El Norte de Castilla

«Me dio rabia saber que tenía cáncer de mama, me derrumbé y pensé en los niños»

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Erika Sánchez, este martes, en la plaza de San Miguel. / Antonio Quintero

  • Un año después del diagnóstico, Erika Sánchez ha superado una mastectomía, la radioterapia y la quimioterapia, y afirma que no se acuerda de la enfermedad

  • Esta palentina que ha accedido a contar su experiencia en el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, se muestra positiva y mantiene una vida activa

«Solo lloré ese día y el día de Navidad». Erika Sánchez se refiere al momento en que le comunicaron el diagnóstico de cáncer de mama. Lo hizo su médica del centro de salud, a la que acudió para conocer de una vez el resultado, después de que en el hospital le hubieran hecho varias pruebas y puesto que no le daban el resultado, a la espera de la siguiente cita. Va a hacer un año y esta paciente ha superado una mastectomía, el tratamiento de quimioterapia y luego el de radioterapia. Pero, además, ha afrontado el duro momento de comunicar a los más cercanos cuál era el diagnóstico, en una familia en la que acababan de perder a su tía a causa del cáncer.

Restauradora de profesión, separada y con tres hijos, esta palentina de 40 años que ha accedido a exponer su experiencia el el Día Mundial contra el Cáncer de Mama, es todo optimismo y espíritu positivo, pero no oculta que ha pasado momentos malos, particularmente aquella jornada en la que recibió un resultado que no se esperaba, porque desde que a primeros del año pasado se detectó un bulto en el pecho y acudió a revisión, el pronóstico apuntaba a que seguramente no sería cancerígeno, incluso cuando aparecieron otros. «Me dijeron que no me preocupara, que podía ser pecho poliquístico», indica.

Erika Sánchez acudió sola a las pruebas para no preocupar a la familia, y también fue ella sola al centro de salud cuando le comunicaron que tenía cáncer. «Me dio mucha rabia, porque no me lo esperaba. No me creía que iba a ser algo malo. Me derrumbé y solo pensé en los niños». Explica que salió llorando del centro de salud y se dirigió a la asociación contra el cáncer, aunque no encontró la las personas con las que quería hablar. «Al menos pude desahogarme con una amiga que me encontré cuando salía», indica.

Tampoco entonces se lo comunicó a la familia, y no lo hizo hasta saber el tratamiento y cuándo le iban a operar. «Mi hija mayor, de 15 años, es muy lista. Se lo expliqué y le advertí de que no dijera nada a su hermano, que se lo iba a contar yo. Pero se lo dijo, lo supe porque vi la cara del niño. Tiene 13 años y estaba asustado», recuerda la madre. Remarca que les insistió mucho en que «no me iba a morir y no les iba a mentir, porque ellos acaban de vivir la muerte de mi tía y todo el proceso del cáncer». Erika Sánchez comenta que más adelante se enfadaron porque no les dijo que le iban a quitar todo el pecho, incluso bromea con el comentario de la niña pequeña, de 8 años, «que pensó que me volvería a crecer, como el pelo».

Y tampoco fue fácil dar la noticia al resto de la familia. «Mi madre lo asumió con resignación, pero mi padre se acobardó, me quería llevar a Houston. Y mi hermano también se alarmó. Los hombres lo llevan peor».

Un año después, Erika da cursos de cocina, asiste a congresos, visita el restaurante familiar y asiste a clases de baile... «No me acuerdo de que he tenido cáncer y me encuentro bien. Creo que el balance es positivo y que he tenido suerte», afirma.

Atrás quedan los días en que no se podía levantar del sofá por el cansancio durante la quimioterapia, o los pesados viajes a Burgos para la radioterapia, el verano tapada para que no le diera el sol, y con un pañuelo en la cabeza porque no aguantaba la peluca. «No pensé que el iba a dar tanta importancia a mi aspecto físico. Aunque me dicen que el pelo corto está de moda y que me favorece, yo me siento muy expuesta con la cara tan descubierta». Añade que trata de buscar la ropa que le siente bien mientras decide sobre si se someterá a la reconstrucción del pecho.