El Norte de Castilla

Abilio Calderón Rojo, a la izquierda, con el también político José María Gil Robles. R
Abilio Calderón Rojo, a la izquierda, con el también político José María Gil Robles. R / egión Editorial

Abilio Calderón revisado

  • Un libro resalta la imagen más política e ideológica del histórico ministro

La figura del político palentino Abilio Calderón Rojo (con busto, plaza y puente en la capital, por no citar los numerosos honores en la provincia) ha tenido hasta ahora biografías que son en realidad hagiografías, textos que ponderan más su trayectoria y sus aportaciones a la provincia de Palencia, que fueron muchas. Ahora, por primera vez, se enfrenta a una biografía que resalta aspectos más ideológicos que ensombrecen esa trayectoria.

El estudio ya sitúa en el título dos palabras que son significativas de esta visión (o revisión) crítica. ‘El cacique de Grijota abraza el fascismo. Ideología e imagen de Abilio Calderón Rojo’, que ha salido a la luz con el sello de Región Editorial escrito por Ricardo Hernández García, Javier Moreno Lázaro y José Luis Sánchez García, promotor este último de la editorial.

El propio editor reconoce que la idea de sacar adelante esta edición fue la de difundir el texto de Alfonso Camín: ‘España a hierro y fuego’, editado en México en 1938. «El autor es un periodista asturiano al que pilla el golpe del 36 justo en Palencia, por lo que describe los hechos de primera mano. No es obra inédita aunque incomprensiblemente ignorada, e igual de dura que reveladora», explica José Luis Sánchez.

Abilio Calderón Rojo nació en Grijota el 22 de enero de 1867 en el seno de una familia dedicada a la industria harinera y vive «ininterrumpidamente de la política y sus alrededores» –puntualiza el editor– desde 1892 hasta que muere el 10 de junio de 1939 en Palencia, como diputado y en altos cargos, incluido ministro dos ocasiones: de Fomento entre julio y diciembre de 1919 y de Trabajo, Comercio e Industria de marzo a diciembre de 1922. José Luis Sánchez recuerda que a Calderónn Rojo le gustaba mucho más decir en los mítines que era un simple agricultor: «Yo soy agricultor, y no he vivido nunca del balduque [es decir, de la política], sino de mi trabajo», fue una de las frases que se le atribuye, según el editor.

Cada autor del libro ofrece una visión del político. Para José Luis Sánchez, «es la ejemplificación perfecta del caciquismo y de la deriva de estos representantes de la derecha autoritaria hacia el fascismo que hubo en España antes de la guerra civil, que se dieron cuenta muy pronto de que con la República no sería posible mantenerse como hasta ese momento, lo que fue un caso aislado». Javier Moreno insiste en la palabra cacique, aunque «iletrado, oportunista, alérgico a toda muestra del intelecto y tosco en los modos». Por último, Ricardo Hernández destaca que amasó «una importante fortuna gracias a la política, no a la actividad harinera». «Lo más llamativo es que los historiadores, hasta ahora, habían pasado de puntillas sobre el posicionamiento de Abilio Calderón en la guerra civil. Es como si no la hubiese vivido. Y sí, sí la vivió y se posicionó desde el primer instante con el bando franquista», apostilla.

Excesivo temor

José Luis Sánchez añade que hasta ahora «se ha tratado la figura de Abilio Calderón con excesivo temor, un temor reverencial, diría que casi divino». «Aun hoy día hay quien te habla en voz baja sobre este asunto, como suavizando su paso por la dictadura ‘primorriverista’, y desde luego borrando toda traza de participación en su ataque frontal a la República e intervención en la sublevación y en la guerra civil del lado de los sublevados. Aquí, queda al desnudo. La forma en que se desentiende del fusilamiento de Casañé (presidente de la Diputación Provincial), habiendo sido su padre principal valedor suyo en Palencia, da escalofríos. Leer este pasaje en las páginas de Camín es espeluznante», relata el promotor de Región Editorial.

Sobre el texto de Camín, Javier Moreno añade que los tres historiadores lo arroparon con textos complementarios «fruto del hartazgo acumulado que provocan las loas que –de izquierda a derecha– ha recibido Calderón». «La verdad ocultada por unos y por otros», remacha.

