La familia de la desaparecida en México: «Confío plenamente en mi cuñado»

Raquel, hermana de la secuestrada, con una foto familiar. / M. G.

Las investigaciones para localizar a Pilar Garrido no avanzan tras la prueba de luminol realizada en el vehículo del marido de la víctima

M. GARCÍA / J. MARTÍNEZValencia

El paradero de la valenciana Pilar Garrido Santamans, secuestrada el pasado 2 de julio en uno de los estados con mayor índice de criminalidad de México, sigue siendo una incógnita a pesar de que la Policía azteca ha reforzado todas las líneas de investigación. El portavoz de Seguridad Pública de la región de Taumalipas, Luis Alberto Rodríguez Juárez, explicó que no se han encontrado vestigios criminales en el coche de la víctima, ya que los agentes de la Procuraduría General de Justicia realizaron el martes en el vehículo la prueba de luminol para detectar restos de sangre, aunque el resultado fue negativo.

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La Policía Estatal de México no califica este caso de secuestro porque no ha habido petición de rescate. Rodríguez reiteró que no se descarta ninguna línea de investigación. El esposo de la víctima, Jorge F. G., denunció el rapto horas después y fue interrogado por la Policía Federal de Ciudad Victoria, pero no hay ningún indicio criminal que lo implique en la desaparición.

«Yo no tengo ninguna duda sobre él», afirma Raquel Garrido, la hermana de la mujer desaparecida. «Él mismo me ha dicho por teléfono, entre lágrimas, que si la Policía tuviera algo contra él ya estaría detenido», añade con firmeza. Jorge F., quien trabaja como instructor de policías mexicanos, aunque no tiene ni placa ni arma, fue interrogado concienzudamente después de denunciar la desaparición de su mujer. Tras el interrogatorio, la Policía no halló indicios de que pudiera estar relacionado con el extraño secuestro de su esposa.

Raquel asevera que su hermana no tiene ningún seguro de vida que hubiera podido convertirse en un móvil por el cual su marido pudiera urdir algún tipo de plan criminal. «Él lo está pasando mal también», agrega. Después de que transcurriera otra nueva jornada sin novedades sobre el paradero de su hermana, Raquel insiste en pedir «cautela» para, por una parte, no entorpecer la investigación conjunta de las policías mexicana y española y, a la vez, para no generar comentarios que puedan llegar hasta su familia.

Por vía telefónica, ya que prefiere no realizar más declaraciones personales, Raquel recuerda que fue su cuñado quien, en la mañana del 3 de julio, le llamó para informarle de que tres hombres habían raptado a Pilar, de 34 años. También asegura que Jorge acudió inmediatamente a la Policía Estatal para denunciar el secuestro. «Mi cuñado no es sospechoso de nada. La línea de investigación va por otro lado», asevera la mujer. Por su parte, la suegra de Pilar Garrido, Adriana González, aseguró a la agencia Efe que la familia está «quebrantada» y evitó hacer más comentarios, por recomendación de la policía, para evitar interferencias en la investigación.

Los hechos denunciados

Según la versión de Jorge F., su esposa fue secuestrada por tres hombres cuando la pareja y su bebé regresaban a casa tras pasar un fin de semana en una localidad costera de Tamaulipas. Uno de los tres asaltantes le apuntó con una pistola y le hizo indicaciones para que detuviera su vehículo cuando circulaba por una carretera secundaria. Jorge vio las amenazas a través de su espejo retrovisor y decidió parar porque temía que abrieran fuego contra la parte trasera de su coche, donde viajaba su bebé. La policía sospecha que los hombres armados pretendían robar el automóvil de las víctimas, y por eso les dijeron que bajaran del vehículo, pero Pilar les rogó que no lo hicieran porque su bebé estaba dentro del coche. Y entonces, uno de los individuos gritó: «¡Nos llevamos a la vieja!», según el testimonio de Jorge.

Tras meter a Pilar a empujones dentro del vehículo, los asaltantes huyeron. El marido de la víctima explicó a la Policía que intentó impedir el secuestro, pero desistió porque le pusieron una pistola en el pecho. Según su versión, su mujer llevaba el móvil en la mano cuando la raptaron, aunque el teléfono dejó de funcionar una hora después. Jorge, que también portaba su móvil en el momento del secuestro, no llamó a la policía porque los raptores amenazaron con matar a su mujer. Antes de marcharse con la víctima en el coche, uno de los raptores le ordenó que apagara el teléfono y le dijo también que recibiría una llamada al día siguiente. Varias horas después, el hombre denunció el secuestro y desde entonces no ha recibido ninguna llamada ni petición de rescate.

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