Irrumpe en la carrera hacia el Kremlin la reina del espectáculo televisivo ruso

Ksenia Sobchak./Sergei Karpukhin (Reuters)
Ksenia Sobchak. / Sergei Karpukhin (Reuters)

Maestra de ceremonias, actriz, periodista y presentadora de televisión, Ksenia Sobchak es archiconocida por la audiencia y seguro que aportará entretenimiento a unos comicios que se prometían muy aburridos

RAFAEL M. MAÑUECOCorresponsal en Moscú

Se venía rumoreando desde hacía semanas, aunque ella misma lo había negado, pero el miércoles Ksenia Sobchak, "Ksiusha" para los más íntimos, anunció ante las cámaras del canal de televisión ruso 'Dozhd' que presentará su candidatura a las elecciones presidenciales de marzo del año que viene. Maestra de ceremonias, actriz, periodista y presentadora de televisión, Sobchak es archiconocida por la audiencia y seguro que aportará entretenimiento a unos comicios que se prometían muy aburridos.

Hija del fallecido Anatoli Sobchak, alcalde de San Petersburgo entre 1991 y 1996, el hombre que dio trabajo entonces a Vladímir Putin y le catapultó al Kremlin, y de la senadora Ludmila Narúsova, Ksiusha cumplirá 36 años el próximo 5 de noviembre. La noticia ha saltado cuando Putin no ha revelado todavía oficialmente su intención de tomar parte en los comicios, pese a que todo el mundo lo da por hecho y lo cierto es que lleva en campaña desde mayo.

"Muchos llaman a boicotear estas elecciones. Claro, qué sentido tiene acudir a votar si los candidatos en liza nos tienen ya hartos y los que lo son de verdad no les dejan presentarse", señala Sobchak en su mensaje televisivo y en evidente alusión al bloguero anticorrupción, Alexéi Navalni, vetado por la Comisión Electoral por haber sido procesado.

Sin embargo, puntualiza la diva, "¿cómo expresar en este caso que estamos en contra, como hacer que sea escuchada nuestra voz?". Mostrando una papeleta de voto, la opción que propone, en lugar de poner una cruz en la casilla "contra todos", una forma de abstención activa, es votándola a ella. Sostiene que acomete el desafío con "responsabilidad" y consciente de "los riesgos y la complejidad" que entraña.

Ksenia Sobchak, aprendiz de bailarina, pintora y licenciada por el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO), fue al principio de su carrera la niña mimada de la élite del país, la reina del glamour de la Rusia de Putin. Se equiparaba con Paris Hilton, con quien protagonizó una vez en Moscú un sketch presentándose como hermanas gemelas, amantes del revuelo y los modelitos caros.

También de escandalizar con escenas de contenido erótico con el rapero de moda en filmaciones o fotos en las redes sociales. Con lo que más fama cosechó fue con su reality-show 'Dom-2' (Casa-2), una especie de Gran Hermano. Después ha hecho cine y participado como solista en grandiosos espectáculos musicales, además de presentar las galas y eventos más importantes.

Todo cambió cuando decidió criticar al régimen y apareció en los multitudinarios mítines y manifestaciones organizados por Navalni y Borís Nemtsov, que sería asesinado a tiros en 2015 cerca de la Plaza Roja, para protestar por el fraude en las elecciones legislativas de diciembre de 2011. Llego a estar detenida y su vivienda fue objeto de un minucioso registro policial. La televisión, su medio, empezó a marginarla. Pero, tras moderar sus críticas y desaparecer de las protestas, regresó paulatinamente a los platós.

Ahora, a juicio de muchos observadores, su candidatura se ha convertido en un instrumento al servicio del Kremlin. Pese a que acaba de declarar que, si a Navalni le permitiesen presentarse a los comicios, ella se retiraría de la lucha por el sillón presidencial. "Sobchak no es más que un elemento decorativo para embellecer las elecciones y dar espectáculo", estima el politólogo ruso, Dmitri Oreshkin. A juicio del analista Kirill Rógov, la idea de ponerla en liza ha partido de la Administración del Kremlin, algo que niega el portavoz de la Presidencia, Dmitri Peskov. Rógov, cuya estimación no concede a Sobchak más de un 15% de los votos, cree que su misión es "mantener a la población pegada al televisor durante la campaña". Se espera que Ksiusha pueda atraer el voto joven, el de protesta en cierta medida, el de quienes no solían votar nunca y el de una buena parte del mundo del espectáculo. Son pocos los que piensan que pondrá a Putin en aprietos, pero también los hay.

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