«Puede parecer un programa gris, pero el énfasis está en la integración de todo el mundo y en el trabajo»

  • Daniel Miguel. Catedrático de Química Inorgánica y rector de la Universidad de Valladolid

En los pasillos de la Facultad de Ciencias hay sonrisas, algún saludo con el «¡candidato!» o un más optimista «¡rector!» por delante, y hasta un amigable encuentro con el actual vicerrector de Profesorado, Luis Miguel Nieto, colega pero al mismo tiempo rival electoral. Daniel Miguel fue el cuarto candidato en confirmarse como aspirante al Rectorado, y lo ha hecho con una puesta en escena sencilla, acorde a un programa sin estridencias. «No tengo fórmulas mágicas», admite. Y desgrana, pausadamente, una serie de puntos que bien mirados responden al mismo patrón de todos los candidatos aunque, como él mismo explica, «con matices».

«En los objetivos fundamentales todos queremos una mejor universidad, que los estudiantes estudien más, que tengan éxito y encuentren empleo, que los profesores mejoren su docencia y hagan investigación...Las ideas básicas las tenemos todos los candidatos. Puede haber matices. Queremos una universidad mejor. ¿Cómo se consigue? Pues puede que esté ahí la diferencia», asegura. En su caso asegura que el hecho diferencial de su candidatura estará en la forma de trabajar, de escuchar y de decidir.

Dice que no quiere «ser agresivo» en la campaña, aunque en realidad algunos de sus mensajes suenan a crítica hacia el actual equipo de gobierno de la UVA. Lógico, si se tiene en cuenta que formó parte del equipo rectoral anterior y que a estos comicios concurrirán nada menos que cuatro candidatos, una cifra bastante alta. «Hay que resaltar más los proyectos positivos que hay que hacer en la universidad más que cargar las tintas sobre lo que ha pasado», dice Daniel Miguel. Sin embargo, cree que tras estos cuatro años de mandato de Marcos Sacristán «hay un estado de un cierto malestar o desmoralización por cómo ha acabado la universidad después de este periodo, y eso ha estimulado que esas personas nos hayamos decidido a dar el paso. Es un poco fruto de la situación».

Situación que se deriva en origen de la crisis y de los recortes, como es obvio, pero que para Daniel Miguel San José va un poco más allá. «Siempre ha habido años mejores y peores. Recordaba estos días que en los últimos noventa también hubo crisis, estaba congelada la oferta de empleo público, y los sueldos, y luego se abrió y hubo plazas. Esto puede cambiar. Después de unos años duros puede venir una mejoría. En lo que corresponda a la legislación, en principio la ley está por encima de nosotros y tendremos que hacer lo que nos digan. Pero es cierto que tendremos que hacer oír nuestra voz si algo no nos parece correcto o creemos que se puede hacer mejor de otra manera».

De hecho los rectores, a través de la CRUE (Conferencia de Rectores de Universidades Españolas) lo han hecho, y eso incluye a Marcos Sacristán. Sin embargo, Daniel Miguel cree que la voz debe alzarse apoyada en argumentos y en las ocasiones clave. «No tanto una oposición sistemática, porque eso a veces hace que las posibilidades de éxito sean muy pequeñas. Pero sí en ciertos puntos, y eso casi siempre es posible reconvertirlo o renegociarlo. Si una cosa está bien razonada y bien fundada, y somos muchos los que lo vemos así... Hay que utilizar los cauces apropiados, la CRUE, para hacer que se escuche nuestra voz. No aceptarlo todo como si fuera una tormenta que viene del cielo», asegura.

El caso Abril

Diálogo –y eso incluye, según sus palabras, «escuchar a todos»–, trabajo, apertura de puertas y transparencia. Pilares básicos de su programa que pueden verse ensombrecidos por el caso en el que sigue envuelto Evaristo Abril, su 'jefe' durante su época de vicerrector de Innovación. El juzgado investiga si cometió malversación de fondos durante su mandato, y en medio de ese embrollo judicial se encuentra el nombre del Parque Científico, al que estuvo ligado Daniel Miguel. «Espero que todo el mundo sea lo suficientemente mayor de edad y responsable como para examinar quién es cada uno y deslindar la trayectoria de cada uno. Respondo de lo que yo hice mientras fui diretor del Parque Científico. Lo otro está en manos del juez y en algún momento decidirá. Mi esperanza personal es que el asunto se resuelva pronto y bien, en el sentido de que quede claro y que lo que tenga que ser ya lo dirá el juez. Respondo del periodo en el que yo estuve, pero hay cosas que no son de cuando estábamos nosotros, sino de después, y ahí no tengo nada que decir. Espero que la gente sepa distinguir unas cosas de otras. Inevitablemente eso flota en el ambiente y a algunos condicionará», asume el candidato.

