Babia, la historia y sus gentes

Al caer la noche y antes de cenar, los vecinos de Babia se reunían en sus casas en torno a un escaño para comentar las noticias del día en lo que se conoce como el calecho. Poder disfrutar hoy en día de uno de ellos es reencontrarse con el ayer de una comarca a través de unas memorias de excepción que con todo lujo de detalle recuerda sus tiempos mozos

A. CUBILLAS

En Babia lo de hablar se les daba bien. No había un solo día en el que, en torno a una mesa y un escaño, sus vecinos se sentasen para comentar las buenas o malas nuevas. No había tele y pocos tenían radio así que lo mejor para entonarse de todo era el dime y el direte.

Y así, cada noche los vecinos de Babia se reunían para celebrar su tradicional calecho. Antes de cenar porque con el estómago lleno ya estaban los filandones. Hasta los mozos hacían sus propios calechos que desmenuzaban entre risas el día a día, leían el periódico o echaban la partida.

Hoy el calecho ya no forma parte de la vida diaria de los babieneses, a los que les presta como a nadie rememorar esas reuniones que hoy tienen sabor a ayer, que se han convertido en una vía para conocer la historia de Babia.

Porque al fin de cuentas, se aprende más por lo que la gente hablas que por lo que preguntas. Porque la historia de un pueblo es la historia de sus gentes. Esas gentes que han dejado su huella en cada rincón, que han forjado el carácter de una tierra, haciéndola única e irrepetible.

Gentes como Gabriela, Adelaida o Manolo. También gentes como Regina y Albina, dos hermanas naturales de la Cueta, dos mozas de Babia, que a través de sus recuerdos te trasportan hasta el ayer.

En un calecho el visitante es un mero oyente que disfruta de vivir en primera persona un espectáculo que no tiene precio que es imposible de encontrar en ningún teatro del mundo. Al fin de cuentas, estás viviendo el relato de la experiencia, el de los mayores que le encandilan con sus historias, contadas con todo lujo de detalle, presumiendo de memoria y derrochando carcajadas contagiosas recordando esos gloriosos años.

La experienca de un calecho

«Las mujeres de aquella trabajaban más porque los hombres eran más vagos (risas)»

«Me acuerdo en Riolago de Babia que había tres o cuatro calechos. Incluso los mozos tenían los suyos propios»

«¿Qué le pasa al pastor que está con melancolía? Qué tiene en la cabeza a Babia»

«En Babia no había analfabetismo. Todos sabían las cuatro reglas y a leer y escribir. Hasta los maestros iban a Asturias»

«Había escuelas en todos los pueblos. Los rapaces se turnaban para entrar antes y prender la estufa»

«Las lecciones eran muy grandes así que aprendimos una pregunta cada una creyendo que iba a seguir el orden. Pero ese día el maestro se dio cuenta. Vaya palos que llevamos. Creíamos que mataban a alguno»

«Ya no hay nevada como las de antes cuando no se podía salir de casa. En tres días no se llegaba a San Emiliano. Pero de aquella no tenías que ir a comprar, lo tenías todo en casa»

«Mi bisabuelo Casimiro fue el primer pastor trashumante. Ahora las ovejas se las llevan en camiones a excepción de las de Conde»

«Qué suerte hemos tenido las que hemos nacido en Babia porque por lindar con Omaña todas tenemos marido»

«Cuando se celebraba una boda se echaba la paja desde la casa de los novios hasta la iglesia. Así todo el pueblo se enteraba que se casaban»

«Cuando había baile se iba avisando por las casas a las mozas que salíamos cantando calle arriba. Era la llamada al baile»

«La vida de hoy es muy diferente a la de antes. En todas las casas se celebraban calechos y filandones. Era la disculpa para salir (risas)»

«Las carreras de cintas los hombres iban a lomos de los caballos y cada moza ponía su nombre en una cita. Se decía que quien la cogiera bailaría con ella. Aunque todo estaba muy preparado para que supieran que cinta tenían que coger»

«Aún recuerdo cuando partió a la guerra. Le hicieron una despedida y él decía que no volvía. Y no volvió»

Gentes que relatan un pasado muy diferente al presente y aún más a un futuro en el que Babia también está siendo víctima del voraz éxodo rural. Y por ello, claman y lucha porque el futuro tenga cabida en su pueblo.

Muestra de ello es la situación de La Cueta, el pueblo más alto de la provincia de León, donde en la actualidad sólo hay una casa abierta. En ella vive Graciela con su hijo y su esposa, su nieto y su mujer y sus dos bieznietos. Añora los años pasados y lamenta que no se echen abajo iniciativas como la escuela de esquí de fondo que, según reconoce, supondría un punto de inflexión para esta pequeña aldea y el conjunto de la comarca de Babia.

Un pintor con el corazón en Babia

Gentes como el pintor muralista y dibujante Manuel Sierra que, por encima de todo, es un leonés con el corazón divido entre Laciana y Babia; un amante de su tierra a la que lleva por bandera allá donde va.

A pesar de que su trayectoria artística ha estado muy vinculado a Valladolid donde reside y ha realizado gran parte de su extensa obra, siempre vuelve a casa para dejar plasmada su huella. Precisamente, uno de sus trabajos más significativos se encuentra en la escuela de Huergas de Babia.

Sus pasillos se convirtieron en el lienzo de este pintor que, con una clara influencia del pop, supo captar y reproducir la pureza y la belleza del paisaje que le rodea. Una obra de arte que contó con la participación de los trazos de los escolares sin los que, según reconoce, no existirían este proyecto.

Un proyecto que desde el inició le fascinó y que, asegura, fue una excusa más para escaparse a esa Babia querida. Precisamente Sierra es el autor del logo ‘Estas en Babia’ que da la bienvenida y despide a todos aquellos que decían perderse por unos minutos, unas horas o toda una vida en esta hermosa comarca leonesa.

Gentes, todas ellas, que son el legado vivo de una comarca y que por sí solas hacen que merezca la pena conocer y perderse unos días en Babia.

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