Sindicatos fuera de lugar

El error de CCOO y UGT al participar en la manifestación independentista de ayer perjudica su fuerza negociadora

Sindicatos fuera de lugar
Lluis Gene-Afp
El Norte
EL NORTEValladolid

Como estaba previsto, las organizaciones sindicales Comisiones Obreras y UGT estuvieron ayer en la manifestación convocada en Barcelona para pedir la libertad de los líderes del independentismo presos en cárceles de Madrid, en una manifestación de teórico carácter transversal convocada por el Espai Democràcia i Convivència, formado por entidades sociales, culturales, sindicatos y partidos políticos. La manifestación fue en realidad un desafío independentista y una reivindicación de la república catalana, lo que desacredita del todo los argumentos de despolitización y transversalidad esgrimidos por los sindicatos para justificar su presencia extemporánea en este alarde teñido del amarillo independentista. La clase trabajadora, a la que los sindicatos aseguran representar, sale evidentemente perjudicada por el 'procés', que tiene crecientes repercusiones económicas negativas, pero no se contribuye al retorno a la legalidad institucional dando alas a quienes objetivamente han creado el conflicto. Ni se sirve a los asalariados ignorando que en la clientela del sindicato coexisten partidarios de las dos grandes opciones en liza. Se hubiera podido entender (no sin alguna dificultad) la neutralidad sindical en este pleito, pero es muy difícil de comprender que unas organizaciones que han bebido de fuentes ideológicas internacionalistas se pongan abiertamente al lado del nacionalismo. Se quiera reconocer o no, bajo la argumentación nacionalista se oculta un cierto sustrato supremacista, un resquemor basado en unas balanzas fiscales deficitarias porque –se afirma– se ha ejercido una solidaridad excesiva hacia los demás pueblos de España. Habrá que ver qué piensan los afiliados extremeños o andaluces de UGT y de Comisiones Obreras del extraño viaje al nacionalismo de sus compañeros catalanes, muchos de ellos inmigrantes de primera o de segunda generación. Tanto Comisiones Obreras como UGT han optado hace tiempo por la despolitización de sus organizaciones, que ya no son correa de transmisión de nadie. Pero de ahí a situarse cerca del populismo nacionalista hay una distancia que nunca debió haberse recorrido. El error cometido por las centrales con esta alineación es grave, y es probable que la fuerza negociadora futura de la clase trabajadora haya experimentado por ello mismo un grave quebranto.

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