El Norte de Castilla

Una estatua para el santo

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Eucaristía de celebración de la canonización en la catedral. / ANTONIO QUINTERO

  • Los palentinos participan en una multitudinaria eucaristía de acción de gracias por la reciente canonización de san Manuel González

La estatua de San Manuel ya está bendecida desde ayer en la catedral, que acogió una multitudinaria eucaristía de acción de gracias por la canonización de san Manuel González, obispo de Palencia entre 1935 y 1940. En la eucaristía en la catedral de San Antolín, las Religiosas Eucarísticas de Nazaret (con la presencia de su superiora general, María Leonor Mediavilla, y representantes de las provincias de Madrid y Soria), que fueron fundadas por el nuevo santo, tuvieron un gran protagonismo. Presidida por el obispo, Manuel Herrero, la misa fue concelebrada por los prelados de Bilbao, Santander, Valladolid y Machiques (Venezuela), Mario Iceta, Manuel Sánchez Monge, Luis Argüello y Ramiro Díaz, respectivamente.

La imagen iconográfica de San Manuel González que presidió el altar es el retrato del santo que pertenece al Obispado de Palencia y que se conserva en el Seminario Mayor, pero que ayer ocupó un lugar destacado para acompañar también a la estatua que el escultor Martín Lagares ha creado para la ocasión. La imagen, bendecida al comienzo de la eucaristía, se ha creado para colocarla en la entrada de la capilla del Sagrario, donde fue enterrado el santo cuando falleció en Madrid en 1940.

El obispo de Palencia expresó la satisfacción de la Iglesia por la reciente canonización (el 16 de octubre) de san Manuel González, y parafraseando al cardenal Ratzinger, dijo que «no es fácil acercarse a la figura y a la vida de un santo, ya que solo Dios posee las llaves para entrar en el secreto de un alma dedicada a Él. Es más difícil todavía cuando ha vivido en una de las épocas más complejas y atormentadas de la historia de la Iglesia de España», señaló. En la parte final de la homilía, el obispo de Palencia abogó por la vocación religiosa. «Que nuestras familias sean una iglesia doméstica donde se viva la alegría del amor, que nuestros jóvenes se abran y descubran el gozo del Evangelio, que muchos cristianos correspondan a la llamada del Señor, que todos participemos en la eucaristía y que nos convirtamos en lo que recibimos», reseñó.

El 16 de octubre concluyó un largo proceso de santificación que se inició en 1952 –doce años después de la muerte del obispo–. Al año siguiente, se produjo el milagro que le llevó a la beatificación en 2001. La beneficiaria del milagro fue Sara Ruiz Ortega, de 18 años y natural de Requena de Campos, que padeció «una peritonitis a muerte».