El Norte de Castilla

La acusación del crimen de Roberto Larralde remarca que fue «pasional» y la Fiscalía acusa a las defensas de introducir confusiones

El letrado García Montes, este viernes, en la Audiencia de León
El letrado García Montes, este viernes, en la Audiencia de León.
  • El letrado García Montes denuncia las tácticas dilatorias de la defensa, tacha de «crimen absolutamente impresentable» la muerte del exboxeador y cree que el juicio no comenzará «hasta principios de año»

Primera toma de contacto del 'caso Larralde' en la Audiencia Provincial de León. Primer cara a cara de los letrados de las defensas y la acusación en la vista oral en la que se han planteado las cuestiones previas al juicio por jurado popular.

Una vista oral a la que el mediático letrado García Montes llegaba acompañado por los padres de la víctima Roberto Larralde, denunciando las tácticas dilatorias por parte de las defensas dado que son cuestiones resueltas con antelación, que buscan que el juez haga la labor del jurado ante el «miedo escénico de la condena».

Durante la vista oral, presidida por el magistrado Manuel Ángel Peñín, los letrados de seis de los siete acusados han incidido en la vulneración de los derechos fundamentales de sus clientes ante la imposibilidad de practicar nuevas pruebas que puedan rebatir las acusaciones.

Así han remarcado la relevancia del testificar de los agentes que hallaron el cuerpo de Roberto Larralde así como de los responsables del informe policial que apuntan directamente a la participación de los siete acusados. Es más, han solicitado que se abra una línea de investigación en torno a la última persona con el que Roberto habló por teléfono.

Asimismo, han solicitado la nulidad de la prueba de la vaina correspondiente a la bala que acabó con la vida del boxeador al advertir de que se encontró 40 días después del hallazgo del cuerpo en un paraje que no tuvo protección alguna y que por tanto no tiene validez alguna. Por último, han apuntado a una falta de imparcialidad por parte de la Fiscalía y han solicitado la celebración del juicio a puerta cerrada.

Acusaciones

Petición que el fiscal ha calificado de inaudito y que ha rechazado la acusación que ha solicitado la celebración a puerta abierta. Ambos letrados han acusado a las defensas de poner trabas innecesarias al proceso judicial, pretendiendo introducir confusiones cuando los hechos están claros.

En este sentido, García Montes ha calificado de miserable que las defensas traten de justificar el crimen por un ajuste de cuentas y ha advertido de que la víctima nunca puede ser culpable, solicitando la máxima celeridad para la celebración del juicio.

García Montes advirtió a las defensas que tienen que ser conscientes de que la viabilidad de sus cuestiones en todo caso es mínima ya que todas están prácticamente resueltas. «Lo que hace falta es que empiece el juicio ya y que los nueve hombres sin piedad (en referencia al jurado) vean cómo ocurrió aquello», ha asegurado García Montes.

«Crimen pasional»

Además ha advertido que «esos nueve hombres verán con absoluta honestidad que esto es un crimen absolutamente impresentable, un crimen pasional, un crimen de una señora que quiere matar a su marido directamente cuando vivía con él».

Antes de acudir a sala el letrado ha remarcado que urge conocer ya los hechos justiciables de este caso y ha defendido la honestidad de la acusación frente a una defensa que ha entrado en «practicas dilatorias» que según ha advertido «ya han sido denunciadas».

Previsiblemente, la vista oral se celebrará a primeros de año una vez que el magistrado haya dictado el auto de los hechos justiciables. La acusación solicita 25 años de prisión para los siete acusados por el delito de asesinato de Roberto Larralde el pasado 13 de septiembre de 2014.

El crimen

La instrucción del caso por el crimen del boxeador leonés Roberto Larralde ha concluido que hubo una emboscada para acabar con su vida. Fue el 13 de septiembre de 2014 cuando se fraguó un plan que terminó en un crimen atroz.

Según denunció ante la policía la familia, sobre las diez y media de la noche el teléfono de Roberto Larralde comenzó a sonar. Tras responder, éste comentó a su madre que debía salir durante un «breve» periodo de tiempo. Era 'ida y vuelta'.

En la familia, como se describe en el sumario, algunos miembros tienen vinculación con el tráfico de drogas, también con robos y otros delitos, y se investiga si el boxeador pudo ser objeto de un secuestro por esos negocios sucios. Su mujer, Miriam C., la madre de sus hijos y con quien lleva 16 años le denunció por malos tratos en 2010 y Larralde pasó siete meses en la prisión de Mansilla de las Mulas. Al salir de la cárcel volvió con su esposa y la pareja, pese a tener una orden de alejamiento, la incumplía sistemáticamente. Ella lo hacía amenazada por su marido y solían vivir juntos en casa de la familia de Roberto, al menos algunas temporadas, según consta en la causa.

Interrogatorios

La policía acudió a interrogar a la mujer de Larralde por si sabe algo del paradero de su marido y Miriam les cuenta que el día anterior acudió con su marido a Valladolid para llevar a una amiga que tenía que coger un tren.

