Fenómeno migratorio en Chile, un reto para la sociedad colonial

JESÚS CASTROEscritor y gestor cultural residente en Chile

Como español no me es desconocido el fenómeno migratorio ni sus consecuencias tanto en lo positivo como en lo negativo (efecto llamada). España es un país de puertas abiertas a dicho fenómeno y por tanto ha dado hogar y oportunidades a quienes vinieron a nosotros y siguen llegando desde fuera. Las instituciones y Administración españolas supieron estar a la altura de las circunstancias, adaptando su legislación para adecuarse a los nuevos tiempos. Dejando a un lado 'la moralina de los unos u otros', es cierto que el fenómeno migratorio bien enfocado y encauzado produce beneficios al país de acogida.

Chile se encuentra en esa misma encrucijada (efecto llamada) desde hace unos tres años de promedio, con el reto que ello supone para un país cerrado cultural y geográficamente, con un código civil insuficiente (por anticuado en muchos aspectos) que prohíbe por ejemplo a cualquier extranjero ejercer un oficio tan sencillo como el de vigilante de seguridad en un supermercado o tener una cuenta bancaria antes de tres años, imposibilitando con estas 'peculiaridades' la integración de sus nuevos ciudadanos, sumado ello a una burocracia asfixiante y la propia idiosincrasia chilena (anclada en el colonialismo), desconfiada cuanto menos en lo concerniente a los extranjeros.

La lista de espera para resolver cualquier trámite por sencillo que sea puede durar meses y las infraestructuras al efecto (en algunas capitales regionales) para resolver los tramites dejan mucho que desear en cuanto a modernidad y eficacia, produciendo en su interior un efecto de hacinamiento impropio de un país en desarrollo miembro de la OCDE. La apuesta es clara, Chile tiene dos opciones a la vista, escuchar las voces adecuadas en su camino al pleno desarrollo o seguir practicando el aislacionismo que culturalmente les caracteriza

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos