Mucho más que un máster

La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, comparece en un pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid, a petición de la oposición, para dar explicaciones sobre las supuestas irregularidades del máster que posee de la Universidad Rey Juan Carlos. /Efe
La presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, comparece en un pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid, a petición de la oposición, para dar explicaciones sobre las supuestas irregularidades del máster que posee de la Universidad Rey Juan Carlos. / Efe

Para su sorpresa, Cristina Cifuentes puede acabar sumándose al vaso excesivamente lleno de los escándalos del PP

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Las sospechas sobre la autenticidad del máster obtenido por Cristina Cifuentes se incrementan a medida que esta esgrime la legalidad de la certificación universitaria, y no aporta pruebas de haber sido acreedora al título correspondiente a un curso presencial que culminaba con la presentación y defensa de un trabajo final. Cifuentes se mostró ayer ante la Asamblea de Madrid como víctima de un complot en el que concurrirían la izquierda y aquellos miembros del PP que le reprochan –según sus palabras– haberse enfrentado a la corrupción. Pero la teoría de la «cacería» no solo no sirve para aclarar qué ocurrió con el máster, sino que incorpora a la presidenta de Madrid a la lista de los dirigentes populares que comenzaron por empeñarse en la negación de las evidencias de irregularidad, fueron secundados en eso por su partido, y continúan –procesados, juzgados o no– empantanados en el descrédito. El 'affaire Cifuentes' puede ser otro escándalo del PP, en Madrid y en toda España. La veterana dirigente tiene difícil salida de un atolladero del que no podrá librarse derivando hacia la Universidad Rey Juan Carlos la responsabilidad de haberle concedido un máster, mientras su entorno anuncia querellas criminales contra profesionales y medios de información. El episodio recuerda a los casos en los que se han visto señalados por presunta corrupción demasiados responsables populares que se acomodaron en la soberbia de la impunidad. Los protagonistas de la mayoría de ellos contaron con el apoyo expreso de Mariano Rajoy –Matas, Fabra, Camps, Mato–, otros con su comprensión solidaria –Bárcenas, Soria–, y los restantes con su silencio –González y Granados–. Cristina Cifuentes forma ya parte de estos últimos en un momento extremadamente comprometido para el Partido Popular y para su presidente. El mito de que Rajoy les sobrevive a todos se vuelve absurdo a medida que se desvanece la leyenda de que la corrupción estaba políticamente amortizada para el PP. Si lo estaba, ya no lo está. El extraño máster de Cifuentes podría pasar como un presunto caso de corrupción menor, si no afectase al prestigio de un título académico y a la reputación de la institución que lo imparte, extendiendo con ello sombras de duda sobre el sistema universitario en su conjunto. Las irregularidades en la administración del poder y de la influencia pública no atañen únicamente a sus beneficiarios y actores directos. Conciernen a la democracia porque conciernen a los fundamentos morales de la convivencia en sociedad. Para su sorpresa, Cifuentes puede acabar sumándose al ya muy lleno vaso de los escándalos del PP.

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