La llamada de la Montaña Palentina

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Ciervos durante la berrea en la Montaña Palentina, el pasado fin de semana. / EL NORTE

  • La berrea se renueva cada otoño como reclamo turístico con visitas guiadas en vehículos todoterreno

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A las 8:30 horas salen los todoterrenos desde el Parador Fuentes Carrionas, situado a escasa distancia de la localidad de Cervera de Pisuerga. No siempre se parte a la misma hora, depende de la hora del crepúsculo (del matutino y del vespertino, ya que también hay viajes por la tarde) pero también del clima, sobre todo la niebla, a tener muy en cuenta por la mañana. Por suerte para los viajeros, es un día despejado y pronto sienten la agradable temperatura que en ocasiones regala el otoño, sobre todo este año. La subida por Santibáñez de Resoba es empinada, pero los expertos conductores no tienen problemas en llegar hasta los diferentes altos. El auto está cargado de emoción. Los excursionistas están disfrutando del viaje. El paisaje es espectacular. El despertar de la Montaña Palentina se muestra frente a sus ojos con fastuosidad. Llegan las primeras fotos. Y muchas más seguirán, porque el recorrido está cargado de sorpresas.

A las 9:00 horas, la parada inicial. Ya se oyen los bramidos de los ciervos, los visitantes han llegado a la berrea. Todos se muestran bien despiertos, anhelantes de ver algún ejemplar, y si se halla próximo, más fascinación les causará. Pero si la distancia es larga, siempre están los prismáticos y los telescopios, que les ayudarán a traer a primer plano cualquier animal. «A los ciervos se les puede ver a 40 metros o a 400 metros», advierte Mario Lalanda, uno de los tres guías de la empresa Promoción Natural y Turismo Activo (PNTA) que acompaña los viajeros. Porque los animales son salvajes, impredecibles, nunca se puede estar seguro de donde estarán ni lo que estarán haciendo.

«Yo llevo siete años siguiendo cada otoño la berrea y aún no he podido establecer un patrón», admite Lalanda, que añade que «juegan al despiste». Por ello no se puede asegurar que se vayan a ver los venados, solos o en compañía. Sin embargo, la fortuna (y la experiencia) siempre les ha sonreído y hasta el momento no han dejado a ningún grupo de turistas sin ver a estos ejemplares en su entorno natural. «Solo recuerdo una ocasión en la que realmente lo pasé mal porque no encontrábamos ciervos, pero al final descubrimos a un rebaño bastante numeroso y todos nos fuimos contentos», confiesa Ana Rodríguez, otra de las guías de PNTA.

Rodríguez asegura que los turistas nunca se van decepcionados, muy al contrario siempre ven superadas sus expectativas. «La gente viene con idea de ver menos de lo que luego se encuentra y se asombran de muchas de las cosas que aparecen durante el paseo», apunta. Y no es de extrañar, pues se adentran en un paraje privilegiado, donde diversas especies salvajes tienen su hábitat natural y le pueden conceder al visitante la contemplación en directo de cómo se desarrolla algunos de los quehaceres de su vida diaria.

Y todo ello, localizado junto al radiante Valle de Pineda (que en una época se quiso hundir bajo las aguas de un embalse pero que, gracias a la lucha de varios opositores, entre ellos la fotógrafa cerverana Piedad Isla, se impidió ese desatinado proyecto), y rodeado de las refulgentes cumbres del norte palentino –Curavacas, Espigüete, Peña Redonda– divisadas desde el Collado de las Doncellas u otro de los puntos que se atraviesan durante la ruta, dentro de la cual se halla igualmente esa intrigante criatura que parece dormitar: ‘El Gigante de Valle Estrecho’.

Los más afortunados se toparán durante alguna de estas expediciones con esa escena que todos ansían descubrir: la lucha entre dos machos. Dichosos verán cómo esas portentosas cornamentas se golpean con arresto, mientras intentan adivinar cuál de los dos ciervos será el ganador, podrá reunir su harén y tener descendencia. Igualmente, con cierta mirada pícara, podrán encandilarse con la monta del macho a la hembra. Sí, también el acto del apareamiento puede contemplarse en este paseo. A veces los encuentros con animales son escasos, pero otras, muy numerosos y no solo con los cérvidos, pues en estos recovecos de las cúspides palentinas campean otras especies. Osos, lobos, zorros o jabalíes pueden aparecer ante los ojos o lentes de los paseantes.

«Nuestro propósito es que el cliente se vaya satisfecho, por eso no estamos con el reloj en la mano y que el recorrido dure más o menos, depende de los animales», aseguran desde PNTA, donde Irene Mediavilla es la tercera guía y conductora de este domingo. «No se garantiza nada porque no está en nuestra mano», señala. «A veces hay una berrea impresionante que se oye, pero no se ve nada por la niebla, pero nunca se han ido sin ver ciervos», asevera. «El que la gente se vaya contenta, te motiva», recalca Rodríguez, que subraya que «vienen a disfrutar y disfrutan, y muchos vuelven». «Queremos darlo a conocer y que la gente repita y de este modo crear desarrollo para la zona», agrega Lalanda.

PNTA es una de las pocas empresas que tiene permiso para adentrarse en vehículo con motor en el Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente Cobre-Montaña Palentina, 80.000 hectáreas de espacio natural protegido, para guiar a los turistas hasta diferentes áreas de la reserva. Algunos consideran que hay demasiada gente que acude a ver la berrea, pero Mario no está de acuerdo. Contrariamente, cree que faltan turistas. «Las pistas de acceso público sí están masificadas y necesitan una regulación, pero por el parque no hay masificación porque está regulado, no ves vehículos ni personas tampoco, aunque está abierto al andarín y el ciclista», declara.

La mayoría de los visitantes proceden generalmente del centro y norte de la península: Valladolid, Bilbao, Madrid y la provincia de Palencia, fundamentalmente. Curiosamente, aunque el Parador de Turismo, desde donde comienza este trayecto, está normalmente lleno de extranjeros, sobre todo ingleses, raramente se inscriben a ver la berrea. Los excursionistas de este domingo proceden de Bilbao, Madrid y Palencia, y confiesan estar muy satisfechos con la experiencia vivida. Se han visto diversos ejemplares: machos solos o acompañados, sentados o caminando por la ladera, semiescondidos o al descubierto, y todos en algún momento berreando; y también hembras, solas o acompañadas por otras hembras o algún macho.

Las fechas que determinan este periodo de celo se extienden desde el 15 de septiembre al 15 de octubre, pero naturalmente no son exactas, ya que dependen de las condiciones meteorológicas que prolongarán o provocarán el cese de los bramidos en la Montaña. Y con ello, la vuelta de los machos a su vida oculta y en solitario, mientras que las ciervas se cuidarán formando rebaños para que aquellas que estén preñadas den a luz unos ocho meses tras la monta, normalmente entre los meses de mayo y julio.