De este modo este catedrático de Química Inorgánica tiene el punto fuerte y débil de su candidatura en el mismo sitio, al igual que ocurre con los demás. García Matilla es el candidato de Segovia, lo que le perjudica por estar lejos de los círculos de influencia de Valladolid pero le beneficia como aspirante sorpresa. Felipe Cano dice que su inexperiencia en cargos de gestión en niveles de vicerrectorado, por ejemplo, le beneficia porque no tiene hipotecas. El rector tiene la inercia del cargo pero también padece su desgaste. «Mi gestión está ahí. Recibí el Parque Científico en forma de unas hojas que eran la escritura de constitución de una fundación, y a los cuatro años dejamos, junto con mi equipo, el dinero para dos edificios, para que las actividades del parque se pudieran realizar, un montón de instrumentación científica con un coste muy alto, del orden de dos millones de euros... Esto es poco conocido, pero es importante: la filosofía en aquellos años era pedir para aquellas cosas de manera que el Gobierno te daba el dinero en un préstamo en buenas condiciones que había que devolver. Pero nosotros conseguimos que fuera a fondo perdido, es decir que la parte que hay que devolver es mucho más pequeña que en otros casos. Y eso es importante. Ahí tengo una trayectoria en la que se me encargó una tarea y creo que la cumplí razonablemente bien».

Sin recetas universales

Asegura Daniel Miguel que precisamente esa es su fortaleza a la hora de presentar su candidatura. Analizar, trabajar y buscar la solución más adecuada a cada problema. «No hay recetas cortas y concretas que valgan para todo, hay que actuar en muchos sitios y de manera divergente. Es como el que conduce por la carretera, aceleraré cuando toque y frenaré cuando toque», explica gráficamente. Y va a tener que dar muchos acelerones y frenazos si resulta elegido, porque si en algo coinciden todos los candidatos es en que la universidad pública vive un momento crucial. Más aún si se pone en marcha la anunciada reforma del ministro Wert.

Daniel Miguel habla de problemas concretos. Mucho más que el día de la presentación oficial de su candidatura, que entonces sonó bastante más generalista y abstracta. Eso sí, sin grandes proyectos. «Puede parecer un programa gris porque el sentido común tiene poca venta, pero el énfasis mayor está en la integración de todo el mundo y en el trabajo», se defiende. Y sin embargo esta vez empieza a desgranar algunos puntos sobre los que le gustaría actuar con contundencia. Uno de ellos es a largo plazo pero debe empezar a acometerse con una estrategia bien diseñada. «Hay problemas que no son culpa de la crisis y que son estructurales, como el envejecimiento del profesorado. Hay que dar entrada a personas jóvenes y en formación. En 10-15 años nos vamos a jubilar una gran parte de los profesores. Hay áreas críticas en Medicina, pero también en Ciencias. En mi área la mitad de los profesores estamos en una franja de edad de dos o tres años, y nos vamos a jubilar todos al mismo tiempo. Estas son necesidades docentes que no son de ahora no son acuciantes, pero si no empezamos a resolverlo ahora dentro de unos años va a ser una catástrofe».

Acometer esta tarea exigirá consenso, tiempo y, por supuesto, financiación. El parné que ahora llega casi exclusivamente de las matrículas y de los gobiernos regional y nacional. Demasiada dependencia. Hay que diversificar los ingresos. «Hay que ver qué recursos tenemos, esforzarse por conseguir otros y no conformarse con lo que nos dan el Gobierno o la Junta. Hay que hacer proyectos para que nos den un poco más. Estoy seguro de que si nos ven con las ideas claras y con programas de actuación concretos van a intentar ayudarnos. Sin embargo, si no tenemos un objetivo concreto o claro, y sobre todo que esté apoyado por mucha gente... No puede ser que un equipo rectoral imponga desde arriba determinados recortes. Ni cuando la cosa va bien ni cuando va mal».

En una campaña electoral como la del Rectorado de la Universidad de Valladolid siempre se tiende a identificar a los equipos que se presentan. De derechas, de izquierdas, cercanos al PP o al PSOE... Daniel Miguel se mantiene al margen. «Intento movilizar los apoyos de la gente. Quiero que sea integradora. Todo el que quiera participar es bienvenido. Me da mucho miedo la polarización o la sectorización de la comunidad universitaria», justifica antes de añadir que nunca ha sido militante de ningún partido. «Los problemas concretos no responden a creencias políticas ni de otro tipo».

La mala experiencia electoral

En todo momento, durante 35 minutos de entrevista, hace hincapié reiteradamente en la necesidad de analizar y estudiar los problemas con detenimiento para escoger la solución más adecuada. Paradójicamente, no sabe si eso le servirá para recuperar la confianza de unos electores que le dieron la espalda a su rector, Evaristo Abril, en los últimos comicios. Admite que le dio vueltas a aquel resultado imprevisto, porque Abril era el favorito y porque, además, el vuelco fue importante. «Claro que se extraen consecuencias, pero no hay manuales sobre cómo ganar las elecciones. Prefiero presentar a la comunidad universitaria las ideas básicas, proyectos concretos y positivos, esto hace mucha falta para motivar a la gente».