
El cine Doré. / Iñaki M. Bilbao.
A diez minutos de la vorágine de la Puerta del Sol, a medio camino de la plaza de Antón Martín, en torno a las calles León y Torrecilla del Leal, con el eje de Atocha separándolo como un sable de la popular zona de Huertas, encontramos un Madrid diferente, igual de urbanita y cosmopolita, pero con el barniz de los barrios de antes. Son calles estrechas y peatonales, flanqueadas por edificios elegantes de colores con todo el encanto de lo antiguo. Un barrio con personalidad propia, de esos de toda la vida, y donde la frutería de siempre comparte acera con Lomography, la primera tienda de las modernísimas cámaras Lomo que se abrió en la capital. El casticismo y el vanguardismo pasean de la mano en cada esquina gracias a una nueva generación de comerciantes que apuestan por regenerar el barrio en el que viven.
Entren en Galería El Columpio y en su mostrador, al lado de obras de dibujo sólo en papel se toparán con un mapita dorado donde aparecen los 20 establecimientos que forman LineaDoré, un singular proyecto que funde propuestas comerciales y culturales a partes iguales, reivindicando un modelo de negocio que nada tiene que ver con la masificación de las franquicias.
Reinventarse o morir podría ser la filosofía de Susana Bañuelos, artífice de la idea y dueña de la galería. Ella lleva media vida en el barrio y ha visto cómo las zonas más comerciales de la capital (Preciados, Fuencarral, Serrano) castigaban a estas calles. El colectivo LineaDoré defiende un trato personal y especializado, con locales abiertos en su mayoría en los últimos cuatro años y que ofrecen un servicio más cercano a los negocios de siempre que a las grandes cadenas, sin dejar de lado actividades culturales, como exposiciones temporales que publicitan en su web (www.lineadore.com). Un paseo diferente que nos puede llevar a tomar un café rodeados de eternos carteles de cine en la taberna El Sur, a descubrir muebles de otros países en Tado, a adquirir un pedacito del Lejano Oriente en Geishamemucho, o apostar por nuevos talentos en OffLimits, un multiespacio rehabilitado en un antiguo horno de pan.
Toman su nombre del epicentro de esta ruta urbana; el mítico Cine Doré, sede de la Filmoteca Nacional, que continúa proyectando sesiones y cuya personalísima fachada rosada se esconde en uno de los múltiples callejones cuasi laberínticos que forman la arquitectura del barrio.
Calles privilegiadas a las que rodea un triángulo artístico de lujo: El Prado, el Reina Sofía y el Caixa Fórum, a pocos metros de la plaza de Antón Martín. Sin olvidarnos del teatro Valle Inclán, que se alza en la siempre abarrotada plaza de Lavapiés, o La Casa Encendida, catalizador de nuevos valores artísticos, que regeneran un barrio con fama de arrabalero ya en sus orígenes judíos y que 'okupas' e inmigrantes hicieron suyo en los noventa debido a la profusión de casas abandonadas y de rentas bajas. Ahora, un aire bohemio y 'cool' sopla entre los ventanales de un barrio que ha sabido reinventarse.