Juan Manuel Castro, en uno de sus viajes por África.
Juan Manuel Castro, en uno de sus viajes por África. / Vicente L. Tofiño

«La fotografía es una filosofía, una forma de vida»

  • Juan Manuel Castro Prieto recoge este viernes en Palencia el Premio Nacional Piedad Isla de Fotografía

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Economista de Formación, la fotografía se cruzó en su vida y decidió dedicarse plenamente a ella. Tras ganar el año pasado el Premio Nacional de Fotografía –que recogió en junio en la catedral en un acto presidido por los Reyes–, este viernes regresa a Palencia para recibir el Nacional de Piedad Isla, que le ha concedido la Diputación.

–Creo que tuvo relación con Piedad Isla...

–En persona no la conocí, pero hablé por teléfono en varias ocasiones. Tengo un laboratorio donde amplío fotografías y ella me encargó algunas de las suyas.

–¿Cómo valora su obra?

–Era una persona admirable, no solo por su obra fotográfica, sino también por todo lo que representa. Fue pionera en muchos aspectos para aquellos tiempos. Fue también una grandísima fotógrafa, que además hizo una cosa que es importantísima, que fue recoger la memoria documental de todo lo que pasaba alrededor de su pueblo y de la Montaña Palentina. Muchas veces es más importante lo próximo que lo general. Quien tiene la responsabilidad y el compromiso de recoger lo que se pierde para el recuerdo son las personas que están en el territorio. Ella hizo una labor extraordinaria y su obra es de una calidad humana y fotográfica fantástica.

–¿Qué supone para usted recibir este premio?

–Es un orgullo unir mi nombre de alguna manera a Piedad Isla. Me dieron otro premio, el César Vallejo, y este es mi poeta favorito. Que te den un premio con el nombre de mi poeta favorito y otro con el nombre de una de las fotógrafas que tengo como favoritas es una satisfacción.

–¿Por qué un economista se mete a fotógrafo?

–La fotografía se me cruzó en medio de los estudios. Yo los terminé, pero tenía claro que lo que quería era vivir la fotografía, digo vivir la fotografía, no ganar de la fotografía, porque la fotografía es una filosofía, una forma de vida. Lo mejor que me ha podido ocurrir es que se me cruzara en el camino la fotografía. No me arrepiento lo más mínimo no haber trabajado de economista, al contrario.

–¿Aborda muchos temas en su obra, pero tiene alguno preferido?

–Normalmente, tengo varios proyectos abiertos. Por un lado, tengo la faceta de la fotografía de viajes, pero no la típica, sino la de recoger sensaciones o sentimientos de la vida cotidiana. Por otro lado, tengo otro trabajo que acabo de inaugurar en Madrid sobre Cespedosa de Tormes, que es el pueblo de mis padres. Es un homenaje a mis padres, a mis abuelos y también a mi tierra. Yo nací en Madrid, pero considero que ese es mi pueblo, porque toda mi familia proviene de ahí. El fotógrafo tiene que tener el compromiso de recoger lo que le es más cercano, mas próximo, y guardar esas fotografías para la memoria, para que en un futuro se sepa cómo se vivía y también para guardar tu propia memoria. Es una búsqueda de la memoria personal, pero también de los sueños, porque el fotógrafo tiene que añadir algo, no vale con ser un mero notario.

–¿Y qué es lo que aporta el fotógrafo a una imagen?

–Tiene que añadirlo todo. Primero tiene que saber captar la esencia, y lo tiene que hacer de una forma bella, tiene que hacer que quien vea esa fotografía sienta lo mismo que él ha sentido. El fotógrafo tiene que ser un transmisor de emociones y de sensaciones. Hay muchos fotógrafos que hacen fotografías que no dicen nada. La fotografía tiene que tener una parte de subjetividad tremenda con relación al encuadre, la elección de la luz, buscar y saber dónde está la clave.

–Hablaba de captar lo cercano, pero usted viajó a Perú...

–Por una hermosa casualidad del destino, en 1990 me encargaron para una exposición hacer las ampliaciones de las imágenes de un fotógrafo histórico de Perú, igual que era Piedad Isla. Se juntaron estos dos sueños casi imposibles en un mismo momento. Comienzo a viajar a Perú, me enamoro más si cabe de ese país e inicio un trabajo que me llevó once años, hasta 2001. Después, he seguido viajando al país y ahora mismo tengo un trabajo que llamo ‘Valle sagrado’, en el cual de otra manera estoy fotografiando el país, concretamente la zona de Cuzco y el Valle Sagrado del Cuzco.

–En los últimos años se ha potenciado la fotografía como un arte que se vende en galerías, que ha entrado a los museos y del que se celebran grandes exposiciones de grandes fotógrafos, ¿pero ocupa ya el lugar que debe?

–Digo lo que dijo otro compañero: ‘Si la fotografía no es arte, peor para el arte’. Se ha avanzado muchísimo y ahora, en cualquier feria de arte, te encuentras fotografía. Otra cosa es qué tipo de fotografía te encuentras, porque va por otro camino. Uno es el camino de la fotografía de verdad y otro es el camino de la fotografía que llaman artística. Este es otro tema, pero sí, actualmente hay un respeto al fotógrafo que antes no existía. A mí no me preocupa en exceso. Lo que el fotógrafo tiene que hacer son fotografías y el mundo del arte es otra cosa.

–¿Y qué diferencia esa fotografía de verdad y la fotografía artística?

–Fotografía artística es la que utiliza la fotografía como herramienta, no como fin en sí mismo; y fotografía pura, la de verdad, es cuando la fotografía tiene sentido en sí misma, no es una herramienta para algo, es decir cuando el fotógrafo se siente fotógrafo. Ahí está la clave.

–¿Cómo denomina a esa fotografía?

–Fotografía. Llámalo arte, llámalo como quieras… No hay que ponerle adjetivos. Piedad Isla hacía fotografías. Podía hacer fotografía de prensa, sociales, retratos, hasta paisajes, pero eran fotografías. No necesitaba pintar las fotos o mezclarlas con vídeo…