El Norte de Castilla
Uno de los bloques de viviendas afectadas, en la Avenida de Madrid.
Uno de los bloques de viviendas afectadas, en la Avenida de Madrid. / Antonio Quintero

Varios vecinos enfrentados a familias gitanas forman una asociación

  • Los afectados reclamanal Ayuntamiento y a la Junta soluciones al problema de convivencia que mantienen desde hace años con realojados

Después de años de protestas, quejas y denuncias, varios vecinos de diferentes puntos de la capital palentina han decidido formar un frente común ante los conflictos de convivencia que mantienen con familias de etnia gitana que fueron realojadas hace ocho años en distintas comunidades de viviendas tras el derribo de las antiguas casas de La Tejera. «Nos habíamos estado quejando por separado y hemos decidido unirnos para ver si así el Ayuntamiento y la Junta toman medidas», indicaron ayer los miembros de la denominada Asociación de Afectados por la Depreciación de sus Viviendas.

En la agrupación hay propietarios de pisos de la Avenida de Madrid, de la calle Doña Jimena, de Guzmán Ricis o de la avenida de Castilla. Hay otras zonas en las que se realojaron familias gitanas, pero, según la asociación, los vecinos no quieren que se den a conocer, por miedo. Y es que, según exponen los afectados, los continuos problemas con las familias gitanas han hecho huir a los propietarios que han podido, y los que quedan no pueden vender su piso «porque nadie quiere convivir con ellos», aseguran los integrantes de la asociación, entre los que está José Luis Alegre. Este es uno de los vecinos que desde el principio ha hecho públicas sus quejas, pero la mayoría prefieren que no figuren sus nombres, «también porque tenemos miedo», según dicen.

El temor se debe, según insisten, a que las familias gitanas «nos amenazan, incluso ha habido agresiones físicas», asegura la esposa de José Luis Alegre, quien, precisamente, tiene pendiente un juicio por una agresión de sus vecinos de etnia gitana, a los que denunció. Indica que tuvo con ellos una refriega y, aunque ella se defendió, sufrió arañazos.

Las amenazas llegan a ser graves, según señala el grupo de vecinos afectados, con expresiones como «te rajo» o «te voy a quemar vivo». A ello se suman los insultos y los continuos desperfectos que causan en los bienes públicos y privados.

Catálogo de daños

Entre los daños que citan están la rotura de porteros automáticos, de buzones, la manipulación de contadores de la luz, la ocupación «para ellos solos» de las antiguas carboneras, que ahora son un espacio común de varios portales, o subir y bajar por las tuberías del gas y arrancar en su vivienda la caldera del gas. Añaden que cuando se les llama la atención, surgen los insultos y amenazas, «y se vengan rayando el coche o rompiendo algo». Debido a ello, incluso muchas empresas de limpieza se niegan a trabajar en sus portales, aseguran los afectados.

La continua tensión de los vecinos con las familias gitanas ha provocado que algunos residentes hayan tenido que acudir a tratamiento psiquiátrico y se les haya prescrito «salir del piso». Asimismo, el propio José Luis Alegre muestra un informe médico en el que se hace constar que sufre «insomnio y ansiedad, agravados por los conflictos vecinales desde hace años».

Los afectados han dirigido escritos al alcalde, Alfonso Polanco; al delegado de la Junta, Luis Domingo González, y a los portavoces de los grupos políticos municipales, e incluso al presidente provincial del PP, Carlos Fernández Carriedo. «La respuesta ha sido nula», subrayan.

La asociación señala que después de estos años «ha quedado demostrado que el plan de integración es ineficaz». De hecho, todas las intervenciones de servicios sociales, incluso con mediadores, no han dado resultado. Por ello, reclaman una solución a los responsables de la Junta y al Ayuntamiento, «porque ellos aplicaron el plan de realojo y les financiaron las viviendas». Aseguran que no se trata de racismo, puesto que en los bloques viven personas de otros países y otras razas con las que no hay problemas.