El Norte de Castilla

Juan Ignacio Zoido
Juan Ignacio Zoido / J.J.Guillen (Efe)

Zoido, un tipo tranquilo para pacificar Interior

  • El exalcalde de Sevilla, muy próximo a Cospedal y Arenas, tiene experiencia jurista y en seguridad como delegado del Gobierno

Nadie o casi nadie recuerda a Juan Ignacio Zoido involucrado en una polémica innecesaria. Mariano Rajoy parece haber buscado en el exalcalde de Sevilla la antítesis de su predecesor al frente de Interior, Jorge Fernández Díaz. La toma de posesión de Zoido ya se espera como agua de mayo en el convulso palacio de Castellana 5, necesitado desde hace meses de algo de paz interna. Pero lo cierto es que Juan Ignacio Zoido no había aparecido en ninguna -en absolutamente ninguna- de las quinielas para ocupar la máxima responsabilidad de Interior.

El perfil 'técnico' del nuevo ministro del Interior ha gustado -y mucho- en la cúpula de la Policía y la Guardia Civil. Zoido es un político con más de 20 años de carrera en la filas del Partido Popular, pero también es un jurista con una dilatadísima experiencia, que le llevó a ser juez decano de los juzgados de Sevilla y miembro de la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía antes de colgar la toga. Además, tampoco le falta conocimiento en el campo de la seguridad, algo que también es muy del agrado en los dos cuerpos de seguridad. En 2000 fue nombrado delegado del Gobierno en Castilla-La Mancha y en 2002 inició su carrera política en Andalucía cuando ocupó el mismo cargo en esa comunidad autónoma.

Quizás por esa formación extensa, en el Partido Popular lo consideran el «hombre versátil», el político «apto para cualquier puesto». O, como lo definió el exalcalde de Granada, José Torres Hurtado, un 'rotavator', una herramienta agrícola «que sirve para todo». De hecho, desde su salto a la política ha hecho de todo, siempre de la mano del PP. Empezó en el Gobierno de José María Aznar como director General de Relaciones con la Administración de Justicia con Margarita Mariscal de Gante como ministra. Pero a su gran valedora y amiga, María Dolores de Cospedal, no la conocería hasta poco después, cuando ejerció como delegado en Castilla-La Mancha. Cuando pasó a ejercer el mismo puesto en Andalucía, se convirtió también en un íntimo de Javier Arenas. Tras la derrota electoral del 14 de marzo de 2004, tomó las riendas del PP andaluz en sus momentos más bajos y siempre bajo la atenta mirada de Arenas.

Tres veces

Cospedal y Arenas fueron los que le pidieron el favor en 2012 de presidir el PP andaluz tras la salida del propio Arenas. Para entonces era una figura más que emergente en el partido en Andalucía. De hecho, ya había ganado las elecciones a la alcaldía de Sevilla en 2007, aunque no pudo gobernar. Logró su sueño en 2011 cuando volvió a vencer en los comicios municipales, esta vez con una amplia mayoría absoluta que en su partido le recompensaron, además, con la presidencia de la Federación Española de Municipios y Provincias. En las elecciones de 2015, de nuevo su candidatura fue la más votada en la capital hispalense pero, por segunda vez, no pudo acceder a la alcaldía.

Hombre de profundas convicciones religiosas, como su antecesor, su único borrón político es su intervención como delegado del Gobierno en un problemático ERE en Huelva. Sus polémicas son contadísimas y casi ridículas. Hay que rebuscar mucho en la hemeroteca para encontrar la controversia que provocó con sus compañeros de Huelva cuando atribuyó a la capital hispalense un puesto más destacado que a la vecina ciudad en el descubrimiento de América.

Es este perfil tranquilo y conciliador el que también ha gustado en las fuerzas de seguridad, que esperan de Zoido la «pacificación» de un departamento desgarrado por las guerras internas entre los más importantes mandos de la Policía Nacional. Un departamento con el nombre manchado por la implicación de varios de sus responsables en la denominada 'operación Cataluña' de guerra sucia contra los independentistas, por las escuchas en el mismísimo despacho de Fernández Díaz o por la implicación algunos mandos en el 'caso Pequeño Nicolás'.

En el palacio de Castellana 5, con el perfil que ya ha demostrado Zoido, le vaticinan un «futuro político tranquilo» si no sigue la estela polémica de su antecesor. Quizás, la única china que puede encontrar en breve es qué hacer con la patata caliente de la denominada 'Ley Mordaza', contestada por la mayoría del Congreso de los Diputados y que podría ser tumbada en breve.

Será entonces, con la supuesta reforma de esa polémica Ley de Seguridad Ciudadana, donde Zoido pueda demostrar ese talante tranquilo y conciliador con el que acaba de desembarcar en Madrid.