El Norte de Castilla

Castillo de Fuentes de Valdepero.
Castillo de Fuentes de Valdepero. / El Norte

De castillo al archivo

  • La fortaleza de los Sarmiento, en Fuentes de Valdepero, combina el uso turístico con el depósito de documentos

A escasos kilómetros de la capital palentina se encuentra Fuentes de Valdepero, una localidad de la que ya habló Jovellanos en su obra ‘Diario’, donde asegura que es «un pueblo de doscientos vecinos» y que «tiene un hermoso castillo con dos torres redondas, buenos merlones, una cortina y otras dos torres no acabadas». Ya desde la carretera, lo primero que un turista ve al acercarse al municipio es la majestuosidad de su castillo, una fortaleza del siglo XV que perteneció a la familia de los Sarmiento. Un lugar vivo, donde cada semana, de martes a domingo, María Luisa Martín Juárez y Victoriana Porral Alegre, las guías, esperan a los turistas para mostrarles el interior del edificio durante casi 60 minutos. Hoy en día, tras ser adquirido en 1995 por la Diputación y restaurado, se ha convertido en sede del archivo de la Diputación.

El denominado castillo de los Sarmiento es un monumento turístico que permite generar actividad en Fuentes de Valdepero, y así lo atestigua el paso de más de 4.800 personas en este año. Este dinamismo se consigue en gran medida por la celebración de eventos culturales, como las exposiciones que alberga en su interior o el ciclo de magia que organiza la Diputación, que comenzó en la propia fortaleza, pero ante la gran afluencia de público se trasladó a la plaza del municipio.

Las actividades que se organizan tanto en el municipio como en el castillo se pueden inscribir dentro del turismo familiar, sobre todo gracias a la exposición ‘Plastihistoria’ instalada en la Cámara Alta del fortín gracias a la institución palentina, con la que se trabaja para convertirla en una exposición permanente. A través de doce escenas realizadas en plastilina se pueden observar algunos de los monumentos más importantes y significativos de la historia de la provincia y de sus personajes.

La historia de este castillo, considerado durante mucho tiempo el más importante de Castilla, es extensa y peculiar y está íntimamente ligada al linaje de los Sarmiento. El comienzo de su construcción, por orden de Diego Pérez Sarmiento III, se sitúa entre 1442 y 1465. Su autoría se atribuye a la escuela de Valladolid, en concreto al mismo cantero que realizó las torres de Portillo, Fuensaldaña, Peñafiel, Torrelobatón y la parte baja de Belmonte de Campos.

El edificio llama la atención de los turistas desde el primer momento, junto con su calabozo y las vistas que ofrece desde la torre del homenaje de 25 metros de altura. Sin embargo, para María Luisa Martín Juárez, guia del castillo, lo más llamativo es la zona de vigilancia del patio de armas, debido a que era el antiguo emplazamiento de un palacio. La guía aclara que es su lugar favorito porque supone un reto explicar al visitante aquello que no se puede ver, debido a que actualmente ese palacio ha sido sustituido por el archivo de la Diputación. La titularidad del edificio ha pasado por diferentes manos desde que lo mandara construir Diego Pérez Sarmiento III, incluso fue propiedad de los comuneros hasta su derrota en Villalar y posteriormente de la Casa de Alba, presente hasta su desvinculación en 1874 a raíz de la venta de Jacobo Fitz James Stuart.

Los siglos XIX y XX fueron un punto clave en la decadencia del castillo debido a su abandono, expolio y destrucción parcial. Los propietarios no lo podían mantener y los vecinos lo usaban como almacén de aperos de labranza. A pesar de la creación de la Ley de Bien de Interés Cultural para proteger los castillos nacionales no se actuó en su recuperación. Fue a partir de la transición democrática cuando cambió el concepto de valoración y conservación del patrimonio, con lo que se comenzaron a realizar diferentes estudios de valoración y catalogación, por lo que el castillo fue declarado en ruina.

La situación cambió de manera drástica para mejor gracias a la colaboración, en 1995, de la Asociación de Amigos del Castillo y Monumentos de Fuentes de Valdepero, que facilitó la adquisición por parte de la Diputación provincial para apoyar de manera económica, técnica y humana las labores de rehabilitación y puesta en valor del monumento. Estos trabajos se han realizado durante catorce años a través de distintas escuelas taller, con módulos de carpintería, cantería y forja.

Uno de los primeros frutos llegó en el año 2005 cuando se inauguró la nueva sede del archivo de la Diputación. La ubicación escogida fue el patio de armas para otorgarle una utilidad turística y dotarle de valor añadido. Hasta aquí se trasladaron los documentos que albergaban los sótanos del Palacio Provincial. Con tres plantas, más de seis kilómetros de estanterías y una disponibilidad inmediata de 2.500 metros lineales, el edificio de ha convertido en un espacio ideal para consultar información histórica.

No todo es historia. Al igual que otras antiguas fortalezas, esta tiene su propia leyenda. Los vecinos de Fuentes aseguran que existió una espada cuya empuñadura, envuelta en un pergamino, se alojaba dentro del muro. Esta se podía ver en el patio de armas, donde sobresalía la hoja de acero. Se trataba de un símbolo de jurisdicción criminal del señor sobre los vecinos, aunque otros dicen que tenía una finalidad macabra: ajusticiar a los condenados a muerte al ser arrojados desde las almenas sobre su hiriente filo. El arma era propiedad de Bernardo del Carpio, considerado un personaje legendario de la comedia ‘Las mocedades de Bernardo del Carpio’ de Lope de Vega.