El Norte de Castilla

«Hay quien considera la prostitución más barata y segura que un amante»

Octavio Salazar, profesor de Derecho Consttiucional de la Universidad de Córdoba.
Octavio Salazar, profesor de Derecho Consttiucional de la Universidad de Córdoba. / EL NORTE
  • Octavio Salazar, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba, pronuncia hoy la conferencia 'Por qué los hombres se van de putas' en la Casa Junco

Profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba y miembro de la Red Feminista de Derecho Constitucional y de la Red de Hombres por la Igualdad, Octavio Salazar imparte este martes en la Casa Junco, a partir de las 19:00 horas, la conferencia ‘Por qué los hombres se van de putas?, en la que, a través de referencias cinematográficas, planteará una reflexión sobre por qué los hombres van a los prostíbulos.

–¿Qué ejemplos de películas va a utilizar en su conferencia?

–El cine normalmente parte de la invisibilización de los clientes, hay muchas películas donde las mujeres prostituidas son protagonistas pero en la mayor parte de las películas los clientes aparecen de manera muy secundaria, tratados de manera muy acrítica, en ninguna película se cuestiona ese rol de sujeto prostituyente.He tratado de jugar con algunas películas obvias, como ‘Pretty woman’, porque me parece que representa el máximo ejemplo de la relación que se establece entre una chica que es prostituta y el prototipo elevado a la máxima potencia del sujeto masculino. Me centraré también en la película ‘Princesas’ de Fernando León de Aranoa, donde se da la visión tremendamente paternalista sobre estas mujeres y donde aparece la invisibilidad más absoluta de los puteros.

–¿Por qué van los hombres a los prostíbulos?

–Siempre que analizamos la prostitución, ponemos el foco en las mujeres prostituidas, cuál su situación, si hay que legalizar esas relaciones como una relación laboral más, si hay que protegerla, si hay que prohibirla... pero se nos olvida el elemento esencial de esa relación, la prostitución existe porque existen sujetos que acuden a ella. Hay que analizarlo desde el punto de vista de cómo el hecho de acudir a las prostitutas tiene que ver también con una determinada concepción de la masculinidad, de cómo la masculinidad hegemónica ha entendido las relaciones sexuales; de cómo, a pesar de que la prostitución puede suponer un atentado contra la integridad física o moral de las mujeres, hay muchos hombres que entienden que eso no tiene ningún tipo de consecuencia y forma parte de las relaciones habituales entre dos sexos, y de cómo incluso el ir de putas contribuye a definir y redefinir esa masculinidad. Ir de putas se convierte ahora en una especie de ceremonia colectiva y una manera de reafirmación de la virilidad.

–¿Hay un perfil tipo de ‘putero’?

–He seleccionado unas escenas de ‘El lobo de Wall Street’, que se desarrolla en el contexto de las finanzas y la bolsa, donde forma parte de las celebraciones de ese conjunto de hombres poderosos el contratar prostitutas y montar orgías y fiestas. Hay perfiles muy distintos: los hombres que van porque en su lugar de trabajo acaban convirtiéndolo en una celebración colectiva; los que están casados y lo utilizan como vía puntual para tener historias fuera del matrimonio, y el chico joven que va a probar, en una especie de iniciación sexual...

–Y el qué tiene necesidad sexual, imagino...

–Es una justificación que se da más a posteriori, que los hombres tenemos una especie de deseo irrefrenable de sexo y tenemos que acudir a los prostíbulos. Realmente, lo que pasa es que desde hace siglos la construcción de ese modelo sobre la masculinidad se ha construido en paralelo al de una mujer cosificada, a disposición de los deseos masculinos, instrumentalizada, y eso es lo que se ha perpetuado a lo largo del tiempo. Y en la época actual, que parece liberal en el sentido sexual, la prostitución, lejos de desaparecer, sigue estando muy presente, porque hemos entendido que forma parte de ese circuito también de libertades. Se lanza el argumento de que, si las mujeres se prostituyen, es porque libremente eligen ese camino profesional.