Miriam -elemento clave en el crimen- llevaba desde mayo viéndose en secreto con un empresario del sector de la madera llamado J. L., según el detalle del crimen ofrecido por Onda Cero.

La noche en que su marido desapareció, J. L. llevó a Miriam a Madrid en su Porsche junto a dos amigas que les acompañaban por si el marido se enteraba de algo. De hecho, a la vuelta, decide bajarse con su amiga antes de llegar a León y coger otro coche por si su marido la estuviera acechando.

Localizaciones

Pese a las investigaciones por localizar al empresario, ni Policía ni familia lograron entonces encontrarle.

Cinco días después del crimen, los guías caninos que habían llegado desde Madrid hicieron su trabajo. Dos perros, llamados Santos y Brutus, marcaron un montículo en la ribera del río Bernesga a su paso por Santa Olaja de la Ribera, a unos siete kilómetros de León, sobre el que solo se veían hojas. Al retirarlas apareció primero una zapatilla de deporte del número 45 y luego el cuerpo de Roberto Larralde. Tenía un disparo en la cabeza, el esternón fracturado y varios golpes en el cuerpo.

La policía repasó entonces quién fue el que hizo la última llamada al teléfono de Roberto Larralde. La llamada que le hizo dejar a sus hijos con la abuela fue de J.R. Vega, un hombre al que había conocido en prisión en el año 2010. Vega es un delincuente bragado, que ha sido detenido 30 veces en su vida.

La policía da por sentado que el cerebro de todo este plan es J. L., el amante de la mujer de Larralde, para el que Vega ha trabajado algunas temporadas en sus empresas.

«Posiblemente le citaron allí con cualquier otra excusa. Mientras, Vega hace algunas cosas antes de su cita con Larralde. Acude al bar Granada, donde están J. L., y dos personas más, un detective privado de iniciales F.P. y otro trabajador de López, un tipo llamado C. de la R. Todos van a participar de un plan para engañar primero a Larralde y luego a la policía».

200 euros de pago

Se sabe quién disparó a Larralde, todo indica que fue Vega. Las cámaras de seguridad del bar Granada grabaron la reunión en la barra. J. L. le dio en ese momento 200 euros, supuestamente para cocaína, y luego va a recoger a la mujer de Larralde, con la que sale para Madrid. Pasan la noche viajando, toman unas copas y durmieron en Móstoles, en casa de la madre de una amiga de Miriam.

Vega, por su parte, se fue del bar y contrató los servicios de una prostituta rumana, Mikaela, con la que mantuvo relaciones dentro de una furgoneta mientras hacía tiempo para encontrarse con el boxeador. Hacia las once y media, el supuesto asesino regresó al bar Granada. Allí le obligaron a devolver su teléfono móvil y también le dieron una coartada.

El detective privado, F.P., está bajo sospecha porque la policía cree que sus conocimientos fueron clave para crear el escenario del crimen. Lo que hicieron fue que Vega, antes de salir a matar al boxeador, dejara el teléfono en el bar al primo, al empleado de J. L. Éste, C. de la R., recibió también una servilleta, según declaró, con los números de teléfono a los que tenía que llamar mientras Vega estaba cometiendo el crimen lejos de allí.

El empleado cumplió la misión: llamó a J. L. de viaje hacia Madrid, llamó a su propio hermano, que estaba trabajando con su camión en Asturias, llamó a una hermana del camarero del bar que le gustaba y le propuso irse juntos… De esa forma, cuando la policía, como hizo, investigase la posición de su teléfono móvil, estaría muy lejos del lugar del asesinato.

Conexiones

El detective implicado ya se vio envuelto en un asunto de un homicidio tiempo atrás. Lo curioso es cómo conoce y se hace amigo de J. L., el empresario amante de la mujer de Larralde y supuesto cerebro del crimen. La esposa de J. L. lo contrató tiempo atrás para investigar las infidelidades de su marido. El detective lo que hizo fue avisar al marido, hacerse amigo de él y tratar luego de ayudarle con su amante.

En verano, incluso acudió a la policía de León a denunciar que «la mujer de un amigo tiene problemas con su anterior pareja», se refiere ya entonces al boxeador Larralde, aunque cuenta solo media verdad. En agosto, una patrulla de la policía le identifica junto al empresario cuando ambos están muy cerca de la casa de Larralde y su esposa.

El puzzle

La policía ha logrado juntar todo este puzzle de malos tratos y asesinato aunque no fue fácil. El supuesto asesino dijo que había dejado a Larralde negociando con dos sicarios de aspecto extranjero que tenían un BMW oscuro. Para explicar que tenía residuos de disparo en las manos contó que un par de días antes había estado pegando tiros a unos tablones de madera con una pistola que le dejó el empresario J. L. Más difícil de explicar fue lo de la retroexcavadora.

Fueron dos perros policías los que encontraron el cadáver. La policía de León encontró finalmente la retroexcavadora oculta en una nave industrial de la calle Real. Vega admitió que a las siete de la mañana del día del crimen acudió con ella al vertedero, pero no dice que fuera para enterrar a Roberto Larralde, sino que lo hizo para buscar el supuesto hachís que iban a robar a otros traficantes.