«Ha sido el peor fuego al que nos hemos enfrentado»

El trabajo de la Unidad Militar de Emergencia de León y Madrid, «vital» en el control del incendio de Portugal. «Los cambios en la dirección del viento y las altas temperaturas pueden explicar un poco la tragedia», afirman los militares

UME
Juan J. López
JUAN J. LÓPEZ

«Por incendio en Portugal, preséntate en base a la mayor brevedad posible en configuración pesada». Fue el mensaje que recibieron el pasado domingo muchos de los militares del Quinto Batallón de Intervención en Emergencias que se encuentra ubicado en las instalaciones que la Unidad Militar de Emergencias (UME), en la localidad leonesa de El Ferral del Bernesga.

Poco después, sobre las 20:00 horas, casi medio centenar de militares -entre mando y tropa- ponían rumbo para Pedrógao Grande para enfrentarse al «peor fuego» de la trayectoria de muchos de los miembros de la expedición española.

«Llevo unos seis años en la unidad, y desde luego nunca nos habíamos encontrado algo parecido», admite Sandoval. Unas palabras que subraya el sargento primero del pelotón 522, Primitivo Santoro, quien relata el trabajo exhaustivo de su equipo para sofocar uno de los peores incendios de la historia de Portugal, con 64 víctimas, y que quedó controlado el pasado jueves tras cinco días de lucha contra las llamas.

«Tenía que estar muy pendiente como jefe de pelotón de que todos bebiesen y comiesen. Ha sido un trabajo durísimo por las altas temperaturas, y no quería que tuviésemos deshidrataciones u otros problemas derivados. En cuanto había cualquier muestra de fatiga, relevábamos. Lo primero, la seguridad y luego la misión», afirma Santoro, quien destaca las muestras de cariño del pueblo luso hacia el casi centenar de miembros de la UME -44 de León-, desplazados al centro de Portugal.

A la vuelta, tras el relevo del pasado jueves, a Jorge no se le olvida la ovación que les dieron muchos vecinos portugueses en una gasolinera. «Paramos a repostar y nos marchamos casi como héroes. Se te ponían los pelos de punta», recuerda. «El afecto ha sido constante. Es lógico, cuando salvas el hogar de alguien o sus tierras, incluso, su vida», añade Santoro.

Dos repliegues «a toda velocidad»

Mientas el gobierno luso, una vez controlado el incendio, trabaja en esclarecer las causas que originaron la catástrofe, los miembros de la UME de León son bastantes comedidos a la hora de ofrecer hipótesis. «A nosotros no nos compete, pero es cierto que las altas temperaturas y los cambios contantes en el viento han sido demoledores», explican.

«Antes de atacar las llamas, hemos llegado a estar a 45º... Súmale diez o doce grados más en el interior del fuego... ¡Una barbaridad!», agrega el sargento primero del pelotón 522.

Si al trabajo de extinción, dividido en tratar de sofocar las llamas y posterior enfriamiento del terreno, se le suma el terrible viento que asoló la comarca lusa, el resultado es que la labor ha sido «muy peligrosa». «Hemos tenido que salir dos veces por patas. Estás luchando contra las llamas y ves como estas empiezan a flanquearte», admite el soldado Jorge Sandoval. «Salimos a toda velocidad», añade un militar que admite estar «agotado», al igual que el resto de sus compañeros, quienes se han enfrentado al fuego de Pedrógao Grande en turnos de doce horas.

«Eres consciente del peligro, pero es nuestro trabajo. Al final, por lo menos yo, me marcho con la sensación de orgullo por haber podido echar una mano a toda esa gente. Esperemos que se recuperen cuanto antes del duro golpe», concluye Sandoval, quien destaca el trabajo de toda la expedición española y el trabajo conjunto con los cuerpos portugueses.

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