El Norte de Castilla

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Las socias de Nuestra Señora del Carmen trabajan el pasado miércoles en la confección de prendas de trabajo. / A. Quintero

Paredes de Nava mantiene tres cooperativas textiles

  • Las sociedades dan empleo a 31 mujeres de la localidad y de otros pueblos de Tierra de Campos

«Son la piedra angular del pueblo», afirma la teniente de alcalde de Paredes de Nava, Yolanda Diez Sánchez, en referencia a las tres cooperativas textiles que actualmente están en funcionamiento en la localidad y que dan empleo a 31 mujeres, la mayoría paredeñas, aunque también hay socias trabajadoras de pueblos próximos, como Becerril y Fuentes de Nava.

Aunque muy lejos del auge que tuvieron décadas atrás, las cooperativas han vuelto a cobrar peso como yacimiento de empleo femenino, y ello contribuye a fijar población y al impulso económico en la localidad. «Para el pueblo es importante que la actividad se mantenga en el centro, dentro del casco urbano, porque también hay una treintena de empleos en el matadero, pero son de otro tipo y ya está un poco más a las afueras», indica Yolanda Diez.

Al desmantelamiento que provocó el traslado de la actividad a países con mano de obra barata y luego la crisis, ha sobrevivido la cooperativa Manriqueña, próxima a cumplir cuarenta años. Creado en 1979, este taller da empleo a seis socias trabajadoras que confeccionan ropa interior femenina para un proveedor leonés, con el que mantienen el contrato de negocio desde hace 22 años. Su labor se centra exclusivamente en coser las prendas, puesto que los tejidos ya vienen diseñados y con los patrones cortados.

«En esta cooperativa éramos el doble de personas, pero sacaron la confección fuera de España y muchas mujeres se quedaron sin empleo y tuvieron que buscarlo en otros sitios, indica la presidenta, María Ángeles Fernández. Añade que ahora está resurgiendo la producción, porque se busca de nuevo la calidad para competir en el mercado, «pero los ingresos son los justos para pagar la cuota de autónomos y para nuestros sueldos». Con todo, tanto ella como sus compañeras de taller se muestran satisfechas de tener un trabajo, «porque en otro sitio no hay, y esto es lo que sabemos hacer y nos gusta».

La cooperativa Manriqueña está ubicada en las antiguas escuelas en las que se ha iniciado la restauración de la cubierta con una subvención de la Junta de 7.000 euros. En principio, esta sociedad no se plantea ampliar contratos. «Lo bueno sería que se arreglaran las escuelas y se instalaran nuevas cooperativas», expresa Carmen Asenjo, una de las trabajadoras, que considera que «tampoco estaría mal» que se instalara una empresa y contratara empleadas por cuenta ajena, «pero ahora, solo quieren el autoempleo, porque les resulta ‘un chollo’», afirma.

En otro significativo emplazamiento de la localidad se ubican las otras dos cooperativas, Nuestra Señora del Carmen y Campillo. Están en la Plaza de Abastos, llamada así porque este iba a ser el destino del edificio. Campillo es la de más reciente creación y la que más empleo ha creado. Constituido hace dos años, en el taller de Campillo se han integrado 17 socias trabajadoras procedentes de antiguas cooperativas que se vieron obligadas a cerrar, como Intercacia, Santa Eulalia y Carejas. Residen en la propia localidad, en Becerril y en Fuentes de Nava. El taller está dedicado también de confección de corsetería, lenceria y ropa de baño.

Un antiguo proveedor les propuso retomar la actividad, y las impulsoras, Ana María Asenjo, presidenta de la cooperativa, y la secretaria, Elena Alonso, se pusieron en contacto con antiguas compañeras que conocen la profesión y se lanzaron a crear la sociedad. «Va lenta, pero bien», define la presidenta, respecto a la experiencia. Tanto ella como la secretaria se muestran optimistas respecto a las perspectivas del negocio. «Creemos que es rentable, aunque de momento nos llega justo para cubrir gastos y pagar los sueldos», indica Asenjo.

La cooperativa se puso en marcha con fondos de las propias asociadas, mientras que las máquinas de coser son del proveedor. Posteriormente recibieron subvenciones de la Junta y de la Diputación, que han contribuido a financiar la instalación eléctrica, cuyo coste se eleva a 40.000 euros, dado que, además del alumbrado las máquinas son eléctricas.

Pese a que las condiciones laborales y salariales son ajustadas, las mujeres de estas cooperativas consideran que sigue siendo una fórmula válida para crear empleo tras «el bajón» de las últimas décadas».

Ana María Asenjo y Elena Alonso explican que la confección en España vuelve a ser rentable, porque ahora se lanzan menos unidades de cada diseño y porque se vuelve a buscar la calidad. «Y tampoco les sale más caro aquí que en otros países, se nos exige mucho para que resulte competitivo», aseguran.

Pero estos factores se ven compensados por otro aspecto al que las mujeres dan gran valor, el de poder conciliar el trabajo con la familia. «Siempre dije que si las cooperativas resurgían, yo me apuntaba con los ojos cerrados. Estoy al lado de casa, es un trabajo cómodo y limpio, y me permite salir a llevar a mis dos hijos al colegio», subraya Charo Plaza que había trabajado 18 años en la cooperativa Santa Eulalia, y en 2014 se incorporó al nuevo proyecto. Señala que «a petición de una mamá», se adelantó el horario de trabajo media hora, para salir a tiempo de recoger a los niños a las 14:30 horas.

En este aspecto inciden todas las mujeres de los talleres, y remarcan el hecho de que son ellas las que fijan población. Carmen Prieto, que se incorporó hace cinco años a la cooperativa Nuestra Señora del Carmen, después de haber trabajado en Palencia opina que «todo son ventajas: estoy en casa y tengo disponibilidad para llevar o recoger a la niña del colegio». Su compañera, Rosa Negrete, reside en Becerril, y ha acordado entrar más temprano a trabajar, para salir luego a llevar a sus niños al colegio y terminar más pronto al mediodía para recogerles.

En esta cooperativa, también ubicada en la Plaza de Abastos, trabajan ocho mujeres en la confección de ropa de trabajo para un proveedor de Burgos. Creado en 1988, en el taller se confeccionan prendas para trabajos en el exterior, en el interior de edificios, ropa de alta visibilidad, ignífuga o antiácidos, explica la presidenta y jefa de taller, Aurora Doncel. Las socias cosen las prendas ya cortadas, con un abanico de hasta cien modelos diferentes al año.

«Los proveedores se han dado cuenta de la mala calidad de la confección que encargaban fuera», afirma la presidenta. Indica que si la carga de trabajo sigue a buen ritmo, no descartan ampliar plantilla.

Este negocio creado hace 18 años con diez mujeres desempleadas que habían pertenecido a otras cooperativas, arrancó con la confección de prendas de vestir, y se han adaptado cambiando el tipo de manufactura en función de la demanda.

Nuestra Señora del Carmen ya tiene previsto acometer unas obras de ampliación en el taller, con 15 metros cuadrados más, que se destinarán a almacén.