El Norte de Castilla

MUNDIAL 2014

La mutación de Khedira

Khedira celebras sui gol contra Brasil.
Khedira celebras sui gol contra Brasil. / Efe
  • De 'pegote' en el Real Madrid a héroe de la 'Mannschaft'

  • Joachim Löw le esperó tras una grave lesión de rodilla y el centrocampista hizo el partido de su vida en la semifinal ante Brasil

Cuando en noviembre Sami Khedira se destrozó la rodilla derecha tras una entrada de Pirlo en un amistoso de enjundia, nadie podría pensar que el centrocampista alemán sería una de las estrellas de la 'Mannschaft' en el Mundial de Brasil.

Después de pasar por el quirófano para restañarle una rotura del ligamento colateral medial y del cruzado anterior, los médicos estimaron un período mínimo de seis meses de baja. Joachim Löw prometió que le esperaría y el jugador trabajó horas y horas cada día con los fisioterapeutas y recuperadores para acelerar los plazos y ponerse a punto.

«Esperemos que pueda llegar para el inicio de la Copa del Mundo», dijo, escéptico, el médico de la selección alemana, Hans-Wilhelm Müller-Wohlfarth, cuando Sami se rompió. Desde el minuto uno, todos en Alemania confiaron en una recuperación milagrosa. Es uno de los jugadores fetiche para Löw. «Llegaré a tiempo», prometió el jugador de Stuttgart.

Tardó exactamente 177 días en volver a jugar un partido de fútbol. Reapareció con el Real Madrid en los últimos encuentros de la Liga e incluso Carlo Ancelotti le brindo la titularidad en la final de la Liga de Campeones ante el Atlético, en ausencia del sancionado Xabi Alonso y en detrimento de Illarramendi. Pareció un error. Khedira no funcionó, fue sustituido y el Real Madrid mejoró hasta golear en la prórroga. Khedira quedó señalado y el Mundial estaba en el aire.

Pero Löw mantuvo su palabra, le convocó y su progresión ha sido superlativa. Ya cumplió con creces en el estreno mundialista. Contra pronóstico, fue titular ante Portugal en el duelo más importante para Alemania en toda la fase de grupos. Jugó los noventa minutos sin gran participación pero sin errores reseñables en el 4-0 que abrió el camino a su selección hacia los octavos de final.

Contra Ghana, de nuevo Löw colocó a Khedira en el once de los elegidos. Fue sustituido a 30 minutos de final. Después, cerró la primera fase en el banquillo y no saltó al césped a lo largo de todo el partido que ganó Alemania a Estados Unidos.

En octavos, llegó otra decepción para el futbolista de la 'Mannschaft'. Löw no confió en Khedira para el complicado duelo con Argelia. Al final, disfrutó de 30 minutos. Parecía haber perdido definitivamente su hueco en el centro del campo. Khedira salía derrotado en el debate sobre si debía estar en Brasil o no.

Plan metódico

Pero se trataba de un metódico plan del técnico para dosificar a un jugador al que necesita por su potencia y poderío físico. No aparecía en los pronósticos para intentar superar a la Francia de su amigo Benzema, pero Sami fue titular y equilibró el centro del campo teutón. Y explotó ante Brasil, donde impartió una lección magistral en la primera parte del inolvidable duelo del Mineirao de Belo Horizonte. Ofreció asistencias, marcó un gol y se prodigó en ataque y en defensa. Impuso su fortaleza en el centro del campo y despejó las dudas de un plumazo.

Löw no dispone de un jugador de sus características, de un tipo solidario y contundente en defensa y con una proyección ofensiva que deja anonadados a los muchos críticos que tiene en el Real Madrid. Es un medio 'box to box' que pisa las dos áreas. Son versiones diferentes. En el club blanco, las estrellas le condenan a jugar más retrasado. Con su país, disfruta de más libertad y de más galones. Se siente importante, no sólo un complemento o un 'pegote' defensivo.

Ante Brasil, exhibió toque, temple, manejo de la situación y gobierno del centro campo. Dejó en evidencia a los jugadores de la 'Canarinha'. Alejado del preciosismo y de ese catálogo del 'jogo bonito' que manejan los clásicos, impuso su ley. «Fue una gran victoria. Nos ganamos un hueco en la final pero no tenemos nada todavía. Nuestro objetivo es el título», indicó Khedira, con los pies en el suelo. «Cualquier aficionado puede y debe alegrarse. Pero todavía no tenemos la Copa ni nada que celebrar. Debemos mantener la concentración», insistió tras la goleada ante Brasil. El inconformista germano advirtió que «si Alemania pierde la final, no habrá servido para nada jugarla».

Enorme en Alemania e infravalorado y discutido en el Real Madrid, Khedira encuentra el premio a tanto esfuerzo en silencio. Su mutación es sorprendente.