Contrapesos democráticos

video

Varios manifestantes en contra de la política de Trump. / Virginia Carrasco

  • Para que la democracia se mantenga y perdure conviene establecer las reglas y límites éticos a la acción de las redes sociales

La democracia americana tiene unos tranquilizadores contrapesos internos que moderan el ejercicio de cualquier poder. Pronto se ha visto que la arbitrariedad de Trump chocaba inexorablemente con algunas instituciones del Estados norteamericano. Poco después de que el inquietante presidente dictase la orden de prohibir la entrada de ciudadanos de siete países de mayoría musulmana, una organización no gubernamental, la American Civil Liberties Union (ACLU), presentaba una demanda judicial por inconstitucionalidad para impedir la expulsión automática al llegar a un aeropuerto de Nueva York dos refugiados iraquíes que residen en los Estados Unidos de forma plenamente legal. Una conocida juez, famosa por haber intervenido como fiscal en una gran estafa, paraba poco después las deportaciones, aunque no entraba todavía en la cuestión de fondo.

Donde no hay verdaderos contrapesos es en las principales redes sociales, que están desempeñando un papel político fuera de todo control y regulación. Las sospechas de que una intoxicación a gran escala de la opinión pública a través de Facebook pudo influir decisivamente en el resultado de las elecciones, parece confirmarse, y además ahora empieza a analizarse con preocupación el hecho de que quien disponga de toda la información acumulada por dichas empresas tendría una gran ventaja en una confrontación electoral si utilizara las técnicas del 'big data' y de publicidad directa que empiezan a prodigarse con naturalidad.

Para que la democracia se mantenga y perdure conviene, en fin, intensificar los contrapesos y controles del poder, y también establecer las reglas y límites éticos a la acción de las redes sociales. Porque una sociedad no puede estar basada en la mentira y la manipulación sistemáticas.