El enigma de la cena que acabó con dos amigos muertos en Francia

El incidente tenía en ascuas al pueblo de Authon-du-Perche y, aunque las primeras hipótesis sugerían un envenenamiento o una intoxicación alimentaria, finalmente se trata de un cúmulo de tragedias

BEATRIZ GARNÁNDEZ

Una cena de verano en una terraza de una casa con jardín. Dos amigos mueren de forma simultánea. No hay signos de violencia. ¿Envenenamiento? ¿Doble suicidio? Este fue el enigma que se instaló en el pueblo francés Authon-du-Perche el pasado jueves. Una autopsia realizada una semana después ha destapado el misterio. No hubo asesinato o intento de suicidio. Fueron dos muertes paralelas fruto de una trágica casualidad en lo que podría haber sido el escenario perfecto para una novela negra de Gaston Leroux.

Lucien Perrot, de 69 años, había invitado a su casa a Olivier Boudin, de 38, a una agradable cena veraniega en su casa. A las dos víctimas les unía un vínculo especial, según han contado sus vecinos a los medios locales sin dar más detalles.

Los platos y cubiertos seguían sobre el mantel de cuadros rojos y blancos, lo que hacía pensar en una posible intoxicación. Era 3 de agosto y, aprovechando que hacía buen tiempo, Perrot decidió agasajar a su amigo con un chuletón de ternera, buen vino, queso camembert y una baguette, manjares que serían degustados al aire libre. Como dos marqueses.

Pero a la mañana siguiente, una vecina vio desde su ventana a Boudin, tumbado de espaldas sobre el suelo. Al principio, pensó que había sido atrapado por Morfeo y que después de una gran noche necesitaba descansar para paliar la resaca. Como la mujer había oído música la noche anterior, no se inquietó, contó al diario 'Le Parisien'.

Cuando volvió a pasar por delante de la casa, la testigo vio a Perrot doblado sobre sí mismo y sentado en la mesa. Pese a esa inquietante imagen, la vecina no se alertó, seguía pensando que estaban durmiendo la mona.

La desagradable sorpresa se produjo al mediodía cuando esta vecina, preocupada por el efecto de los rayos de sol, se acercó a despertarlos para evitar una insolación. Fue entonces cuando se dio cuenta de que no estaban dormidos, de que no respondían a sus gritos ni al agua que les echaba en la cara. En ese momento, dio la voz de alarma. Estaban muertos.

Primeras hipótesis

La Policía descartó desde el primer momento de que se tratara de una agresión porque no había signos de violencia. Se comprobó que ambos hombres parecían haber muerto de forma simultánea, aunque aún no se sabía cómo se habían producido los dos fallecimientos. Las primeras hipótesis apuntaban a un envenenamiento, una intoxicación alimentaria o un doble suicidio, por lo que decidieron analizar la comida en busca de pruebas que reforzaran estas ideas.

El suceso ha mantenido en vilo al pueblo francés hasta el día de ayer, cuando la autopsia aclaró lo que realmente había pasado. No se trataba ni de un asesinato, ni de un suicidio, ni de un envenenamiento. Todo fue una cadena de desgracias.

Demasiado vino

Al parecer, Perrot se atragantó con un trozo de carne. En los análisis de sangre se detectó un nivel de alcohol en su cuerpo de 2,45 gramos por litro, por lo que se encontraba ebrio en el momento del incidente. Un estado como ese puede producir graves alteraciones en la coordinación motora, problemas perceptivos y comportamientos impulsivos e impredecibles.

Boudin, que también había bebido, sufría cardiomegalia, un aumento anormal del corazón. Todo apunta a que, ante el shock que le supuso ver a su amigo atragantarse hasta expirar, sufrió una crisis cardíaca que le llevó a la muerte también.

Sin embargo, para comprobar que no se trata de un crimen perfecto, el fiscal de la región ha ordenado más pruebas toxicológicas. Pero, como señala la prensa francesa, las botellas de vino y las cervezas son las principales pruebas de que se trataría de dos fallecimientos accidentales y de que no había terceras personas. Tan solo un invitado inesperado: la mismísima muerte.

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