–Hay una imagen muy benévola del cliente de prostíbulos...

–La construcción tradicional de la virilidad ha dado por supuesto que un ingrediente de esa virilidad son las conquistas sexuales de un hombre, que se traducen incluso en cantidades. Eso es jaleado y reconocido por los pares masculinos, cuando lo que habría que plantearse es que, de esa manera, se está contribuyendo a que haya mujeres prostitutas y a que se mantenga ese negocio, con sus consecuencias terribles. En esta sociedad, donde hemos convertido el sexo en un elemento más de consumo, eso nos está llevando a que de alguna manera normalicemos acudir a la prostitución como parte de esa lógica del consumo, como ir a una discoteca o al cine.

–¿También los jóvenes?

–Sí, cada vez son más los chicos jóvenes que acuden a la prostitución, aunque parezca raro. Hay una conexión tremenda con las nuevas tecnologías que está favoreciendo que los chicos más jóvenes se mal eduquen en materia sexual a través de la pornografía que ven por Internet, y lo que se transmiten son unos modelos de relaciones sexuales tremendamente asimétricos, basados en el dominio y la explotación de ellas. Estos jóvenes luego quieren encontrarse en la realidad lo que antes han estado viendo en la pornografía a través de las redes. Donde lo encuentran, porque las chicas les dicen que eso no lo quieren, es en la prostitución. Seguimos sin educarles en materia de afectividad sexual, y de esa falta de referencias y formación viene el consumo de pornografía y prostitución y su banalización.

–¿Qué piensa de los que dicen que aunque recurren a prostitutas quieren a su mujer?

–Eso forma parte de esa doble moral que durante mucho tiempo se ha mantenido en países como España, mantener la prostitución como una especie de utilidad social. Hay mujeres que, aunque sus maridos se vayan de putas, mientras se mantenga el núcleo familiar estable y el orden de convivencia, son ciegas a esa realidad. Eso es terrible porque están manteniendo papeles de subordinación en el contexto familiar brutales. Hay muchos hombres que lo consideran además mucho más barato y seguro que un amante, porque se corren menos riesgos, está como más admitido a nivel familiar y desde el punto de vista económico resulta más ventajoso.

–¿Justifica en algún caso que un hombre acuda a la prostitución?

–Desde un punto de vista de las convicciones como yo las tengo, feministas y de una ética que trata de ser respetuoso con la autonomía e integridad de cualquier ser humano, me parece tremendamente censurable, porque hay una relación de explotación y poder donde el dinero es el que manda y el sujeto dominante es el varón y la mujer es la sujeto vulnerable y sometida. Yo no puedo sino posicionarme en contra de esa práctica, lo cual no quiere decir que no tenga una actitud tremendamente solidaria con las mujeres que están en ese contexto y con respecto a las cuales habría que desarrollar políticas de protección, ofrecerles alternativas...

–¿Qué soluciones hay a la prostitución?

–No se trata de penalizar y de victimizar aún más a las mujeres que están en la prostitución, habría que desarrollar estrategias públicas para tratar de ir reduciendo ese ámbito para todas esas mujeres que están ahí porque no tienen otra salida, y realizar una política de acompañamiento de las mujeres que están en ese mundo. Hay que hacer una labor social de concienciación sobre el papel del hombre muy importante, tenemos que ser los hombres los que empecemos a cuestionarnos eso. Hay que señalar al putero, hay que cambiar ese modelo de masculinidad que no se cuestiona esa violencia, porque la prostitución es al final un tipo de violencia.

–En algunos países se penaliza al cliente...

–Yo soy muy crítico con la utilización del Derecho Penal, pero la única medida legal que se me ocurre es penalizar al que usa esos servicios con una sanción administrativa. Aunque no tendría sentido si previamente no se hace labor de sensibilización y formación.