El Norte de Castilla

La residencia Puente de Hierro de Palencia impulsa la fórmula de vida en comunidad como un hogar

Usuarios y profesionales de la unidad de convivencia de la residencia Puente de Hierro, en la sala de estar.
Usuarios y profesionales de la unidad de convivencia de la residencia Puente de Hierro, en la sala de estar. / ANTONIO QUINTERO
  • El centro inicia las obras para crear una segunda unidad de convivencia para 16 personas

Viven como en un gran piso compartido, cada uno tiene su habitación individual con baño, donde tienen esa necesaria faceta de intimidad, y comparten sala de estar, cocina y comedor. Los mayores que residen en la unidad de convivencia de la residencia Puente de Hierro llevan un estilo de vida muy similar a la de una gran familia: ven la televisión los 16 juntos, juegan a las cartas o al parchís, charlan, discuten, se contentan… como en cualquier hogar. Un año y medio después de que se inaugurara la unidad de convivencia, donde viven 16 residentes, fundamentalmente mujeres y con un grado de dependencia de grado 2 y 3, el éxito de esta iniciativa ha llevado a la Gerencia de Servicios Sociales a proyectar otra segunda unidad similar, también para 16 internos, cuyas obras de construcción han comenzado ya con un presupuesto cercano al medio millón de euros.

El modelo se incluye en el programa ‘En mi casa’, que evidencia que las personas mayores con dependencia de terceras personas para las actividades de la vida diaria pueden dirigir su propia vida de acuerdo a sus expectativas y deseos. «Se trata de una metodología basada en la persona. Ellos toman decisiones, se respetan sus preferencias , se promueve su autonomía…», indica el director de la residencia, Mariano Sahagún. Todo ello se logra, en primer lugar, con una serie de elementos arquitectónicos que intentan asemejar el espacio a una gran vivienda. Colores claros, estancias muy luminosas, decoración acogedora y pequeños detalles que lo asemejan mucho a un hogar como una mascota que es un pajarito o una pecera y, por supuesto, las inevitables plantas.

Carmen, Honorino, Justa, Teodorina… Los 16 integrantes de esta primera unidad de convivencia son una pequeña familia. Se levantan y desayunan juntos. Luego, unos bajan al fisioterapeuta, al logopeda… otros se quedan haciendo punto o jugando al parchís… otros optan por los puzzles, el periódico o una rutinaria charla. Algunos reciben las visitas de sus hijos o familiares allí mismo, como si fuera su casa, y a cualquier hora. «Pueden bajar al comedor común, pero al final todos optan por comer juntos aquí, para ellos es un ambiente mucho más acogedor, como si fuera su casa», agrega el director.

La denominada unidad de convivencia tiene connotaciones hogareñas no solo por la distribución espacial, la decoración, los horarios, la distribución de tareas o la forma de vida. También son diferentes los elementos organizativos. Se crea la figura del profesional de referencia, un trabajador que asume la responsabilidad de convertirse en el valedor de la persona y le atiende e interpreta con una imagen más cercana que incluso se aleja de los viejos uniformes. «Cada profesional de referencia tiene asignados dos o tres usuarios. Propone qué actividades son más significativas para cada persona, elabora lo que se conoce como su proyecto de vida, con sus recuerdos y preferencias, detecta sus preferencias, sus dificultades... Es como su guía, de alguna manera. Y, según su historia de vida y su situación actual, les crean su pronto de vida, donde se recogen las preferencias, las aficiones, los gustos...», agrega el director.

La unidad de convivencia de la residencia Puente de Hierro funciona desde comienzos del verano de 2015. Está integrada por 16 usuarios, una cifra que en principio se mantendrá fija para todas las unidades de estas características que se pongan en marcha. Se reparten en once habitaciones, la mayor parte de ellas individuales. «Se trata de un lugar donde la mayoría quieren estar. Durante este año y medio, se han producido cinco fallecimientos y siempre tenemos gente esperando para poder entrar a vivir en la unidad de convivencia. Esto es la mayor muestra de que ha sido un éxito», agregó el director.

Precisamente ese éxito es lo que ha llevado a la Gerencia de Servicios Sociales a ampliar la fórmula. Esta semana se han iniciado las obras de la segunda unidad de convivencia, que costarán medio millón de euros y que prácticamente repite el modelo del actual en todas sus facetas. El objetivo a más largo plazo es convertir el centro en diversas unidades de convivencia que conviertan al edificio, con 40 años de antigüedad, «en la mejor residencia de Castilla y León».