El Norte de Castilla

‘La Piedad’ encuentra su destino

'La Piedad', obra de Victorio Macho, a su llegada a Toledo. / real fundacion de toledo
  • Toledo acoge la escultura del palentino Victorio Macho al adquirirla el Estado en 2007 tras estar 41 años desaparecida

Una de las numerosas obras que el palentino Victorio Macho hubiera anhelado tener en la amplia colección donada a su muerte en 1966 al Estado, junto a la propiedad de la Casa Museo de Roca Tarpeya de Toledo, situada a orillas del Tajo, es sin duda la escultura denominada ‘La Piedad’. De sus 95 años de existencia, frente a otras creaciones artísticas destacadas y documentadas, se ha sabido muy poco cuando ya se diseñan para 2016 los actos conmemorativos del centenario de la muerte de uno de los artistas más destacados del siglo XX en España, Europa e Hispanoamérica.

El encargo fue hecho en 1917 por el doctor Jacinto Megías –con el que el Macho mantenía una estrecha amistad– para situar la obra en el Instituto Llorente de Madrid, sede de una clínica dedicada al tratamiento y curación de los niños enfermos de difteria, creada en 1894 por su tío el doctor Vicente Llorente. La Real Fundación de Toledo –depositaria de ‘La Piedad desde finales de 2007 tras adquirirla el Estado a sus propietarios– completó a primeros de mayo un estudio sobre esta poco conocida escultura y facilitó los datos a la agencia Ical para su divulgación. Poco después de documentar toda su curiosa historia, la designó ‘pieza del mes’.

De la información que se conserva en el Archivo de la Casa Museo de Roca Tarpeya en la ciudad imperial, se desprende que ‘La Piedad’ se colocó en 1921 en el Instituto Llorente de Madrid, donde estuvo los primeros ocho años a sus puertas. Tras sucesivas apariciones y desapariciones en manos de sus dueños, fue adquirida finalmente por parte del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte para su adjudicación al Museo de Victorio Macho, donde hoy se exhibe en un recinto que recibe unas 70.000 visitas anuales.

La pieza artística atravesó un dilatado periodo de incertidumbre con varios traslados entre dos edificios distintos, sin que al menos durante 41 años –entre 1929 y 1970– se pudiera documentar su paradero. Entre tanto, hubo un breve paso por dos exposiciones en Madrid y Palencia; un depósito temporal de seis años en el jardín del Museo Español de Arte Contemporáneo; y otros diez años más sin exhibirse guardada en los almacenes del Museo Reina Sofía.

En suma, se trata de una situación similar a la que sufre el legado artístico de Victorio Macho oculto en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia de Lima (Perú). Junto a una sala que lleva su nombre –donde trabajó de 1940 a 1952 en el exilio de la Guerra Civil–desde hace 62 años existen seis piezas únicas. Están abandonadas en un almacén sin exhibición pública y fueron hechas en molde de escayola, donándolas el artista palentino al Gobierno peruano al volver a España.

Segunda ubicación

La historia de ‘La Piedad’ comienza a complicarse a partir de 1929, cuando el Instituto Llorente –que fue su primera ubicación– se trasladó a un edificio en la carretera del Pardo, en unos terrenos de propiedad real, en el kilómetro 24,9 de la M-30, entre el río Manzanares y el hipódromo de la Zarzuela de Madrid. A pesar del cambio, la escultura no llegó allí hasta 1970 y es muy previsible que antes –y en un periodo que duró 41 largos años– quizás se quedase abandonada en el interior del antiguo edificio de la madrileña calle de Ferraz, que fue cedido a la familia por el Ayuntamiento.

Patrimonio Nacional –que pasó a gestionar en 1986 la nueva instalación del Pardo tras cesar el contrato de alquiler de los laboratorios Llorente– confirmó a Ical que no tenía constancia de que ‘La Piedad’ se hubiera quedado unos meses junto a unos restos de cemento apilados en el patio con mezcla de amianto, que tuvieron que ser retirados en años sucesivos por ser contaminantes.

En abril de 1986, con motivo del cambio de titularidad de los terrenos del segundo edificio que acogió desde 1929 el Instituto Llorente, la familia heredera de la escultura de Victorio Macho propuso su compra por primera vez al director general de Bellas Artes del Ministerio de Cultura. Se fijó un precio de venta mínimo de diez millones de pesetas (60.000 euros) y se trasmitió la intención de iniciar los trámites para que la obra fuese protegida conforme a la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985.

Como fruto de esta propuesta, el 30 de mayo de 1986 la obra se libró de quedar de nuevo abandonada e ingresó en el Museo Español de Arte Contemporáneo de Madrid, en calidad de depósito temporal a la espera del posible acuerdo de compra, aunque éste no llegaría hasta 19 años después. Luego se propuso la inclusión de la obra en el Inventario General de Bienes Muebles, si así lo determinaba la Junta de Calificación de Obras de Arte del Ministerio de Cultura. El 27 de mayo de 1986 se inició el expediente de incoación que correspondió a la comunidad de las Islas Baleares y el 13 de julio de 1987 se resolvió positivamente, integrándose la obra en el Inventario.

Diez años almacenada

Cuando se desmanteló el Museo de Arte Contemporáneo de Moncloa en Madrid y se creó el Museo Reina Sofía, inaugurado en 1992, la escultura pasó a formar parte de sus fondos artísticos, pero no se expuso y se guardó en los almacenes. De este recinto solo salió en diez años de abandono a Palencia con destino a la exposición ‘La Mirada’, en homenaje a Victorio Macho, que fue organizada de noviembre de 2002 a febrero de 2003 por la Real Fundación de Toledo y el Ayuntamiento el claustro de la catedral palentina. Con este motivo, los nuevos propietarios de la obra retomaron el deseo de vender la escultura al Estado.

Gracias a las gestiones realizadas por Manuel Casamar, la obra se adquirió a sus dueños por parte del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte tras cinco años negociando, entre 2002 y 2007. De esta forma pudo ser adjudicada al Museo Victorio Macho, que hizo la recepción en Toledo el 20 de noviembre del mismo año.