Rastro de corrupción

Ni Chaves ni Griñán han podido sacudirse su responsabilidad política en el caso de los ERE de Andalucía al dejar sus cargos

El que fuera presidente del Gobierno andaluz socialista durante 19 años, Manuel Chaves, ha comenzado a declarar en el juicio de la denominada pieza política de los ERE./Raúl Caro-EFe
El que fuera presidente del Gobierno andaluz socialista durante 19 años, Manuel Chaves, ha comenzado a declarar en el juicio de la denominada pieza política de los ERE. / Raúl Caro-EFe
El Norte
EL NORTEValladolid

El expresidente de la Junta de Andalucía Manuel Chaves declaró ayer en el juicio que se sigue contra él y contra otros veintiún responsables autonómicos, acusados de habilitar entre 2001 y 2010 partidas presupuestarias que desviaron entre 741 y 855 millones de euros con destino a procesos de reconversión de empresas en crisis. Su testimonio fue coincidente con el del también expresidente andaluz José Antonio Griñán, quien previamente había ejercido de consejero de Economía. Ambos han negado estar al tanto de cuestiones que se dirimían en un nivel inferior de decisión. Resulta cuando menos extraño que durante esos nueve años de prácticas ilícitas, o inmediatamente después, Chaves y Griñán no tuvieran conocimiento alguno de su existencia. Ni a la hora de aprobar las partidas correspondientes ni a causa de las diversas señales de preocupación que circularon por la Junta. En el juicio, Griñán y Chaves han oscilado en sus manifestaciones entre el reconocimiento implícito de que algo se hizo mal durante su mandato y el corolario ventajista al que se aferró ayer el segundo al argüir que «una ley –la presupuestaria– no puede ser considerada ilegal». El hecho de que ambos dimitieran de sus cargos públicos y se dieran de baja del PSOE tras su procesamiento parecería haber consumado la depuración de responsabilidades políticas del caso. Pero, a la espera de que la verdad judicial se abra paso como sentencia firme a la mayor brevedad, el escándalo de los ERE ya ha dejado un rastro connivente en la negación de evidencias, en la resistencia a asumir la existencia de irregularidades y, sobre todo, en la negativa política a revelar de qué modo pudo urdirse semejante despropósito. Las historias de corrupción institucional siguen patrones muy similares. Con diferencias menores en cuanto a la mecánica administrativa empleada, en la distribución de las cantidades sustraídas al erario y en los favores requeridos a cambio. El tono de indignación con que Manuel Chaves llegó a pronunciarse ayer en el juicio difícilmente pudo conmover a alguien en cuanto a la inocencia que así trataba de reivindicar. Su defensa del desconocimiento como un estado natural en el desempeño de la presidencia autonómica respondía a las exigencias del juicio, pero acabó sugiriendo un estado de desorden en la Junta basado en la confianza que él tenía depositada en los demás. Una coartada no solo amortizada en su reiteración, sino que subraya la responsabilidad contraída por Chaves y por Griñán.

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