El Norte de Castilla

Un militar sin experiencia política gana la primera vuelta presidencial búlgara

vídeo

El antiguo comandante de las Fuerzas Aéreas Rumen Radev vota en Sofía. / Ikolay Doychinov (Afp) | Vídeo: Atlas

  • El antiguo comandante de las Fuerzas Aéreas Roumen Radev logra cerca del 25% de los votos, por lo que deberá enfrentarse en segunda ronda a la conservadora Tsetska Tsatcheva

El primer ministro conservador Boiko Borisov ha sufrido un revés en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Bulgaria, en las que según los sondeos su candidata quedó por detrás de su rival socialista.

El presidente, elegido por cinco años, tiene un papel principalmente simbólico pero es una autoridad respetada en tiempos de crisis, como lo fue el presidente Plevneliev durante los disturbios de 2013.

Borisov, primer ministro desde finales de 2014, reaccionó al resultado poniendo en juego su cargo: "Si perdemos la segunda vuelta, iremos a elecciones anticipadas", afirmó, aunque aseguró que cree que todavía hay "oportunidad de ganar" en la segunda vuelta del 13 de noviembre.

Su candidata, Tsetska Tsatcheva, de 58 años, obtuvo el 21,5% de los votos, según un sondeo de Alpha Research, y un 22,3% según Gallup, una estimación basada en más de la mitad del voto escrutado.

Tsatcheva queda así por detrás del candidato socialista, Roumen Radev, un excomandante de las fuerzas aéreas favorable al levantamiento de las sanciones europeas contra Rusia. Los sondeos le dan entre un 24,6% y 24,9% de los votos.

Hasta el lunes no se darán a conocer los primeros resultados oficiales de las presidenciales, consideradas como un test de medio mandato para el primer ministro.

Antes del escrutinio, Borisov había amenazado con dimitir si su candidata no llegaba primera en la primera vuelta.

Por ello los observadores creen ahora probable que se celebren legislativas anticipadas, un nuevo factor de incertidumbre en este país pobre de la Unión Europeo que vivió importantes disturbios en 2013.

Además la victoria de Roumen Radev, de 53 años, podría llevar a Bulgaria, un país que formó parte del bloque comunista pero ahora está dentro de al UE y la OTAN, a acercarse a Rusia.

Frente a Tsatcheva, que promete mantener "la orientación europea y euroatlántica" de Bulgaria, el general Radev asegura que mejorar las relaciones con Rusia "no supone un retroceso de los valores euroatlánticos". El sector energético en Bulgaria depende en gran parte de Rusia.

Voto obligatorio

El actual mandato de Borisov, primer ministro con un gobierno minoritario, termina en principio en 2018.

Su primer mandato como jefe del ejecutivo se había terminado de manera abrupta en 2013 con su dimisión, después de que el país viviera una ola de protestas contra la corrupción y la pobreza durante las que también hubo personas que se quemaron vivas.

Desde entonces, el país ha recuperado cierta estabilidad pero los electores podrían expresar de nuevo su exasperación por la lentitud de las reformas. Los analistas también apuntan a la falta de carisma de Tsetska Tsatcheva. "Mis hijos han tenido que emigrar" igual que muchos en el país, dijo a la AFP Stefka Petrova, una electora de 74 años, de la región de Pleven. El salario medio en Bulgaria es de 480 euros. "Vamos hacia elecciones anticipadas", auguraba el domingo el politólogo Andrey Raitchev, mientras que Parvan Simeonov, un analista de Gallup, destacaba un resultado "histórico" por el hecho de que el Gerb, el partido del primer ministro Borisov, nunca había perdido hasta ahora.

Roumen Radev no ha pedido la dimisión del primer ministro porque según él "reforzaría el sentimiento de inseguridad".

Estas elecciones son las primeras en las que se aplica el nuevo régimen de "voto obligatorio" que, aunque no impone sanciones, intenta movilizar al electorado para evitar los votos manipulados o comprados, un fenómeno recurrente en el país.

Este voto obligatorio ha podido favorecer al candidato socialista porque en las pequeñas localidades que tradicionalmente votan socialista "la gente ha votado en masa por temor a sanciones inexistentes", explica a la AFP Antoniy Galabov, profesor de ciencias políticas de la Nueva Universidad búlgara.