El Norte de Castilla

Carmina Pérez junto al Monumento a la Mujer Baltanasiega.
Carmina Pérez junto al Monumento a la Mujer Baltanasiega. / Luis A. Curiel

Pérez Morilla, maestra del folclore

  • Varias alumnas abogan por dar un reconocimiento a Carmina por su esfuerzo para mantener vivas las tradiciones

Hay personas que dejan huella en la historia y que a veces pasan desapercibidas, en silencio, en el anonimato. Es el caso de Carmen Pérez Morilla (1932), Carmina, natural de la localidad zamorana de San Martín de Valderaduey, aunque se siente palentina por los cuatro costados, pues desde niña ha vivido en la capital. Contrajo matrimonio con Ángel Suárez y de su unión nacieron cinco hijas.

Carmina es una amante de la cultura tradicional, especialmente de la danza y el folclore típico palentino, por el que trabajó con empeño durante varias décadas, y gracias a su empeño se formaron numerosas generaciones de palentinos que hoy todavía siguen haciendo gala de las jotas de esta tierra. Desde muy niña ha disfrutado con el baile y las danzas y se especializó en Educación Física, siendo una de las primeras promociones en obtener el título en esta disciplina.

Por ello, Carmina estuvo un año interna en El Pardo, concretamente en la Escuela de Santa Teresa que dirigía Pilar Primo de Rivera, lo que le permitió especializarse en Educación Física y organizar, posteriormente, actividades relacionadas con las danzas en los distintos colegios de Palencia. Muchos grupos de danzas de la provincia y capital surgieron gracias a la aportación y empeño de la Sección Femenina, quedando la mayoría de ellos en el letargo tras su desaparición.

Carmina formó parte del Grupo de Danzas de Sección Femenina y fue una entusiasta de la obra llevada a cabo y de lo que aún podría realizarse, por lo que puso todo su empeño para evitar la pérdida total. Corría el año 1979 y una de sus primeras acciones fue reagrupar a los danzantes que comenzaban a desperdigarse, dando lugar al Grupo de Danzas de Palencia, formado por personas procedentes de Sección Femenina y Educación y Descanso, recuperando de este modo variadas danzas folclóricas, en muchos casos prácticamente olvidadas, de la provincia de Palencia.

El siguiente paso fue trasladar la falta de medios para continuar con el proyecto a Maritina Calleja, directora del Departamento de Cultura de la Diputación, concertando un encuentro con el presidente de la institución, Emilio Polo Calderón, que mostró su apoyo total y animó a continuar con esta labor, constituyéndose de esta manera el Grupo Provincial de Danzas de la Diputación, en cuyas dependencias del Palacio Provincial realizaron sus ensayos dirigidos por Carmen Pérez Morilla, que contó con el total apoyo de María Jesús Feijoó Milano.

Junto a este grupo se creó la Escuela de Danzas. En 1980, el Grupo de Danzas de Palencia recibió la obra completa de Guzmán Ricis, autor del himno a Palencia, de manos de su hijo Antonio Guzmán, que puso a disposición del grupo música y letras de las obras del folclore palentino recopiladas por el maestro Guzmán Ricis.