Un trabajador incansable y apasionado del laboratorio

Daniel Miguel, candidato a rector, vota en la UVA./ / Antonio G. Encinas
  • Daniel Miguel, catedrático de Química Inorgánica

Daniel Miguel San José (Calabazas de Fuentidueña, Segovia, 1957) fue dos veces profesor titular antes de alcanzar la cátedra. Había hecho la mili al acabar la carrera, y el catedrático que ocupaba la plaza en Valladolid se fue a la Universidad de Oviedo. Se llevó con él a sus discípulos más valiosos, y Miguel, que ya había pasado por profesor ayudante, agregado interino y adjunto interino, se marchó con él a finales de 1984 y consiguió ser titular en la universidad asturiana en 1987. Tenía 30 años. Cuando se propuso regresar a Valladolid tuvo que sacar la plaza de titular de nuevo, lo que consiguió en 1996. Desde el 2002 es catedrático.

Quienes le conocen bien le definen como un trabajador incansable, con el matiz curioso de que es más ave nocturna que madrugadora. No es extraño que responda a un correo de un colega a las tres o las cuatro de la mañana, aseguran.

Cuando ejerció como vicerrector, durante la etapa de Evaristo Abril al frente de la UVA, echó de menos, sobre todo, su laboratorio, ese que ocupa todas las tardes desde que dejó el vicerrectorado. El cargo no fue impedimento para que continuara publicando alguno de los 166 artículos que forman parte de su extenso currículum investigador. Tampoco entonces quiso dejar las clases, aunque en algunos momentos le fue complicado compaginarlas con el vicerrectorado. Dicen que es un profesor ameno, que «sabe hacer divertidas las cosas» en una materia tan dura como la Química Inorgánica. Padre de dos hijos universitarios –la menor ha empezado este año la carrera– trata de estar siempre informado a través de los medios y de los libros, y no hace ascos a una buena discusión. Eso no quiere decir que sea intolerante. Como muestra, el hecho de que su perfil político fuera opuesto al de muchos de sus compañeros en su anterior etapa rectoral.