grados te cambian la vida en media hora. Hay que informar bien para que la gente asuma el protagonismo de su vida, esa es la esencia de la prevención, es un antiborreguismo social.

–No tenía vocación, pero ahora le da vértigo irse...

–Siempre he tenido vocación de servicio público, siempre me ha atraído trabajar para la comunidad, esa tendencia siempre la tuve y cuando entré aquí, vi que tenía para cogérmela entera. Lo que más reconforta es cuando ves que los resultados son buenos, cuando ves que has resuelto una situación de emergencia y que le quitas un problema a la gente. Sí me da vértigo irme ahora, estaba formando a 900 alumnos cada curso desde hace cinco años, haciendo informes de obras, montando detectores en casa de los señores mayores, haciendo un catálogo de riesgos de edificios relevantes de Palencia...

–¿Qué situaciones de más riesgo ha vivido en estos años?

–Dos situaciones complicadas para mí fueron dos intentos de suicidio con gas. Te metes allí, que hay una persona viva, y hay que intentar sacarla, pero no controlas todas las variables. Si en ese momento se produce una pequeña chispa, estás metido dentro y lo sabes... Ahí sí que nos la estábamos jugando. Otros servicios duros para mí han sido cuando había víctimas que eran niños, en accidentes de tráfico. Esos servicios te duran unos días, se te queda una inercia emocional.