Una víctima de abusos en el Seminario Menor de La Bañeza denuncia a uno de los sacerdotes

  • Asegura que él no era el único perjudicado y que era una práctica habitual hace más de cuarenta años

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Un vecino de la localidad leonesa de Borrenes, Emiliano Álvarez, ha decidido dar un paso al frente, cuarenta años después, y denunciar ante el Obispado de Astorga los abusos sexuales de los que fue víctima cuando a la edad de 10 años ingresó en el Seminario Menor de La Bañeza (León) y comenzó a ser objeto de tocamientos, presuntamente, por el entonces educador y hoy cura destinado en el municipio orensano de Barco de Valdeorras, Ángel Sánchez Cao, conocido por aquel entonces, según él, como 'cola-cao'.

Precisamente, el denunciante ha anunciado su propósito de participar este sábado en Astorga en la manifestación que exseminaristas de dicha localidad y La Bañeza han convocado para denunciar este tipo de prácticas cuya revelación ya se ha traducido en el cese de las labores parroquiales de Ramos Gordón, quien fuera párroco de Tábara (Zamora) durante 26 años, tras una denuncia de abusos sexuales hacia, al menos, dos hermanos gemelos de 14 años que en 1989 cursaban sus estudios en el seminario bañezano donde él ejercía de docente.

A la actuación presuntamente delictiva del aludido se sumaría ahora, según ha explicado Emiliano Álvarez en una entrevista en Onda Cero recogida por Europa Press, la del exeducador de este mismo centro y hoy cura en Barco de Valdeorras, Ángel Sánchez Cao, a quien acusa de los abusos de los que, según refiere, fue objeto durante su paso por el seminario entre los años 1977 y 1981 y al que llegó con diez años.

Emiliano apunta que por los comentarios de otros compañeros se trataba de una práctica habitual desde hacía años y asegura que este tipo de episodios se producían por la noche, cuando el educador, provisto de una linterna, se acercaba a su cama y la de otros menores.

«Iba con un linterna y te bajaba el pijama»

«Te ponía la linterna en los ojos, te bajaba el pijama...», ha recordado el exseminarista, quien insiste en que él no era la única víctima de quien por aquel entonces llamaban 'cola-cao'.

«La noche que te tocaba a ti era toda una vergüenza y no levantabas la cabeza al día siguiente», apunta la presunta víctima, que suma a esa situación las «hostias que te llevabas encima, cómo ibas a decir nada entonces».

Tras callar lo sucedido hasta ahora, Emiliano Álvarez explica que ha decidido dar el paso para que «se sepa y se investigue porque esa mierda no es mía sino de él» y con el fin de seguir con su vida, tras superar sus problemas con las drogas, lo que en tono irónico le ha permitido tener un «máster en programas de rehabilitación», e incluso problemas de identidad sexual.

El denunciante confiesa que lo más duro fue confesarle lo ocurrido a su propia madre por el disgusto causado. «Imagina lo que supone para una mujer saber que me mandó allí por mi bien y que ocurriera esto», lamenta Emiliano, quien también recuerda que para pagarle la educación su padre «se dejó el pellejo».

Cuarenta años después de aquel episodio, este vecino de Borrenes no espera nada pues «el infierno está aquí, y él que se coma su mierda o lo que tenga que comerse», aunque sí ha abogado por que situaciones de este tipo no vuelvan a producirse y se adopten todas las prevenciones y vigilancias por el bien de los niños, «que son el tesoro del futuro».

También expresa su deseo de que otras víctimas de estos hechos «descuelguen el teléfono y digan: Yo también, porque el silencio es sinónimo de permisividad».