La propuesta de diálogo de Torra, en diez descalificativos al Estado

Quim Torra pronuncia su discurso de investidura en la Cámara catalana. /Efe
Quim Torra pronuncia su discurso de investidura en la Cámara catalana. / Efe

El cuarto candidato a presidir la Generalitat desde la entrada en vigor del artículo 155 perfila su discurso entre el tono bronco y el lamento para pedir apoyo a la Cámara y diálogo a Rajoy

ROCÍO MENDOZAMadrid

El perfil del candidato a presidir la Generalitat no auguraba paños calienetes en su discurso de investidura. Aún así, el discurso de Quim Torra ha sido y, sobre todo, sonado duro. El cuarto candidato a presidir la Generalitat desde la entrada en vigor del artículo 155 ha escogido muy bien las palabras de su discurso de investidura para dibujar a un pueblo injustamente oprimido y privado de sus libertades fundamentales.

En primera línea ha colocado a los exdirigentes políticos procesados por la justicia. Esos «presos políticos», como los ha denominado en varias ocasiones, a los que ha dedicado su primer «recuerdo emocionado». Ha ido un poco más allá para llamarlos «rehenes de la Justicia» privados de libertad por un Estado que ha vulnerado las reglas democráticas más elementales».

Con el sistema judicial español y la Democracia en nuestro país también ha sido poco tibio. Sobre los jueces, aludiendo directamente a Llarena, instructor de la causa por el referendum de 1-O, ha dicho: «Hasta dónde puede llegar la arbitrariedad? ¿En manos de quién está la Justicia en España? Al tiempo, ha calificado de «una de las mayores indecencias que ha vivido el Parlament» los intentos fallidos de investir hasta cuatro presidentes de la Generalitat antes que él. «Así es como el Estado español atenta contra los derechos civiles de nuestros ciudadanos». En esta línea, ha acusado al Gobierno de «malversación», por dirigir recursos del Estado a la «opresión de una idea».

No ha dejado de recalcar que la Democracia está en «entredicho», además de que hay que recuperarla para salir de una situación de excepcionalidad que ve como un momento político «anormal». «Nada será normal en nuestra casa hasta que no recuperemos las instituciones y la democracia», concluyó.

Ante tal «injusticia», palabra varias veces empleada en su intervención, no deja de apelar a las autoridades Europeas e internacionales. Se ha permitido dar una lección de Democracia al presidente de la Comisión europea, Jean-Claude Juncker. «Consiste en entender y escuchar a los otros», dijo. Así que recuerda que seguirán apelando a la comunidad internacional para «denunciar la vulneración de derechos fundamentales que sufren los catalanes por parte del Estado español».

El rey Felipe VI también tenido su ración de reproche: «En este país hay presos políticos, políticos honorables en el exilio y se investiga a ciudadanos inocentes. Majestad, así no».

Un Estado español que, según él, «ha borrado cualquier rastro de respeto por los ciudadanos de Cataluña», que «ha causado la violencia contra el pueblo», que los trata «como súbditos y no como ciudadanos», que impone un «régimen autonómico que nos arrastra» mientras que su proyecto político aspira a mucho más... Que, en definitiva, «ha robado la vida» a muchos catalanes. Tanto, que para Torra viven una «crisis humanitaria», de cuyo reconocimiento depende el éxito del mandato del 1-O, para «volver a ser libres» e instaurar la República en Cataluña. «Hay que pasar de la represión a la vida», clamó.

Entre tanto, pidió al presidente del Gobierno diálogo. «De Gobierno a Gobierno, ¿hablamos, señor Rajoy?». Mientras ese momento llega, el Gobierno ya ha contestado con términos no menos duros. Ha calificado su discurso de «sectario, autocrático y excluyente» y le ha advertido de que estará «muy vigilante» sobre sus actos y su futuro Gobierno, ya que no ah visto el menor «interés en construir un diálogo» con nadie que no se someta a sus planteamientos.

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