Los tres autores mantienen la tesis de que Abilio Calderón fue, por un lado, un cacique y por otro, que abrazó el fascismo. «El paso del caciquismo al fascismo fue el camino natural de aquellos políticos en el macho como Calderón», asegura José Luis Sánchez.

«Su evolución política es lineal y ascendente hacia las posiciones que más le beneficiaban en cada momento, guardando muy bien la ropa. El conde de Vallellano le soltó en su propia cara que él jamás llegaría a ser un cacique nauseabundo, aunque acabaran de la mano para derribar a la República y atravesar juntos la guerra civil. En su época ya era conocido como tal, aunque llamarle cacique entonces podía traer complicaciones, por eso se daba un rodeo y se le calificaba de ‘emperador de Grijota’ y un largo etcétera de apodos: el más conocido en Palencia es ‘cerrojo’ y en Madrid, ‘el duque de Mantua’. Las brutales agresiones, por ejemplo, al concejal socialista Victoriano Zarzosa permiten hacerse una idea de lo que suponía cruzarse en su camino (casualmente, es uno de los primeros vecinos a los que levantan y fusilan)», matiza el editor.

Por su parte, Javier Moreno añade que «Calderón ejemplifica cómo los caciques de la Restauración supieron acomodarse al ‘statu quo’ nacido del 18 de julio de 1936, haciendo suyos los postulados de los golpistas. Comenzó a simpatizar en 1922 –siendo ministro de Trabajo– con el fascismo italiano. Sucumbió a la ‘magia’ de Mussolini. De ahí al franquismo hubo un paso», agrega Javier Moreno.

Los autores de ‘El cacique de Grijota abraza el fascismo’ mantienen una visión crítica de las aportaciones de Abilio Calderón a la capital y a la provincia. Para José Luis Sánchez, lo que hizo el político por Palencia «podría resumirse en sus eslóganes y cómo los adapta a los tiempos», y cita desde ‘Todo por Palencia y para Palencia’ a ‘Palencia para los palentinos’. «La lista de cadáveres que deja en la cuneta, antes de la guerra civil se sobreentiende, es muy significativa. Hay una muestra, no exhaustiva, en el libro de cómo se hace palentinismo, provincianismo», asegura el editor. Igual de crítico se muestra Javier Moreno: «Los políticos no hacen nada por sus circunscripciones más que cumplir el mandato popular de mejorar el bienestar de su población. Palencia hizo mucho por Calderón encumbrándole. Él por Palencia, si acaso, su deber. Y más bien poco. Si tan prodigiosa fue su labor en pro de Palencia tras ocupar dos ministerios, ¿por qué estamos como estamos?», se pregunta Moreno.

Por último, Ricardo Hernández asegura que Abilio Calderón «controlaba todos los resortes del poder, así que todo lo que se hacía era gracias a él». «A pesar de ello, la provincia de Palencia nunca destacó por su desarrollo económico, precisamente. Todo lo contrario. La provincia de Palencia sí que le sirvió de mucho a él», matiza.

La actividad empresarial de Abilio Calderón la analiza Javier Moreno, experto en esta actividad industrial en la provincia. «Era un harinero sin más pretensiones. Trabajaba con plena certidumbre en un sector donde la protección arancelaria y los precios mínimos garantizaban un beneficio mínimo. No tenía el espíritu empresarial ni el arrojo de los Arroyo», asegura.

Una de las aportaciones del libro escrito por Hernández, Moreno y Sánchez es la revelación del diario que escribió en la cárcel Matías Peñalba, que fue alcalde de Palencia cuando comenzó la guerra. Este documento es inédito, según José Luis Sánchez. «Tuve ocasión de verlo dentro de la caja de hojalata en que se lo entregaron a su familia con otros objetos, como un crucifijo que le darían para morir cristianamente, unos calcetines doblados y un pañuelo ensangrentado, cuando escribí una ponencia al congreso de historia ‘Masonería, revolución y reacción’ en 1989», recuerda el historiador y editor. «Entonces no me pareció el momento de publicarlo. Ahora, gracias a la generosa colaboración de la familia y en particular de su bisnieta, Mercedes Peñalba, también historiadora, ha sido posible», puntualiza.