Editorial: Inquietante Torra

El candidato de Puigdemont busca mantener la unidad independentista con guiños a la CUP para ir a un «proceso constituyente»

El candidato a presidente de la Generalitat, Quim Torra./Quique García-EFE
El candidato a presidente de la Generalitat, Quim Torra. / Quique García-EFE

Las primeras declaraciones públicas de Quim Torra, tras ser designado candidato a la Presidencia de la Generalitat por parte de Carles Puigdemont y su grupo parlamentario, no son nada tranquilizadoras con respecto al rumbo que adoptaría la autonomía catalana con él al timón. No lo es su sugerencia de que se deberá antes al mandato del Parlamento autonómico que al cumplimiento de la legalidad vigente. Ni su propósito de impulsar un «proceso constituyente» que responda al dictado del 1-O que reivindica el independentismo. Tampoco el reconocimiento político que brindó al liderazgo de Puigdemont como parte de las estructuras del poder que Torra se encargaría de representar institucionalmente. Todo ello hace temer que en Cataluña se reediten los episodios de septiembre y octubre de 2017. Puigdemont se ha avenido a desbloquear el autogobierno en el séptimo mes de aplicación del 155. El aspirante a relevarle parece haber adelantado los términos de su intervención en el pleno parlamentario de investidura con el fin de persuadir a la CUP para que, absteniéndose, facilite su llegada al Palau de la Generalitat. Pero todo discurre mediante el ejercicio enigmático de la política, con el empleo de un cuadro de señales que ni los más próximos de los varios sanedrines independentistas son capaces de descifrar, y la esperanza de que los demás concedan a la improvisación propia una dimensión estratégica desconcertante. Torra recurrió ayer a esa aborrecible costumbre de pedir perdón «a quien se hubiera sentido ofendido» por unas palabras cuando estas fueron abierta y descarnadamente ofensoras. Las insultantes perlas que deslizó en las redes sobre los españoles son las que dan la medida de una persona que aspira nada menos que a presidir la Generalitat. Esos mensajes resultan más relevantes que el currículo profesional que presenta como si fuera tan excepcional que lo otro no importara a la hora de merecer el crédito de los catalanes. Quim Torra dio ayer toda la impresión de que el independentismo continúa encerrado dentro de su burbuja y que no tiene intención alguna de salir de ella más que para recabar adhesiones incondicionales e internacionalizar la crisis catalana. El secesionismo no está dispuesto a admitir que se encuentra ante una oportunidad –la vuelta al Gobierno de la Generalitat– que no puede malograr para mantener la unidad en torno a su variante más extremista, que vuelve a ser la CUP, requerida por Torra cuando está al alza en las encuestas y puede interesarle una repetición de las elecciones autonómicas.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos